Jorge Taiana, 30 años después: de testigo a anfitrión de la CIDH

En una entrevista con El Cronista, el canciller recuerda el testimonio que dio en 1979 en la cárcel de Rawson ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, que desde hoy sesiona en Buenos Aires
Hoy a las 15.30, Jorge Taiana tendrá una historia -o acaso tres- para contar. Ataviado con su traje de canciller, abrirá las sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Buenos Aires, que trabajará esta semana en el país para conmemorar los 30 años de la visita histórica que hizo el organismo en plena dictadura militar. Echando mano a su experiencia como diplomático, el Ministro de Relaciones Exteriores podrá decir en su discurso que él mismo condujo la CIDH, como Secretario Ejecutivo, entre 1996 y 2002. Pero Taiana tendrá otra oportunidad, que lo convierte en un caso único: podrá recrear la tarde de 1979 en que declaró como preso político ante la Comisión para denunciar los crímenes del gobierno militar.

"Los recibí en un patio del Penal de Rawson. Era septiembre y hacía un frío bárbaro, por la época y porque ya estaba atardeciendo. Pero el encuentro se hizo al aire libre igual, porque les convenía a todos: a los militares porque se aseguraban de que nosotros no les pasáramos ningún papel, y a los presos y a los de la Comisión porque nos asegurábamos de que no escucharan ni grabaran las conversaciones", dice Taiana a El Cronista.

–¿Qué les pudo contar?

–La verdad es que los presos nos informamos como pudimos, pero llegamos preparados al encuentro. En Rawson había unos 800 presos y pudimos hablar 10. Les contamos las condiciones de las detenciones, los fusilamientos en Córdoba, les hablamos de Margarita Belén y les dimos todos los datos que teníamos sobre la situación del país. Poder contar eso era algo inédito, y por eso nos preparamos mucho. Antes había venido la Cruz Roja, pero por el peso de la CIDH, esa vez era más importante.

Jorge Taiana pasó siete años preso en cárceles de la dictadura. Fue detenido en 1975, durante el gobierno de Isabel Perón, y liberado en 1982, cuando agonizaba el gobierno militar. En una conversación telefónica que mantuvo con este diario durante una escala en París -en viaje de regreso desde China, en donde se reunió con el vicepresidente de ese país- el canciller confesó que aquella tarde destemplada en el patio de una cárcel patagónica no supo si sobreviviría para contar el episodio.

Frente a un grabador que confundió con una radio -"pensé que a los que me tomaban la declaración no les interesaba lo que les estaba contando"- el militante peronista hizo a las apuradas un relato de lo que había visto y oído sobre lo que estaban haciendo los militares en el país.

El canciller no fue el único Jorge Taiana entrevistado por los comisionados llegados desde Washington para tomar testimonios. "Mi padre -médico de Juan Perón y que portaba el mismo nombre que el hijo- también se encontró con ellos en el Penal de Magdalena", recordó, y agregó: "Mi madre pidió ante la CIDH en Avenida de Mayo que nos tomaran testimonio".

En 1980, luego de recolectar decenas de testimonios en varios centros de detención en el país y de familiares de presos, torturados y desaparecidos, la Comisión publicó un documento que identificó 5.580 casos de violaciones a los derechos humanos y que fue la base para varios de los informes e investigaciones posteriores. Fue el primer trabajo en su tipo, y según Taiana "la visita fue posible por tres cuestiones: el cambio en el contexto internacional, con una presidencia de Jimmy Carter en Estados Unidos preocupada por los Derechos Humanos; las denuncias de los exiliados ante el mundo; y el trabajo de los familiares y de los organismos locales". El hoy funcionario también dice que entonces logró darse cuenta de que el evento terminaba "con el cerrojo informativo que había impuesto la dictadura" y que les permitía denunciar "el terrorismo de Estado que existía en Argentina" en esos años.

–¿Volvió a ver a los miembros de la CIDH que lo entrevistaron en la cárcel?

–Sí, a Andrés Aguilar, que era el Presidente de la CIDH y que grabó mi testimonio en Rawson, lo visité en su oficina en Nueva York unos años después.

–¿Que sintió cuando llegó a trabajar en la propia Comisión esta vez como funcionario?

–Sucedió algo en ese momento. Cuando me convertí en Secretario Ejecutivo me entregaron el informe que estaba en los archivos con mi caso, el de mi padre y las denuncias de mi madre. Para mí todo esto es como cerrar un círculo.

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