Jorge Chavez: La historia del juez K que votó por absolver a Varizat

Juzgar a uno de los suyos fue la prueba para migrar a la Cámara Oral Federal. Antes tuvo que responder preguntas a la Comisión de Acuerdos del Senado, donde expresó su particular sentido de pertenencia a lo que llamó “el poder político del Estado, del cual el Judicial es uno de los poderes”.
La sinceridad con la que Jorge Chávez, el juez que votó por la absolución de Daniel Varizat, planteó ante los miembros de la Comisión de Acuerdos del Senado su pertenencia política al partido del gobierno, da cuenta de su particular sentido de pertenencia a lo que llamó “el poder político del Estado, del cual el Poder Judicial es uno de los poderes”.

Chávez no abrió la boca durante las cinco jornadas en las que transcurrió el juicio oral a su amigo Daniel Varizat. Gesticulaba, bostezaba, hacía aspavientos sobre su rostro con las hojas oficio, se paraba para abrir las ventanas y ventilar el recinto con más calor humano que temperatura ambiental.

Se lo veía intranquilo y distante. Estaba sin estar. Sentía que veinte años de kirchnerismo militante se le habían caído encima de golpe. Tener que juzgar a uno de los suyos parecía ser la prueba más difícil que tenía que sortear antes de migrar al nuevo cargo que le habían asignado desde el gobierno en la Cámara Oral Federal.

Cuando le tocó responder preguntas ante la Comisión de Acuerdos del Senado como postulante, el juez se dolió por la intención criminal de Varizat. “Cuando uno asume la responsabilidad de ejercer en el aparato público, se come las buenas y las malas”, afirmó y cometió el desatino de comparar: “El tema Varizat es como el de Cromagñon. No voy a decir nada al respecto porque quizás no tengo acuerdo, sigo desempeñando el cargo y me va a corresponder juzgar y no voy a adelantar mi opinión”.

Se refería a las connotaciones políticas de ambos sucesos, poniendo en evidencia cuál es la mirada de un juez que todo lo ve bajo el prisma de la especulación política.

EL AMIGO K. Chávez reivindica su condición de amigo de Kirchner, a pesar de que alguna vez siendo concejal del Frente para la Victoria lo abandonó para crear una línea interna, la Corriente de Opinión Peronista, porque su jefe y mentor político “verdugueaba a los compañeros”. La COP duró lo que tardó Kirchner en enterarse del episodio, pretendidamente secesionista.

La jugada le valió un largo desierto de soledad y destierro y se volcó a la Renovación Carismática Católica (RCC), donde supo desplegar los dones que da el Espíritu Santo a quienes tiene Fe y la fuerza necesaria para sobreponerse a situaciones difíciles.

Pasado el trance, Kirchner lo convocó nuevamente para ocupar el Ministerio de Asuntos Sociales, bastión de la hermana Alicia, que lo catapultó a una fallida candidatura a intendente. Convencido de que lo suyo no era la política, su pliego fue a parar a la legislatura donde sin más trámite, fue ungido juez provincial y comenzó su breve pero frondosa carrera que lo depositó en la Cámara Criminal.

Pese a su manifiesta amistad con Néstor Kirchner, el juez no se excusó en la causa que tramitaba la querella por calumnias e injurias que el entonces candidato presidencial le inició al abogado Dino Zafranni. Por el contrario, una vez que Kirchner desistió de la demanda el camarista dispuso que la tasa de justicia la abonara en distendidas cuotas. “El ejercicio de un derecho es lícito y válido, sea quien fuere”, argumentó.

En los fundamentos de su voto por la absolución de Daniel Varizat, Chávez pulió los argumentos de la defensa con solvencia: “Actuación abusiva del derecho de manifestar” por parte de los manifestantes que rodearon la camioneta de Varizat; “impedimento de la libre circulación”; “puesta en peligro de la integridad física” del encartado y “daños a su vehículo”; fueron algunos de las descripciones utilizadas por el camarista.

“Varizat estuvo colocado en la disyuntiva ineludible de huir hiriendo y dañando a personas indeterminadas o quedarse a enfrentar los peligros en que era colocado”, sostuvo en otro pasaje de su voto, al que no le faltó la clásica acusación a los editores periodísticos.

"No puede soslayarse que, llamativamente, estas (imágenes) muestran sólo el momento en que la camioneta de Varizat arranca”, observó el juez, en alusión al impactante video del atropello que recorrió la web, y aludió a la contextualización sesgada de las manifestaciones sociales ocurridas en 2007 como el “acampamiento frente a la Casa de Gobierno; las agresiones a Alicia Kirchner; o la muerte del oficial Jorge Sayago en el marco de una marcha sindical.”

El testigo que acompañaba en la camioneta a Varizat, el entonces funcionario Armando Trabba, había evocado el mismo suceso del policía muerto para justificar su propio estado de pánico.

Carlos Nino sostuvo que “para evaluar la acción del que se defiende, el juez ha de colocarse en la situación del que considera razonablemente amenazada su vida… pues el peligro que legitima la defensa no es el que se presenta al juzgador sino el que aparece al atacado”, citó Jorge Chávez, en defensa propia, y la de su defendido.

Comentá la nota