El “Joven Maravilla” termina comportándose como un novicio organizando un escandalete a causa de unas adjudicaciones de viviendas “VIP”
En medio de tal alegría me alcanza el mal humor por los rumores sobre el escozor que les ha producido mi última nota a ese consorcio llamado “Comisión Década Bicentenaria”, sumado al desparpajo de los directivos de de pedirme que “modere mis expresiones” sobre sus mienbros: ¡Antes mi renuncia!
Así, los hechos dan razón a mis sentencias, cuando ya anticipaba yo que los rasgos del jesuitismo habían labrado los surcos del cerebro de este Urtubey de la mirada torva, del jesuita que espera. Allí se agazapa el lince cebado de astucia ofídica, listo para saltar a la yugular del adversario; propio de quien ha sido enseñado y educado desde niño en el pensamiento de “La Compañía”( sólo para iniciados) , como lo revela su entusiasmo por asistir a los pobres y desvalidos. Ahora el mito ha terminado, y podemos dar a conocer su formación jesuita, Como es de publico conocimiento tres cosas nunca iba a saber un Papa: 1) cuántas Órdenes de monjas hay en el mundo; 2) Cuánto dinero tienen los Salesianos y 3) Qué está pensando un Jesuita, ahora se ha develado la última y podemos comprender la clase de mandatario que gobierna en Salta.
Sin embargo, así hábil en la política, el “Joven Maravilla” termina comportándose como un novicio –y no jesuita, precisamente-, organizando un escandalete propio de madamas prostibularias a causa de unas adjudicaciones de viviendas “VIP” en Lomas de Medeiro a unos sujetos a quienes el vulgo en su ignorancia rotula como “cholos”, en referencia a gente de clase alta.
Sepa la gentuza que “cholo” es el gentilicio utilizado para designar a las gentes de sangre mestiza, de rasgos indígenas y tonalidades dérmicas pardo oscuras, que tienen por costumbre idolatrar santos al son de bailes heréticos y estruendos pirotécnicos, escoltados por cortesanas que ejecutan erotizantes ondulaciones que van despertando los apetitos sexuales callejeros. ¡Nada más alejado de nuestra blanca estirpe!
Basta leer ese poco glorioso listado para comprobar que allí no figuran ni hidalgos ni patricios. Salvo un par de apellidos con alguna pretensión de linaje, los demás son apenas un índice de plebeyos y nuevos ricos, propio de la guía telefónica de Balvanera. Apellidos tan vulgares que ni siquiera la vereda del Jockey Club de Buenos Aires soportaría transitarlos. En ese listado sobreabundan apellidos inmigrantes, algunos con manchas de tuco, otros envueltos en turbantes, varios otros ibéricos y sin que falten aquellos que revelan su cercanía fronteriza y norteña.
Sepan estos agitadores del resentimiento que jamás un aristócrata de verdadero cuño genealógico habitaría una vivienda del IPV y menos a precio vil y fragmentado en cuotas.
Estas cosas ocurren porque este zopenco y tarugo de Urtubey es más elemental que el mecanismo de un chupete y carece de la visión urbanizadora y creativa que sí tuvo Júcaro I, quien advirtió la existencia de un sector del pueblo más caracterizado, una clase media refinada a la que pertenecían los funcionarios y amigos que lo acompañaban en su gestión y mandó diseñar para ellos casas de dos y tres pisos para albergar a esos numerarios que transformaban la Provincia con él. ¡Eso es ser visionario y agradecido con los suyos!
Pero este progre de cuna con linaje, sumido en su delirio populachero las rebanó a la mitad. ¿Para qué? seguramente para utilizar esa diferencia de dinero extendiendo aún más los kilómetros de cordón cuneta y enripiado en lugares donde el Diablo perdió el poncho, mientras me veo en la angustia de reclamar por enésima vez que la gente como uno todavía no puede acceder directamente desde el Aeropuerto a los Altos de San Lorenzo porque continúa faltando un rulo derivador, y nos vemos obligados a bajar hasta la entrada del Barrio Grand Bourg, amenazados por las fotomultas del moro ese de Miguel Ángel Isa.
