Jóvenes no reinciden tanto como se cree

Chicos que han tenido problemas con la ley penal entran a un plan laboral, con permiso para salir de los institutos. De los que recibieron una beca para trabajar, sólo el 7% reincidió.
D. había estado preso por robo. Tuvo la suerte de que le consiguieran trabajo en un lavadero de autos, en el marco del "Programa de acompañamiento para jóvenes con permiso de salida".

Al poco tiempo, el dueño de la estación llamó al operador (una especie de tutor oficial) de D. "El chico me robó mil pesos", le avisó. El tutor logró un pacto con el empresario y con el comisario que ya había recibido la denuncia: no detendrían a D. si éste devolvía el dinero.

El coordinador ubicó a D. y tuvieron una larga charla. Al otro día, D. apareció con la plata en el lavadero. Pidió disculpas. No lo detuvieron. Hoy participa en una capacitación laboral que él mismo pidió, y gracias a la cual está por conseguir una nueva oportunidad.

El caso muestra uno de los riesgos del programa de la Secretaría de la Mujer, Niñez, Adolescencia y Familia (Munaf), pero también lo que se puede lograr aun en esos casos.

En rigor, sólo el 15 por ciento de los 536 chicos que participan o participaron del programa reincidió en el delito.

El resto trabaja por cuenta propia (13 por ciento), ingresó al sistema educativo (18 por ciento), trabaja con una beca (17 por ciento), pasó al régimen de libertad asistida (22 por ciento) o está en guarda definitiva (15 por ciento).

Sin embargo, hay un dato más revelador en cuanto a cuáles son los factores que inciden en la inserción social de los jóvenes que estuvieron encerrados por cometer algún delito: de los 167 que recibieron las becas del programa "Más trabajo por más futuro", sólo 11 (siete por ciento) reincidieron en su mala conducta.

El resto va camino a su inserción laboral: 64 por ciento sigue en el plan, 18 por ciento lo dejó, y 8 por ciento trabaja por su cuenta.

Incluso ya hay algunos (3 por ciento) que pasaron a ser empleados efectivos de los comercios en los que hicieron su pasantía.

El "Programa de acompañamiento para jóvenes con permisos de salida" está a cargo de la Subsecretaría de Protección integral del niño y el adolescente de Córdoba (Spina), en el ámbito de la Munaf.

El objetivo es intervenir de manera integral en la vida de los jóvenes judicializados, a fin de ayudarles a crear un lazo con la sociedad y evitarles una internación innecesaria.

También intenta fortalecer los vínculos familiares, indispensables para la resocialización de jóvenes que pasaron gran parte de su infancia en institutos de menores.

El programa se basa en apostar a la pura cotidianidad como factor de integración comunitaria: ir a la escuela, capacitarse, divertirse, reflexionar o trabajar.

Respecto a esta última actividad, se articula con uno de los planes más sólidos: "Más trabajo por más futuro". Se trata de convenios para que los chicos hagan pasantías en empresas y comercios: ya hay 52 lugares comprometidos para recibir a los becarios, entre talleres mecánicos, panaderías, fábricas, bares o frigoríficos.

Son becas de 400 pesos mensuales, por lo general por media jornada de trabajo, con la idea de que las demás horas las pasen en la escuela, completando los estudios primarios o secundarios.

La mayoría de los chicos (75 por ciento) tuvo causas relacionadas con delitos leves, casi siempre hurto.

Acompañar. Es común el prejuicio de que los jóvenes que delinquen "entran por una puerta y salen por otra". Precisamente, el programa de la Munaf está a la salida de esa puerta.

"Somos 11 operadores que tenemos la meta de acompañar a los chicos. Se trata de algo inédito. Tienen nuestro teléfono y nos llaman a cualquier hora. Es un programa ideal, y no lo digo por una cuestión ideológica, sino práctica. Han superado instancias familiares muy complicadas. El solo hecho de tener un oído les cambia todo. Gestionamos con esas pocas herramientas", explica César Flores, uno de los coordinadores que acompaña a varios jóvenes.

Con respecto al programa "Más trabajo por más futuro", cuenta que "cuesta mucho ingresar, pero hay empresas muy comprometidas. Imaginate que lo primero que les piden a estos chicos cuando quieren trabajar es un certificado de buena conducta y referencias. Nuestros pibes no tienen nada de esto. Tenemos que ir en contra de eso. La única seguridad para el empleador es nuestro acompañamiento. Cuando ven que funciona, responden y ofrecen más empleo".

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