Un joven de Avellaneda fue Medalla de Plata en la Olimpíada Internacional de Química

Su nombre es Yair Litman y cumplió una destacada actuación en el certamen realizado en Cambridge, Inglaterra. El relato de una experiencia fantástica.
Yair Litman, un joven avellanedense de 18 años de edad, obtuvo una Medalla de Plata (70º entre 280 participantes) la Olimpíada Internacional de Química (ICHO-International Chemistry Olimpiad) que se llevó a cabo en Cambridge, Inglaterra, del 18 al 27 de julio.

Alumno del CBC de la carrera de Ciencias Químicas de la UBA, Yair descubrió su pasión por la química casi de casualidad, porque, según él mismo confesó durante una charla con La Ciudad, en la escuela tenía más inclinación por las matemáticas. Pero el estímulo en la escuela técnica ORT (del barrio porteño de Almagro), fue lo que confirmó su vocación por esta ciencia empírica.

«En primer lugar, son los profesores de tu escuela los primeros entrenadores. En determinado momento, preguntan quién quiere entrenarse. La escuela te respalda y envía a una cierta cantidad de participantes. Y así empieza una serie de exámenes para ir clasificando. Primero es una instancia colegial. Antes que nada, tenés que aprobar un examen en tu escuela. Luego hay otras etapas de eliminación intercolegial, zonal, hasta llegar a una clasificación nacional, donde se determina cuál será el equipo que representará a nuestro país en las olimpíadas», explicó el joven avellanedense.

«Al nacional llegan alrededor de 400 chicos, de los niveles superiores. De esos se eligen los mejores 20 exámenes, que al año siguiente son convocados a tener clases en la facultad. Ahí tienen clases teóricas, luego exámenes teóricos y prácticos, y de los 20 quedan 12 preseleccionados. Después siguen las fases teóricas, más pruebas prácticas y un examen teórico, de donde salen los cuatro alumnos que conformarán el equipo que viaja», agregó Litman.

El certamen consta de dos exámenes, uno teórico y uno práctico, que se realizan en días diferentes y cuya duración es de 5 horas cada uno.

«Al tercer día, arranca el examen práctico, en donde te dicen: analizame esto, sintetizame aquello, decime qué hay acá... Tenés 5 horas para hacer todo. Y te dan todas las herramientas. Generalmente te dan un protocolo, pero este año se hicieron un poco los locos, y fue muy divertido. El protocolo es una rutina, un procedimiento, en el que te indican que coloques tal cosa en tal otra, que juntes un material con otro, que cuando cambia de color hagas tal cosa, etc. Este año dijeron: tienen esto, esto y esto, arreglate», contó entre risas.

«Después es el examen teórico, en el que también tenés el mismo tiempo para hacerlo. Y esta vez tuvimos seis problemas, con ítems de la a «a la o», bastante largos», manifestó elocuente Yair.

Las olimpíadas de química fueron inauguraradas en el año 1968 en Praga, la por entonces capital de la vieja Checoslovaquia. Las voces oficiales de las autoridades de la competencia sostienen que el objetivo primordial del concurso es el de fomentar las relaciones amistosas entre los jóvenes de distintos países y contribuir a la cooperación y el entendimiento internacional. Queda claro entonces que, más allá del espíritu competitivo, los encuentros son fraternales intercambios culturales y educativos.

Yair lo define a su manera: «Como experiencia es increíble. ¡Lo que uno aprende! Te abre la cabeza, conocés gente, conocés ciudades, otras culturas. Hasta dos días antes estudiás y repasás. Cuando llegás, disfrutás. Vas a conocer gente, relajarte, relacionarte y divertirte. Es un verdadero intercambio cultural. Por eso dura diez días y son sólo diez horas de prueba. Para comunicarme, hablo inglés y hebreo. Aunque igual siempre tengo mas relación con los hispanohablantes».

Sobre las olimpíadas, Yair comentó que «los chinos siempre ganan, salvo raras excepciones. Por lo general se destacan los orientales. En primer lugar porque tienen más disciplina, y además una mayor población; entonces, estadísticamente siempre van a encontrar a los 4 mejores. Además, en los sistemas académicos de allá, el nivel secundario es mucho más elevado que acá. Hablando con ellos te das cuenta que son más cultos que uno. Es triste pero es así», concluye.

«Una gran diferencia es que desde acá uno va sin presiones. Los profesores te dicen que hagas lo mejor que puedas, que si no sacás ninguna medalla, no va a pasar nada. Es una cuestión social. Yo voy a allá, no saco nada y después vengo y sigo en la UBA. No hay problema. El chino si no saca medalla de oro, no tiene el pase directo a la universidad. Y tiene que entrar en una serie de exámenes y exámenes, porque son muchos estudiantes detrás de una vacante. Así que ellos sí tienen muchísima presión», reconoció el joven estudiante.

Por último, Yair relató una anécdota que refleja unadecepcionante realidad de nuestro país. «Muchos compañeros creen que porque ahora que participé de las olimpiadas voy a conseguir trabajo muy rápido, pero la verdad es que estoy buscando y veo que no es tan sencillo. Porque para la mitad de los trabajo estoy sobrecalificado y para la otra mitad, no tengo experiencia. Entonces, es como que estoy en el limbo. La Medalla de Plata no es garantía de nada. Actualmente estoy buscando trabajo en algún laboratorio que sea medicinal, farmacéutico o textil. Esto es Argentina. Pero la gente de afuera se sorprende de lo lejos que llegamos con tan pocas cosas que tenemos. En cuanto a mis conocimientos en química, que fui adquiriendo en la preparación para las olimpiadas, alcanzo - con algunos huecos - hasta aproximadamente el segundo año de la carrera en la UBA. Pero en materias como Álgebra o Análisis Matemático, soy como un chico de secundaria», dice con humildad.

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