El jefe gremial tiene influencia y poder en otros tres equipos

Cercano a Independiente, también gravita en Barracas Central y en Alvarado, de Mar del Plata
La familia Moyano no sólo deposita su pasión deportiva en Camioneros. El jefe del sindicato más poderoso de la Argentina tiene una variada gama de intereses depositados en el fútbol: ostenta influencia pública en la vida de Independiente, maneja el destino de un equipo de la C, Barracas Central, y tiene el comando de Alvarado de Mar del Plata, el club que ama en su ciudad natal.

Su hijo, Pablo Moyano, a cargo de Camioneros, supo aparecer en las listas de Julio Comparada cuando fue reelegido presidente en Independiente. Y manejaba con su padre, tras bambalinas, un sector que se llamaba "Camioneros Rojos", junto a un hombre de su confianza, Héctor "Yoyo" Maldonado, de la rama Correos del gremio. Históricamente, Hugo Moyano participó de asambleas de representantes, aportó fondos, negoció con el gobierno bonaerense un predio para el club y acordó la llegada de empresas auspiciantes para mejorar las finanzas.

El yerno de Moyano, Claudio Tapia, preside Barracas Central. El equipo de la C quedó en sus manos por orden de Hugo, para evitar peleas con su hijo Pablo. Como ahora lo hace Camioneros, en los últimos años Barracas Central se dio lujos de otras categorías: pagó sueldos de hasta 5000 pesos por mes -cuando el promedio era 1500-, cuadruplicó su presupuesto y remodeló su estadio. Por supuesto, logró salir campeón en 2003.

El otro de los gustos del jefe sindical fue meterse en la vida de Alvarado, el club de su infancia marplatense. Allí llevó en 2008 como DT a Lalo Maradona, que ahora trabaja para Pablo. Moyano le pagaba al cuerpo técnico y hasta llegó a estamparle el logo del Sindicato de Camioneros a la camiseta oficial.

Pero el futuro está puesto en el Club Atlético Camioneros. La comisión directiva del club es casi un calco de la del gremio. Las presidencias son de la familia Moyano. El vicepresidente es Roberto Boscolo, secretario del sindicato y un fanático del fútbol, que llegó a jugar en la reserva -justamente- de Independiente. El secretario se llama Julio Carrizo, que en el gremio está a cargo de la rama de residuos patológicos y es jefe habitual de buena parte de las manifestaciones callejeras. El tesorero es Emilio Puebla, que a su vez es tesorero de la obra social del sindicato y director de Caminos Protegidos, la nueva ART de los camioneros.

Ellos son los encargados de negociar beneficios para el club. La última intervención causó cierto revuelo en la liga de Luján, la llave local que le permitió al club llegar al Argentino C. Los jefes sindicales, cansados del mal estado de las canchas, decidieron irse a jugar al estadio de Fénix, en Pilar. Movieron contactos sin avisarle a la liga y quedaron bajo amenaza: si no vuelven rápido a su lugar de origen, las autoridades aseguran que, pese a que protesten, los van a desafiliar.

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