Si no fuera trágico, dado que está en juego el patrimonio de millones de argentinos, la conferencia de prensa encabezada ayer por los principales funcionarios del “equipo económico” de la presidenta Cristina Fernández hubiese resultado descacharrante.
Ya nadie le cree a la primera mandataria ni a sus acólitos funcionarios, Por eso, pocas horas después de que la propia presidenta gritara a los cuatro vientos que no va a devaluar, hubo una oleada de ahorristas que se lanzaron sobre el dólar blue, profundizando aún más la desvalorización del peso, que ya tiene menos poder de compra que la moneda de Bolivia, el país más pobre del continente.
Sin credibilidad
Los ahorristas y los posibles inversores hace tiempo le dieron la espalda a al gobierno de CFK, que es corrupto e inmoral. Y que, para colmo de males, cambia permanentemente las reglas de juego en función de oscuros intereses políticos que nada tienen que ver con las necesidades la gente.
La economía en la Argentina está en manos de un grupo de alcahuetes y aplaudidores de la Presidenta, técnicamente muy limitados, que nos están llevando a un abismo similar al del año 2001.
Ante semejante contexto, es imposible que aquellas personas o empresarios que tienen dólares en cajas fuertes, debajo del colchón o en bancos del exterior sin declarar, puedan tomar seriamente la propuesta lanzada por el gobierno nacional Es imposible que alguien, en su sano juicio, pueda creer en las garantías expresadas por funcionarios como Ricardo Echegaray, el titular de la AFIP, que en las próximas horas tienen que presentarse a declarar en una causa por presuntas coimas pagadas por una empresa norteamericana. Y que hizo la vista gorda mientras el parricida Sergio Schoklender y Hebe de Bonafini malversaban cientos de millones de pesos entregados en bandeja por el estado a la Fundación Madres de Plaza de Mayo.
A lo sumo, el único que podría darle cierta utilidad a los bonos K es el empresario Lázaro Báez, presunto testaferro de la familia presidencial, que se encuentra en el ojo de la tormenta por haber fugado dinero negro, supuestamente, a paraísos fiscales como Panamá e islas Bélice .
Tampoco es creíble una política para atraer capitales tenga como una de las caras visibles al ministro Hernán Lorenzino, que debe ser uno de los funcionarios técnicamente menos dotado que han pasado por el Palacio de Hacienda en la historia del país. Se trata de un personaje absolutamente menor que, cuando este gobierno llegue a su fin, sólo será recordado por algunos memoriosos por haber dicho “me quiero ir” cuando fue consultado sobre la inflación en la Argentina. Y que el viernes pasado, mientras visitaba una concesionaria de motos, no se puso colorado al afirmar que lo que pasa con el dólar “no le interesa a nadie”.
Personajes de circo
Como era de esperar, en el circo de funcionarios K no podía faltar la actuación del inefable secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Ayer, fiel a su prepotencia y soberbia característica, mintió descaradamente al decir que la inflación del país es “las del INDEC”. Tal afirmación no resiste el menor análisis y puede ser rebatida por cualquier ama de casa que va dos o tres veces por semana al supermercado.
El incremento del costo de vida, producido por el alza sistemática de los precios, es el principal problema económico del país y el gobierno ni siquiera lo reconoce.
Una mención aparte merece Mercedes Marcó del Pont, la presidenta del Banco Central. Si su tío abuelo -Rogelio Frigerio, uno de los intelectuales más lucidos que tuvo la Argentina- se levantara de la tumba y viera la performance que tuvo en la conferencia de prensa, se volvería a morir. Y no es para menos ya que la titular del BCRA reconoció que los depósitos bancarios cayeron de 15 mil a 7 mil millones de dólares en menos de dos años, sin hacer la más mínima mención al motivo que está llevando a que la gente esté sacando la plata de los bancos.
La situación del Central es calamitosa y las reservas se están derrumbando producto de que el gobierno nacional mete mano en ellas para financiar el gasto público improductivo y el clientelismo.
Finalmente, en el zafarrancho de la víspera, no podía estar ausente La Cámpora, el grupo de militantes rentados -con sueldos que promedian los 100 mil pesos mensuales- que tiene como a uno de sus máximos referentes al imberbe Axel Kiciloff.
Kiciloff, que se dice marxista, se ha convertido en uno de los principales asesores de la presidenta y no para de sumar desaguisados. Antes de ser viceministro de Economía, fue gerente de Aerolíneas Argentinas y llevó a la empresa a perder 3 millones de dólares por día. Ahora va por más: busca que todo el país siga el mismo camino que la vapuleada línea área de bandera.
De seguir con este rumbo, el país se encamina a un nuevo estallido. Pero toda crisis, al mismo tiempo, constituye una oportunidad que sólo podrá ser aprovechada si las riendas de la nación comienzan a estar en manos de otro tipo de conducción, que tenga la materia gris necesaria para dar un giro de 180 grados en la política económica. Como falta dos años para que finalice el mandato de CFK, aún tenemos la esperanza de que la presidenta razone, introduzca los cambios necesarios y, antes de dejar el sillón de Rivadavia, logre enderezar el barco.










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