De la jerga a los gajes del oficio

- Tutuqueros.- En la jerga política se denomina así a aquellos dirigentes que suelen recorrer los despachos de legisladores y de concejales. Para captar la atención de los funcionarios, aseguran contar con una interesante cantidad de nombres de potenciales personas que les son fieles y que a la hora de votar resultan imprescindibles. Sin embargo, en un abrir y cerrar de ojos pueden cambiar de referente político a cambio de "tutucas" (dinero).
- Operador.- Es quien trabaja como intermediario entre los intereses de un partido y los propios (ya sean económicos, como profesionales). Sin embargo, en la práctica, el término se utiliza para designar despectivamente a quienes se inician como asesores y terminan siendo partícipes de actos relevantes con sus "padrinos" políticos.

- Morraleros.- Es el dirigente que golpea las puertas de varios legisladores o concejales a cambio de dinero. Sin embargo nunca cumple con su parte del trato. Debido a su deslealtad, también se los conoce como "buscas", y terminan siendo despreciados por la mayoría de la dirigencia política.

- La vestimenta.- En muchos oficios, el uniforme llega a determinar la jerarquía y también sirve para identificar quién es quien. Algunos punteros suelen darle mucha importancia a la vestimenta. "Prolijidad" es la consigna en estos casos. Se los suele ver en las visitas que realiza algún funcionario a su territorio.

- Contactos.- Se refiere a cada uno de los conocidos o allegados que tiene el puntero, especialmente considerados por su grado de relevancia en tal o cual área, ámbito o sector. Tener "contactos" es clave para mantener y, con el tiempo, ampliar su red de influencia política. Por ejemplo, obtener el número de celular de un legislador o de un concejal es la premisa de todo puntero. A partir de ese contacto podrá desplegar sus armas para conseguir lo necesario para su función.

- Mesa chica.- Es donde confluyen los más importantes dirigentes para tomar decisiones y luego bajar directivas al resto de los simpatizantes. En estas reuniones sólo participan unos cuantos dirigentes, pero en definitiva son quienes toman las riendas. La importancia que reviste este lugar lo convierte en el objetivo prioritario de todo aquel que se considere un puntero político de raza. Pero la mesa chica no es para todos, sino para unos cuantos.

- Hacerse pie.- Expresión que proviene del truco (juego de naipes). En política, consiste en afirmarse en un ámbito territorial o sectorial determinado para, desde allí, generar presión o desarrollarse en términos de concentración o acumulación de poder en relación con el entorno de su territorio. Es la base de la "carrera" en el oficio del dirigente con ansias de convertirse en puntero político.

- Jugar a la chica.- Expresión que proviene del juego del mus (con naipes españoles). Con ese término se alude a quienes deciden focalizar su trabajo político en lugares que no revisten mucha implicancia. Esto les sirve para dirimir cargos de representación de carácter local.

- Jugar a la grande.- También proviene del juego del mus. La diferencia radica en que quienes "juegan a la grande", deciden volcar su acción en un territorio más amplio. Esto implica que los punteros se fijaron como objetivo disputar cargos de representación del orden nacional o distrital.

- Monje negro.- Son los personajes clave de la política de cada partido. Se caracterizan por contar con cuotas significativas de poder y un bajo nivel de exposición pública. Son los amigos de las sombras ya que, desde ahí, pueden digitar de manera discreta determinadas acciones, por medio de emisarios u operadores.

- Un escaño.- Algunos punteros desarrollan una carrera meteórica y logran -en corto tiempo- pasar al otro lado del mostrador. Esto significa que dejará de ser un dirigente barrial para llegar a ser candidato en la siguiente elección y, por supuesto, alcanzar un escaño.

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