Jorge Maina sería reelecto en el Concejo

El actual titular del Cuerpo Legislativo tiene todas las fichas para ser reelegido por un nuevo período. Su estrategia de ir hasta las últimas consecuencias parece estar dándole el resultado esperado, ya que va ganando fuerza la posibilidad de que Luis Castellano sea "persuadido" a bajar sus aspiraciones de volver a la presidencia.
El crack del bloque oficialista, registrado prácticamente al día siguiente de la elección del 27 de setiembre, no pudo ser evitado ni siquiera por el intendente Omar Perotti. El jefe del Ejecutivo desde hace varias semanas viene acumulando sobre su escritorio las señales crecientes del deterioro interno provocado por la pulseada entre Maina y Castellano.

Entre lunes y martes hubo dos cumbres presididas por Perotti con ambos protagonistas de la disputa y con el resto de los concejales peronistas, más algunos integrantes del gabinete. No hubo acuerdo alguno. Más aún, Maina convocó al Consejo Directivo de la CGT Rafaela para "blanquear" la situación y, de paso, pedir apoyo del movimiento obrero local a su idea de continuar al frente del Concejo. La tensión se trasladó incluso hasta el ámbito público: en las reuniones de comisión del cuerpo legislativo, donde Maina y Castellano ocupan las cabeceras de la mesa, uno y otro prácticamente ni se miran y Maina mantiene una ostensible distancia con el resto de los integrantes de la bancada oficialista.

Tanto Maina como Castellano se cruzan amargos reproches, en privado, acerca de sus conductas. Maina considera que Castellano nunca digirió haber perdido la presidencia en 2007, cuando el Frente Progresista intentó consagrar a Luis Peretti y terminó facilitándole a Víctor Fardin su rol de "árbitro" en las votaciones empatadas. Fue Fardin el que terminó llevando a Maina en la presidencia, con su voto llave. Por el contrario, Castellano cree que Maina faltó a su palabra de ser un presidente "circunstancial", que le devolvería la poltrona cuando los votos lo permitieran. La cuestión fue asumiendo tintes personales que desbordaron a la lógica política y ahora la sangre está tocando el río.

¿Cuál será la posición del resto de los concejales? Lolo Bauducco, que asumirá el 10 de diciembre, hará lo que disponga Perotti. En principio, el resto de los concejales peronistas -Sierra y Garrappa- están con Castellano, pero ninguno de los dos moverá un dedo fuera de la estrategia que disponga el propio Perotti, aunque hoy por hoy se mencione cada vez con mayor fuerza que Garrappa ni siquiera tendrá que votar, ya que volvería al Ejecutivo para hacerse cargo de la estratégica y conflictiva Secretaría de Desarrollo Humano, la que maneja la política social del municipio. El de Víctor Fardin es un voto cantado para Maina.

El Frente Progresista sigue decidido a no participar de la interna peronista. Hay dos escenarios posibles: que el PJ vaya unido y entonces el Frente votaría por el presidente que proponga el peronismo; o que Maina y Castellano lleven su disputa a la votación. En este caso, las alternativas son dos: que el Frente proponga a Peretti para presidir el cuerpo o que se abstenga ajustándose a reglamento, es decir, votando en contra de todos los candidatos propuestos. Proponer a Peretti supone un riesgo importante, el de darle a Fardin otra vez el carácter de árbitro. La abstención, en cambio, supondría tirar la pelota al campo del peronismo y dejar abierta la puerta para una interna sin retorno en el bloque oficialista.

Lo que Perotti quiere evitar, precisamente, es una interna sin retorno. Desde esa lógica, en el quinto piso hacen una lectura pragmática de la situación. Según esa línea de pensamiento, Maina viene ejerciendo la presidencia en forma correcta. "Irreprochable", es el término que se escucha. Si Maina es un presidente "irreprochable", ¿cuál sería el beneficio de bajarlo para promover a Castellano?. Empezar a posicionar a éste como el "sucesor" de Perotti. La pregunta es si a Perotti le interesa bendecir a Castellano cuando faltan 2 años para la pelea por la renovación de la Intendencia.

En cambio, los perjuicios de bajar a Maina de un plumazo serían muchos. La ruptura sin retorno es el principal de ellos. Un Maina enojado, rencoroso y con ánimo destituyente sería lo peor que podría pasarle al oficialismo, en un año donde empezará a perfilarse el destino de la sucesión de Perotti.

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