Javier Levigna está preparado para volver, apuesta a lo local y a la pluralidad de ideas

Javier Levigna está preparado para volver, apuesta a lo local y a la pluralidad de ideas
Por estas horas define su integración como primer precandidato a concejal por el espacio de Francisco De Narváez. Las ideas de un hombre que privilegia lo local y las capacidades individuales por sobre otras referencias.
Fue director de Bromatología de la gestión Pizzorno, secretario de bloque y del Concejo Deliberante, concejal en 2003/2007, hasta que al cierre de su mandato hizo un intento fallido por llegar a la Intendencia.

Siempre se vanaglorió de participar en política para "debatir y mejorar cosas para la gente", y hoy lo repite: "Como medio de vida, manejo un colectivo", dice con su estilo frontal y campechano.

A los 46 años, y tras dos de un ostracismo autoimpuesto, Javier Levigna, de él se trata, volvió a ser tentado para participar activamente. El espacio que lidera el empresario Francisco De Narváez le ofreció ser precandidato a concejal en primer término, para luego decidir la integración de la nómina definitiva con los otros socios del peronismo disidente: el felipismo y el PRO.

En un extenso diálogo con La Entrevista Semanal, habla de las razones de su entusiasmo, aunque asegura que "no mata" por una banca en el Legislativo.

Hombre de pocas pulgas, no tiene empacho en criticar lo que no le gusta del espacio que integra, y hace del disenso interno una herramienta fundamental.

A lo largo del reportaje, ratifica su oposición al estilo K, pero privilegia la construcción política desde lo local. Empero, sostiene que en todos los niveles se debe apostar a la "pluralidad de ideas".

De vuelta al ruedo

-Hay muchos rumores y pocas precisiones. Dígame, ¿vuelve a candidatearse?

-Tengo una invitación concreta a encabezar la lista de Francisco De Narváez en el orden local. Por estas horas estoy meditando, charlándolo con mi familia y con mis patrones en la actividad privada. Obviamente, a la espera de lo que resuelvan todas las partes que integran el sector.

-Con De Narváez, ¿por dónde vienen los contactos?

-Por ahora he mantenido charlas con dirigentes de importancia como Mario Bracciale, Rafael Delpech y Diego Drysdale, que están manejando el tema. Me limito a esperar, a mí no me quita el sueño ser o no concejal. No mato a nadie por ser concejal, y lo tomo con absoluta calma.

-¿Puso alguna condición para sumarse?

-Condición no, ninguna. Sólo dije que estaba limitado a lo que sucediera en mi actividad privada. Yo en mi mandato anterior pude contemporizar la actividad privada con la política, cumpliendo eficientemente en las dos. Hoy, no dejo la actividad privada por la política. Si mis patrones me dicen que no hay espacio para la política, no lo hay.

-¿Y qué le está diciendo?

-Creo que hay un grado muy grande de generosidad en Mario Morel. Siempre me dieron la posibilidad. Entienden que la política es una cuestión vocacional.

Trabajo y libertad

-Siempre defendió, en sus anteriores campañas y más allá de los resultados, la idea de dedicarse a la actividad privada de manera paralela a la cosa pública. Recuérdeme sus argumentos...

-El tener un trabajo, una profesión, un kiosco o un mercadito, un ingreso aparte de la política, a uno le da independencia. Uno puede elegir con quién está. Si no, se pierde esa posibilidad y hay que salir a juntarse con cualquiera para obtener un conchabo. Honestamente, es la parte que no me gusta de la política.

-¿Y cuál es la que sí le gusta?

-Poder acceder a algún lugar, discutir, debatir, cambiar cosas, ideas. Pero el día que termina, termina. En 2007 hice un intento electoral, no salió bien, y no hubo drama para nadie, sacando las cuentas que me quedaron a pagar (risas). Después, la vida continúa.

Un lugar en el mundo

-¿Qué es lo que lo entusiasma del espacio? Porque no lo veo muy cerca en lo ideológico de Macri o De Narváez...

-En realidad, lo que me entusiasma es hacer cosas en la ciudad. En Tandil no puede haber una sola voz que decida todo. Estamos en elecciones legislativas, y hoy hay una mayoría legislativa que decide todo: cuáles obras son prioritarias, cómo se gasta el dinero, las rendiciones de cuentas. Son cosas muy serias para que las decida una sola fuerza política. Y no digo que lo haga bien o mal, pero me parece que ahí deben haber más voces.

