En Jerusalén, el Papa llamó a "no olvidar" el Holocausto

En Jerusalén, el Papa llamó a "no olvidar" el Holocausto
En su primera visita a Tierra Santa, calificó al exterminio de judíos durante la Segunda Guerra de "horrenda tragedia". También se refirió al antisemitismo, que "continúa levantando su repugnante cabeza". Hoy visita el Muro de los Lamentos.
En la primera jornada de su peregrinación a Israel y los territorios palestinos, el Papa alemán hizo ayer un enérgico llamado para "no olvidar o disminuir" la "horrenda tragedia de la Shoah, el Holocausto" durante su visita al memorial de Yad Vashem, que recuerda el genocidio nazi que llevó a la muerte en los campos de exterminio a seis millones de prisioneros judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Por la mañana, tras desembarcar del avión que lo trajo desde Jordania, primera etapa de su viaje apostólico a Tierra Santa de ocho días, Benedicto XVI llamó a una lucha mundial contra el antisemitismo, "que continúa alzando su repugnante cabeza en muchas partes del mundo, lo que es totalmente inaceptable".

El pontífice hizo estas declaraciones para asegurar a los judíos su neta posición en favor de luchar contra el antisemitismo "en cualquier lugar donde se encuentre", tras las airadas reacciones que provocó en enero su decisión de levantar la excomunión a cuatro obispos ultraconservadores, entre ellos el inglés Richard Williamson, quien había declarado que las cámaras de gas de los nazis "no existieron" y que tampoco existió el Holocausto, porque "los judíos que murieron fueron 300 mil y no seis millones".

"Los nombres de las víctimas de la Shoah no deben perecer nunca y sus sufrimientos no deben jamás ser negados, disminuidos u olvidados", dijo el Papa en el memorial de Yad Vashem, en un clima altamente emotivo. Benedicto XVI también encendió una llama de recuerdo de las víctimas y escuchó un lacerante canto por los muertos que entonó "a capella" un rabino.

El Papa también saludó y habló brevemente con varios sobrevivientes de los campos de concentración nazis.

Refiriéndose a las víctimas del genocidio, el Papa dijo que "ellos perdieron la propia vida, pero no perderán jamás sus nombres, que están en el corazón de sus seres queridos, de sus compañeros de prisión y de todos aquellos que están decididos a no permitir que nunca más un horror similar pueda deshonrar a la humanidad".

La Iglesia Católica "se coloca al lado de cuantos hoy son sujetos a las persecuciones por causa de la raza, el color, las condiciones de vida o la religión", concluyó.

El Papa evitó hacer referencias polémicas, como el caso Williamson o la figura de Pío XII. Por eso el pontífice no visitó el museo que está junto al memorial y donde hay un panel con una foto del Papa Pacelli y un epígrafe que recuerda su silencio frente al Holocausto de los judíos. El Papa quiere beatificar a Pío XII. Israel se opone.

El presidente del memorial, Avner Shalev, echó una sombra sobre el discurso del Papa. "Su visita ha sido positiva -afirmó-, pero no ha nombrado directamente a los perseguidores: los nazis alemanes".

En el ambiente flotaban las acusaciones, reiteradas en estos días en Israel, por la pertenencia de Joseph Ratzinger cuando era un adolescente a las Juventudes Hitlerianas. El Papa aclaró que la suya no fue una adhesión voluntaria, pero en Israel el pasado pesa mucho.

Los movimientos del pontífice por la ciudad, en medio de medidas extraordinarias que han movilizado a 80 mil policías y agentes de distintos cuerpos de seguridad, produjeron un caos extraordinario del ya desordenado tránsito de Jerusalén. Este enviado y otros periodistas que se encontraban en la antigua ciudad amurallada no pudieron durante dos horas regresar al vecino Centro de Prensa en la municipalidad. En el Santo Sepulcro hubo agitación por un cura ortodoxo que empujaba y hasta golpeaba a la multitud que se apiñaba para ver los lugares santos y en el Muro de los Lamentos eran centenares los judíos que fueron a orar y poner papelitos en los entresijos de las piedras, dirigidos a Dios. Las vecinas mezquitas fueron cerradas al público por razones de seguridad: solo se podía llegar hasta la explanada contigua.

Hubo un solo incidente serio que mortificó al pontífice. Durante un encuentro en el Auditorio de Notre Dame, la mayor institución católica, entre personajes cristianos, judíos y musulmanes, un religioso islámico palestino hizo en árabe una larga arenga, en voz alta, contra la ocupación israelí. El Papa lo miró perplejo porque no entendía una palabra de lo que el religioso musulmán decía. Algunos personajes judíos abandonaron la sala y el patriarca latino de Jerusalén, Fuad Twal, trató de parar al representante islámico, quien se despidió con un shukran, "gracias" en árabe. De inmediato, el encuentro fue interrumpido para evitar otras sorpresas.

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