Juan N. Fernández ya inició sus festejos

 Juan N. Fernández ya inició sus festejos
En un día de sol radiante como en aquel dia hace 100 años , Juan N. Fernández celebra hoy su Centenario.
Se programó un desfile, un almuerzo para 2.500 personas y Marcela Morelo, con su música y su show dará el broche de oro a la fiesta.

El intendente de Necochea Daniel Molina abrió el acto protocolar acompañado de funcionarios e invitados especiales.

El intendente Daniel Molina dijo que "no estamos en Necochea sobreviviendo, sino tratando de crecer". En este sentido defendió a los pequeños productores, que son el núcleo de las comunidades del interior.

"Juan N. Fernández recibe el centenario en paz, demostrando que cuando quiere unirse, puede", y destacó que los fernandenses comienzan a vivir los segundos cien años con compañerismo y alegría.

"Fernández, La Dulce, Santamarina y Claraz son ejemplos de la Necochea grande", concluyó el mandatario comunal.

¿QUIÉN FUE JUAN NEPOMUCENO FERNÁNDEZ?

Fue un luchador incansable, un emprendedor de temple acerado que jamás escatimó esfuerzos por la conquista de un ideal o un deseo.

La ganadería del país tuvo en Juan Nepomuceno Fernández, un decidido trabajador por el refinamiento de las razas, y tan es así que su cabaña «Los Manantiales», fundada en Chascomús, en el año 1850, fue una de las primeras y mejores establecidas de la República Argentina, circunstancia que pone en evidencia su deseo denodado de hacer adelantar esa fuente de riquezas, si se tiene en cuenta los sacrificios que traía aparejados esa finalidad, en aquella época de conmociones internas, (pronunciamiento de Urquiza contra Rozas) y las grandes invasiones de indios que, después de grandes retrocesos de las tropas, lograron establecer en ocho años, en 1858, la línea que se extendía hacia el sur, desde el río Quequén Grande, siguiendo por las sierras del Tandil y Arroyo Tapalqué hasta el Fortín Esperanza, en su prolongación; al centro del fortín mencionado hasta la Cruz de Guerra y la línea del Bragado, y , al norte, desde el Fortín Ituzaigó a Junín, siguiendo hasta las puntas del arroyo del Medio, en dirección a Loma Negra.

Esta descripción fue necesaria para demostrar la gran fe de don Juan Nepomuceno Fernández en el porvenir de la ganadería, que no escatimó esfuerzo en agotar todos los medios posibles y en sacrificar todo lo que fuera menester trayendo reproductores de Inglaterra hasta su establecimiento, traslado que era muy dificultoso, por las faltas de vías de comunicaciones rápidas y seguras.

Más tarde continuando con una serie sucesiva en pro de esta misma rama comercial, propicia la creación de la Sociedad Rural Argentina. En la actualidad, esta prestigiosa Institución, una de sus calles internas, lleva el nombre de Juan N. Fernández.

En el año 1839 compró 13 leguas de campo, adquiriendo, luego, del gobierno nacional, en 1847, 19 leguas más, completando en el año 1867, la fracción que integraba la estancia primitiva «Quequén Grande», con la compra de 6 leguas más al mismo gobierno.

Estas 38 leguas de campo ( 95.000 hectáreas) que son las que hoy constituyen nuestro pueblo y su zona rural estaban divididas en cuatro secciones: «La Delia», «El Pardo Marcelino», «San Juan» y «Don Miguel» y fueron pobladas en el año 1850 con haciendas criollas.

En aquellos años la vida era muy dificultosa, de los que vivían «tierra adentro». Padecían el continuo ataque de malones arrasadores de los indios, sumado al aislamiento en que vivían con las únicas defensas de su facón, el caballo y las boleadoras. Otra de las grandes amenazas era la del «puma» o tigre americano, que ponía en riesgo las vidas de esos pobladores y ocasionaba innumerables daños en las haciendas, en épocas de parición. En las costas del Quequén, también habitaba el «aguará» o lobo americano y el «cimarrón», perro salvaje, que también ocasionaban «matanzas» en los animales.

LA FUNDACIÓN

Fue el 28 de marzo de 1909, día en que se procedió al remate de las tierras del campo que perteneciera a la señora Josefa Fernández, de Fonseca Vaz, Condesa de Sena. Hasta aquella época, esta parte del partido de Necochea, estaba casi completamente despoblada. La gran extensión de tierra era dedicada totalmente a la ganadería, constituyendo a la principal fuente de trabajo de sus habitantes, que en un número muy reducido, poblaban la monótona quietud del «paraje».

Dadas las aptitudes de la región, cuya tierra era una promesa de riqueza agrícola, surgió entonces la idea de subdividir la propiedad, que agradó mucho a su propietaria, que apoyó plenamente esta idea.

Es así que se procedió al remate, en la fecha mencionada, de una extensión de 1000 hectáreas con muy buen éxito ya que se vendieron casi en su totalidad los lotes subastados, pagándose por ellos la suma (muy razonable para esa época) entre los $1.50 y $ 3.00, el metro cuadrado, según su ubicación.

Apenas unos pocos años bastó para que el pueblo de Juan N. Fernández, así nombrado en honor al padre de la fundadora, generará progresos impredecibles para una localidad en medio de la pampa.

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