Hace poquito leía en El Eco, que es el diario que leo on line cuando estoy afuera, que el radicalismo no fue a una reunión con la Cámara Empresaria para debatir las tasas. Creo que debe haber debate. Y lo quiero dar.

-No me contestó lo del espacio...

-Desde el único espacio que lo puedo hacer es desde éste. Yo no soy (Néstor) Kirchner, tampoco soy anti, pero no comparto sus formas. Al año de que fuera Gobierno, lo planteé en un acto en el club Boca. Digo que no me gusta su enfrentamiento con la Iglesia, con el campo, con los medios. Cuando salga esta nota no puedo decir: ‘La culpa es del periodista porque me sacó de contexto’, para disimular mis limitaciones, o algo que pueda haber dicho o hecho.

-Me suena casi a que lo toma por descarte...

-No, es un peronismo crítico, pero sano. Es el único espacio en el que yo hoy puedo participar. Creo que es lo que ha generado esta forma de hacer política, y ése es un cargo que le hago a Kirchner. Esto de las coaliciones de fuerzas, de la Alianza para acá, son uniones con el fin de llegar a algo, pero no coincidencia de ideas. Después pasa lo que pasa.

La construcción local

-Entonces, este peronismo disidente no sería la excepción. ¿No ve demasiadas diferencias de entrada entre sus máximos dirigentes? Lo planteo desde lo ideológico, los egos y los intereses.

-Particularmente, le diría que del que he estado más cerca es de Felipe Solá. No he tenido un trato cercano con De Narváez y mucho menos con Macri. Puede ser lo que usted dice, pero yo sigo creyendo en los espacios de construcción locales. La gente, acá, sabe votar, y también cortar.

-Suena raro...

-Es que no quiero saber más nada con aquello de ‘¿con quién estás?’. Creo en la capacidad individual de cada uno. ¿Qué influencia tiene en un legislador una conducta nacional y provincial? Ahora, cuando se es candidato a intendente, ahí sí se está hablando de otra cosa, lamentablemente. Todos hemos visto el romance Kirchner-Lunghi, hasta que Lunghi dijo: ‘No voy a ser parte del Frente para la Victoria’.

-O se subió a la cosechadora...

-Claro, por eso me parece que hay que hacer apuestas fuertes a la construcción política en el distrito. Basta del ‘quiero ser porque soy el referente de tal en el ámbito nacional o provincial’. Después viene la parafernalia del dinero en publicidad, para machacar y machacar. Creo que la gente consume cada vez menos ese tipo de cosas, y va más a la acción.

La billetera y los votos

-Bueno, pero usted justamente está en el espacio de De Narváez, que aplicó el método de la billetera para instalarse y lo sigue haciendo. ¿No es una contradicción?

-Pero, ¿qué problema hay? Puedo no coincidir. Creo que a De Narváez y a Macri lo visualizan más, lamentablemente, porque tenían mucho dinero antes de llegar a la política. El miedo del ciudadano a que el político meta la mano en la lata. Esa es una concepción.

-Se dice: ‘Este, por lo menos, no va a afanar. Es un argumento muy pobre... La contrapartida del ‘roba, pero hace’...

-Es muy triste. Más allá de que creo que De Narváez tiene muy buenas ideas y me parece que comparte un sector crítico al autoritarismo, a la destrucción de los partidos, al enfrentamiento y el avasallamiento permanentes.

-¿Eso es lo que los une?

-Ideológicamente, me dicen ‘ellos son de derecha y vos nunca estuviste con la derecha’. Cortemos con esto de una única voz. Lo principal que nos une es que queremos opinar de algunas cosas. De la seguridad, el desempleo, el conflicto con el campo.

-Volvió el eslogan kirchnerista de ‘nosotros o el caos’. ¿Qué le sugiere?

-Mire, lejos de ser un problema, que gane otro sector político puede ser la ayuda para el gobierno de Cristina. Porque hasta ahora vienen con toda la sumatoria de las opiniones y las mayorías absolutas, y así estamos. Me parece que sumar distintas voces puede ayudar.

El achique político

-El viento de cola pasó, en todos los niveles. Dicen que ahora es cuando se ven los verdaderos gobernantes...

