Jornadas brutales

Por Nelson Castro

“¿Por qué adelantan las elecciones?, ¿Tienen miedo de perder?”. “Sí.” La pregunta fue la que hizo Néstor Kirchner en su deshilachado discurso del cierre de campaña de las elecciones provinciales en Catamarca. La respuesta le corresponde a alguien que compartió con él la noche del jueves en la residencia presidencial.

La decisión, como siempre, fue brutal. En la intimidad de Olivos, desde donde Néstor Kirchner gobierna en compañía de su esposa, el ex presidente en funciones tomó la determinación que ha sacudido al ámbito político del país: la de adelantar las elecciones a legisladores para la renovación parcial de las Cámaras de Diputados y Senadores. Las crónicas han sido ya abundantes en cuanto a los detalles y a los diálogos que hubo entre los Kirchner y aquellos a los que les comunicaron la novedad en la noche del jueves.

Los receptores de la misma fueron el jefe del bloque de diputados, Agustín Rossi, el jefe del bloque de senadores, Miguel Angel Pichetto, y el ministro del Interior, Florencio Randazzo. De esta nómina surge una ausencia estridente: la del jefe de Gabinete de Ministros, Sergio Massa. ¿Hace falta agregar algo más para demostrar qué poco lo tienen en cuenta los Kirchner y cuán escaso es su peso político específico dentro del Gobierno?

Volviendo a la reunión de mentas en la residencia de Olivos, en la noche del jueves, alguien cercano a uno de estos protagonistas decía: “Fue una decisión acertada. En verdad, la única posible. Néstor y Cristina Kirchner hicieron una lectura adecuada del significado de la derrota en Catamarca. Fue un golpe duro. Fue, además, un signo de que la nave está en decadencia. Esto es debido a la situación creada tanto por los que se fueron ya del Frente para la Victoria como de los que están a medio camino entre quedarse e irse. Esperar a octubre equivalía a un suicidio político”.

Esta es la verdadera razón de esta movida de los Kirchner. En cambio, la excusa pública presentada por la Presidenta para fundamentar una resolución de tamaña repercusión, tiene la consistencia del aire. “Los argentinos no podemos tener una serie permanente de elecciones hasta el 28 de octubre en el marco de la crisis. Sería casi suicida embarcar a la sociedad en una discusión permanente”, dijo la Dra. Fernández de Kirchner. Esta afirmación es fácilmente rebatida por la experiencia de los Estados Unidos, país en donde nació y en el que más se sienten los efectos de la crisis. Allí, sin embargo, no sólo a nadie se le ocurrió modificar la fecha de las elecciones presidenciales –se vota siempre el primer martes que sigue al primer lunes de noviembre– sino que, además, nadie pensó en suprimir ninguna de las internas, que tienen a los norteamericanos votando, en distintos distritos, a lo largo de casi todo el año.

La realidad es, como muchas veces pasa con este y con otros gobiernos, otra. En este caso lo que se ve es una fuga de votos desde el oficialismo que no para. Es esa fuga de votos la que está obligando a Néstor Kirchner, además, a pensar seriamente en presentarse como candidato a encabezar la lista de diputados nacionales del Frente para la Victoria en la provincia de Buenos Aires. En ese caso, habrá entonces una fuerte discusión jurídica: ¿está el ex presidente en funciones legalmente posibilitado para postularse? ¿Su condición de inquilino de la Quinta de Olivos es suficiente para decir que tiene la necesaria antigüedad de residencia en la provincia como para postularse y votar en ese distrito?

La decisión de Mauricio Macri de adelantar las elecciones a legisladores de la Ciudad de Buenos Aires operó a manera de luz roja para Néstor Kirchner. La determinación del jefe de Gobierno porteño se enmarca dentro de una facultad que legalmente le asiste. Sin embargo, desde el punto de vista republicano, esta manipulación que se hace de las fechas de los comicios es mala siempre, la haga quien la haga. A Macri, por lo tanto, también le cabe el sayo. Estamos en presencia de un vicio que viene arrastrando la democracia argentina desde su renacer en 1983. El tema que aquí agrava las cosas es que, para modificar el calendario electoral a nivel nacional, habrá necesidad de obtener la sanción de una ley por parte del Congreso; y para ello no hay más que dos semanas ya que, para cumplir con los plazos que marca el código electoral, la convocatoria a elecciones debe hacerse 90 días antes de la fecha estipulada para su realización.

Por lo tanto, en el Congreso habrá de comenzar otra batalla. ¿Tendrá el Gobierno los números para definirla a su favor? Los punteos dan que en la Cámara de Diputados sí; en cambio, en la de Senadores no todo es tan seguro. ¿Y si hiciera falta otro desempate por parte del vicepresidente? “Es un asunto en el que no queremos ni pensar después de lo dicho por Cobos de que no está de acuerdo con la iniciativa”, confiesa por lo bajo un legislador K. Paradoja interesante: en las cercanías de Cobos, el pensamiento es similar.