¡Y por supuesto; donde hay disputa de tierras, hay Godoy! Seguramente, el ludópata de Santiago Manuel escuchó que en el IPV había “sorteo” y pensó que habían habilitado una rula y allí nomás la inscribió a su hija Tania Godoy, digna astilla de semejante palo, que tal parece ya se va probando en este arte de la usurpación telúrica. No es para menos con el ejemplo de ese “okupa” legislativo de su padre que disputa terrenos en Tolloche y hasta en el mismísimo jardín del vecino. El día que el Divino Ser disponga del alma de Godoy, cremadlo y esparcid sus cenizas al viento, que si lo entierran, en las noches se levantará a reclamar la parcela vecina; mientras abajo le disputa sus posesiones en el Infierno al propio Belcebú.
Siga nomás este encantador de bombachas enhebrando noches de alto voltaje etílico con esa runfla de “Los Nocheros” o el Chaqueño Palavecino, acompañados por “Angélica Zapata” (que no es una mujer pero que marea peor), mientras permite que el populacho ponga en tela de juicio a la gente de bien. Nada debe sorprendernos que venga de esa mente jesuítica, si a su propio hermano, el distinguido caballero y jurista, Rodolfo “Tolo” Urtubey le ha cambiado el lustrado piso de roble de Eslavonia de su estudio por el fango de los caminos sin pavimento del norte. Y no menos ha hecho con su otro hermano, José Urtubey, quien a causa de sus delirios y veleidades terminó desplazado de la candidatura a la presidencia de la Unión Industrial Argentina, la que no alcanzó ni siquiera aliándose con el sector de los mercaderes de juguetes sexuales.
Los hermanos Urtubey debieran imitar el episodio bíblico en que los hijos de Jacob vendieron a su hermano por 20 piezas de plata y hacer lo mismo con este renegado de Juan Manuel, sólo que el “Joven Maravilla” no vale una moneda partida al medio, por supuesto. O bien debieran aplicarle el destierro y el ostracismo familiar a semejante eslabón perdido en la cadena de Darwin.
Mientras los familiares se van al bombo –y no peronista, precisamente-, este tunante continúa derramándose en imprudencias a bordo de su imponente motocicleta BMW trasponiendo los puestos de gendarmería a la velocidad del sonido, porque es lo único que escuchan los guardias cuando pasa. En su megalomanía se jacta ante sus vasallos más inmediatos de recorrer la distancia entre la Capital de Salta y San Antonio de los Cobres en una hora y treinta y ocho minutos, afirmando que no puede bajar ese promedio a causa de los treinta kilómetros de ripio de camino. Por lo menos, ése debiera haber sido el incentivo para que ordene pavimentar ese tramo en estos cinco años de desgobierno.
En su vanidad incontenible, el tenorio faldero no pudo con la tentación y cedió al ofrecimiento de probar una moto de alta cilindrada en el Autódromo salteño, la cual cabalgó sin más protección que un casco, sin guantes y con coquetas botas de carpincho, mientras las promotoras se estremecían en sus partes pudendas sin importarles que la perfomance de Urtubey calificara para la vergüenza ya que no logró ni siquiera terminar una vuelta ante el delirio de las " afiebradas" promotoras.
Insensatez, desatino y atolondramiento, son los calificativos que merece este insano que con su exposición física arroja a los salteños a la posibilidad de que ese desprovisto neuronal de Andrés Zottos herede el puesto; viejo sueño de este pelicano al que han apodado “Álgebra”, porque está lleno de operaciones tratando de igualar al muñeco "Ken"otrora novio de la muñeca "Barbie".
Menos ahora que parece que han acercado diferencias luego de largo tiempo sin mirarse, lo cual ha servido para comprobar que la Provincia, con Zottos, o sin Zottos, camina igual y nadie notó la distancia que había entre ellos. Pero si este desaprensivo de Urtubey continúa así, cada salida suya es una verdadera ruleta rusa donde Zottos es el proyectil con que los salteños se darían en la sien.
Menos mal que los aristócratas no tenemos que vernos expuestos al extravío de funcionarios incompetentes para tener un magro techo; de modo que luego de este momento de hipertensión arterial que me producen estos inoperantes, me instalaré en mi biblioteca a reposar mi espíritu en los sones de “La Urraca ladrona” del genial Rossini, mientras saboreo el Château Lafite Rothschild una bagatela que compré en París. Mientras enciendo mi Montecristo, en las volutas del humo me parece ver la figura del noble Cicerón recriminando al “Joven Maravilla” con aquella sentencia suya: “¿Quosusque tandem abutere, Catilina, patiencia nostra? (¿Hasta cuándo abusarás de nuestra paciencia, Catilina?
Hasta la próxima.-




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