-Exacto, pasó la bonanza. Ahora es donde se ven las agallas de los que conducen distintos procesos ejecutivos.

-Coincide entonces con lo que decía Oscar Martens domingos atrás: Miguel Lunghi siempre gobernó con recursos...

-Sí, con muy buena cantidad de recursos. Este tiempo no es grato; ahora bien, no empecemos con el cuento de que la culpa la tiene el otro. De que no hay recursos porque Nación no envió los fondos, de que se firmó la coparticipación de la soja porque fue un apriete. ¡Ah, no! Paremos. Si era un apriete, no hubiera firmado nada. Creo que este Gobierno ha sido, por lejos, el que ha tenido la situación económica más favorable. No vamos a pretender que tenga los recursos guardados en un banco, como hacía mi amigo Indalecio (Oroquieta, ex intendente), pero tampoco a echarle toda la culpa a los de afuera.

-¿Qué le critica a Lunghi en este sentido?

-Armó una estructura política y de funcionamiento que tiene que mantener. Yo lo viví en la época de Gino Pizzorno, y en las malas venían las peleas para ver adónde recortar. Achicar el gasto político, eso estaría bueno.

-Pero el Gobierno dice que no influye para nada. Que lo que se pudiera ahorrar no es significativo.

-Sí, yo creo que sí. Este Gobierno ha incrementado el gasto político de manera importante. Ha incrementado funcionarios, áreas, títulos y honores. Yo, cuando estaba en el Concejo, pedía ‘más overol y menos saco y corbata’. Bueno, ahora, en época de crisis, debería achicar la estructura. Y al que le toca le toca. Basta de jefe de jefe, de recontrajefe, a partir de ahora, un solo jefe. Creo que es una buena señal para la sociedad que cuando no están los recursos, por lo que fuere, achicar el gasto. No es un mal gesto. Hay que reducir los sueldos, por ejemplo. No es demagógico lo que le digo, hay que ir pensándolo. Que el gasto político influye, influye. Aunque sea en una garrafa para un hogar que la necesite en invierno, o en una tarifa solidaria de luz. Bueno, en definitiva, ahora veremos cómo va a gobernar Lunghi.

El PJ, de todos

-¿Cómo ve hoy al PJ local? A usted fue a uno de los primeros que en su momento dejaron afuera...

-El PJ depende de todos lo que lo integramos. Afuera me dejó Kirchner, y nuestro presidente por entonces, Rubén Sentís, se alineó a ultranza con el kirchnerismo y el que no comulgaba con ellos no podía participar de las decisiones. No le echo la culpa a los dirigentes locales. La responsabilidad la tiene Kirchner. Yo soy más amigo de los que son proclamados por los votos que por una jueza. Usted podrá decir que a Oscar Martens lo votaron 500 personas, pero lo votaron. No fue y se autoproclamó candidato a concejal. El tiene una representatividad genuina, democrática.

-Le insisto, ¿en qué etapa ve al Partido?

-Al PJ local lo veo en una etapa de transición, a raíz de lo que sucede a nivel nacional. Están los que comulgan con K y los que no. Por eso a esta elección va a ir dividido. Me parece que el desafío está en ver qué pasa en los próximos dos años. Si es capaz de acercar filas, de generar un candidato que le pueda disputar la elección al doctor Lunghi.

-¿Cree que hay Lunghi para rato?

-Creo que ha sufrido un desgaste, pero sería necio y suicida pensar que está acabado.

-Volvamos al PJ...

-Tiene que ser inteligente, pasar una etapa de transición. El 10 de diciembre creo que va a haber concejales peronistas, kirchneristas y no kirchneristas. Habrá que elaborar una estrategia de oposición.

-¿Cómo se articula? Porque hasta hoy, los antecedentes no son buenos.

-Sentándose a charlar. No ha habido figuras convocantes que junten abajo. Después del 10 de diciembre va a haber unos diez nombres, que el peronismo los tiene, que deberán sentarse a conversar sobre qué se pretende hacer a futuro. Si seguimos pensando en chico, seguiremos perdiendo. Entonces, si hay compañeros que tienen posibilidad de ser candidatos, la sociedad los recibe bien y se desempeñan bien, debe existir la generosidad de los demás para acompañar.

A un toque

-Raúl Escudero.