En los países con regímenes parlamentarios, el adelantamiento de las elecciones marca la debilidad de ungobierno. En países con regímenes presidencialistas, como el nuestro, esa debilidad es aún mayor. Los dos casos recientes en la historia argentina –la presidencia de Raúl Alfonsín y la de Eduardo Duhalde– son ejemplos claros de dicha circunstancia. Alfonsín adelantó las elecciones presidenciales de 1989 para mayo de ese año, pensando que el Plan Primavera llegaría hasta ahí y le daría oxígeno para asegurar el triunfo del candidato de la UCR, Eduardo Angeloz, quien, al final, perdió frente a Carlos Menem. Duhalde, por su parte, luego de los terribles hechos de la estación de Avellaneda que costaron las vidas de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, no tuvo más alternativa que acortar la duración de su mandato provisorio y llamar a elecciones anticipadas que, de no haber sido por la eliminación de las internas, su candidato, Néstor Kirchner, también habría perdido.

El otro reconocimiento implícito que se desprende de esta intempestiva determinación del matrimonio presidencial tiene que ver con las dificultades económicas.

El “efecto jazz” está sonando en la Argentina. A esta música no la puede silenciar ninguno de los dibujados índices del INDEK. La disminución de la actividad se siente, y mucho. Una de las consecuencias indirectas más delicadas de este enfriamiento de la economía es la caída de la recaudación fiscal. “Hemos entrado en un círculo vicioso peligroso, justo cuando la realidad demanda un accionar del Estado más fuerte en áreas tales como salud, educación y seguridad”, reconocía un hombre cercano al Gobierno a quien las reacciones de Néstor Kirchner ya no sorprenden.

Por otra parte, la decisión de los productores agropecuarios de no comercializar sus productos cargará de tensión la ya complicada relación del sector con el Gobierno. No sería de extrañar que, ante esto, la Presidenta reflote, con carácter de urgente, la idea de la estatización de la comercialización de granos.

Si hasta el viernes había incertidumbre en los sectores económicos, ahora la habrá más. Es poco probable que alguien tome alguna decisión importante y positiva de inversiones significativas en el país hasta el 28 de junio. ¿Y luego? “Nadie puede asegurar nada porque, sea cual fuere el resultado electoral, el después será políticamente complicado”, razona un operador económico cercano a los sectores de la industria, donde la preocupación reina, y el azoro, también.

No hay dudas de que el golpe de timón dado por los Kirchner repercute, a su vez, en la oposición y la somete a tensiones. Y sobre esto habrá que ver cómo son sus reacciones. Las primeras que se han observado han satisfecho al matrimonio presidencial en relación con su máxima preocupación: la provincia de Buenos Aires y la alianza entre De Narváez, Macri y Solá. Ahí se han dado todas las posiciones posibles: De Narváez lo vio bien, Macri más o menos y Solá lo criticó duramente. Esto refleja el estado de situación de cada uno de los protagonistas. El peor parado para hacer frente a esto parece ser Solá, a quien este adelantamiento le quita toda chance de armar una estructura que le dé sustento propio dentro de esa trilogía que hoy es la obsesión de Néstor Kirchner.

A la UCR la complica porque hay un calendario de internas que va a ser difícil de poder cumplir. Esto va a apurar definiciones en lo referente a su integración con Elisa Carrió y, también, con Julio Cobos.

Carrió, a su vez, deberá enfrentar la disyuntiva de presentarse a diputada por la Capital Federal y, de alguna manera, verse sometida, a pesar de no competir por cargos similares, a un enfrentamiento con Gabriela Michetti, con quien tiene afinidad.

Otra de las consecuencias de todo este desbarajuste se vivirá en el Poder Legislativo. El Congreso será este año una institución mucho más debilitada de lo que es hoy en día. Primero, porque de aquí a junio, y ante la urgencia, los legisladores deberán dedicar más tiempo para abocarse no tan sólo a la campaña sino también a su reordenamiento; y segundo, porque la constitución del Parlamento que surja después del 28 de junio recién se verá reflejada a partir del 10 de diciembre. Es un axioma de la política que las transiciones largas nunca son aconsejables porque, a la larga o a la corta, terminan por paralizar el quehacer de una institución o poder. Pero claro, a los Kirchner lo institucional les importa lo que la nada.

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No se olviden de Garrido

En el medio del zafarrancho producido por la decisión del matrimonio Kirchner de adelantar las elecciones, la renuncia del fiscal de Investigaciones Administrativas Manuel Garrido es una voz de alerta –otra más– que no debe olvidarse.

Garrido venía llevando adelante una tarea sistemática en pos de un objetivo: la lucha contra la corrupción que tocaba a funcionarios y empresas cercanos a los Kirchner. Dice el ya ex fiscal en un párrafo de su elaborada dimisión:

“Está claro que la corrupción es un fenómeno que se da en mayor o menor medida en todos los países, pero lamentablemente el nuestro se destaca por la impunidad casi absoluta de ese fenómeno y la falta de decisión y seriedad para hacerle frente.”

Virgilio decía: “Conoceréis a los países por sus delitos”. Y en nuestro país, donde el delito abunda, la corrupción es emblemática.

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