-Lo veo con agallas a Raúl, y lo acompañé para que pudiera conducir un proceso importante. Ahora, hacen falta dos cosas: que lo conduzca, y que los que estamos abajo nos dejemos conducir. Si no, después no le hagamos ningún cargo.

-¿Cómo se los hace Rubén Sentís?

-Creo que Rubén puso la K, hizo una buena mejora edilicia en el Partido, el Torneo Evita, el Congreso del Pensamiento Nacional, y ya está. No unió al peronismo. Pero no es un cargo para él, que tomó las banderas del kirchnerismo. Aunque creo que las verdaderas banderas del kirchnerismo en Tandil son de Jorge San Miguel y Néstor Auza. Un ejemplo: mientras Sentís hacía reuniones en el Partido para sacar comunicados a favor de Cristina en el conflicto con el campo, acá teníamos a Auza y Delpech, gente formada, que opinaban a favor del campo. Esa es la foto, no es un invento mío. El PJ local es de todos los afiliados justicialistas. De todos los que quieran ir.

-Algunos sostienen que el dirigente justicialista ‘a preservar’ es Néstor Auza.

-Creo que es uno de los dirigentes, pero ‘a preservar’, no sé... Yo le tengo respeto, he visto lo que ha trabajado en la Universidad. No sé lo que es cuidar o preservar, creo que la palabra es respetar.

-Creo que se referían a no cascotearlo...

-Creo que no forma parte del accionar político. Ni cascotearlo, ni preservarlo. Repito, creo que es uno de los tantos nombres. Yo no lo niego, sería irrespetuoso de mi parte. Pero no es el único.

Sigue en la carrera

-Usted, ¿conserva aspiraciones de ser intendente?

-Para mí la política es una posibilidad de hacer cosas, de ayudar. Me tocó, en el Concejo, participar de algunas cuestiones interesantes para la ciudad. Esto es una carrera, si a uno le va bien como concejal creo que tiene legítimas aspiraciones de ser intendente. Tandil es una ciudad muy particular en cuanto a la elección de su intendente. Por ahí uno no tiene apellido de arraigo tandilense, y no es rubio, entre otras características, pero con trabajo, ideas y cambiando cosas se puede llegar.

-Entonces, ¿sigue en carrera?

-En la carrera estoy. Y si me van a cascotear, que me cascoteen porque me equivoqué, no con malicia. Porque a mí no me hacen daño. A mí se me termina la carrera política, o pierdo una elección, y manejo un micro. Tengo los anillos puestos, y mantengo a mi familia dignamente.

Una forma de vida

-Le voy a dar dos nombres, con uno -Juan Mario Pedersoli-, compartió la ruta últimamente, con el otro -Roberto Mouillerón- puede coincidir ahora...

-Humildemente creo que son dos referentes importantes del justicialismo y la política local, que en su momento han sido dirigentes de mucho peso y jerarquía. Hoy en día son referencias superimportantes de consulta. He tenido acercamiento con Mario (Pedersoli) porque comparto su forma campechana de decir las cosas y porque, como a mí, cuando la política le dio la espalda, se fue a lo privado.

-¿Ese es un tiro por elevación a Mouillerón?, que estuvo siempre en la vida pública.

-Con Roberto tenemos diferencias, estuvo siempre, y creo que no se puede estar siempre. Pero está todo bien, los amigos y seguidores de Mouillerón creerán que estoy equivocado, y los míos, que estoy acertado. Pero creo que en algún momento hay que dejar de ser.

-En algún momento tuvo fuertes cruces con él...

-Sí, en 2003, cuando apoyó a (Roberto) Tassara y nosotros perdimos la Intendencia (Bracciale candidato) por 200 votos. Fue un cruce, de opiniones, de ideas. En esa dispersión perdimos con Lunghi. Pero yo no lo demonizo, ni tampoco creo que mi futuro político pase por criticar o no a Roberto. Para mí, existen en la Argentina otras formas de vida que la política, para otros no.

El titulero

Para el final, Levigna aceptó el desafío de ponerle su propio título al reportaje.

-"La Nación, la Provincia y Tandil necesitan más de una voz de mando, necesitan pluralidad de ideas". Lo definió como el nudo de su pensamiento y su participación.

-"No mato ni me quita el sueño ser protagonista de la política. Sólo me mueve el interés por hacer cosas por la gente. Como medio de vida, manejo un colectivo", lo sumó cuando se le encargó una referencia más personal.

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