La jaula

El conjunto variopinto que se ha ido conformando en torno de la intendencia GAP está desintegrándose de manera violenta. Un ejemplo de ello es la situación que envuelve a los vecinalistas Carlos Aletto y Alberto Mayo. En medio, el concejal por Acción Marplatense Leandro Laserna promueve una ordenanza que cambie las reglas de juego en el manejo de las sociedades de fomento en Mar del Plata.
Esta historia tiene sus capítulos. Al asumir su primera gestión, Blas Aurelio Primo Aprile anunciaba que había llegado la hora de controlar el flujo de fondos que la comuna derivaba a las sociedades vecinales. Poco le duró a Aprile el ímpetu, pues la trama de acuerdos y complicidades que envuelve al sector le cortó toda idea de actuar buscando transparencia.

Otro capítulo se escribió allí cuando por el área de control (Asuntos de la comunidad) pasó Vilma Baragiola. La actual diputada hizo un desastre administrativo que dificultosamente enderezó un poco Julia García. En un tercer capítulo, Laserna, con su proyecto, ha metido la mano en el hormiguero.

En la conversación que mantuve con Mayo (esposo de la funcionaria municipal Mónica Felices) al respecto de la paliza que Aletto asegura que Mayo le propinó en la privada del intendente Pulti, el supuesto agresor se empeñó en calificar a Aletto de “enviado a romper el vecinalismo”. Y no se quedó con los adjetivos: afirma que el literato se dio de golpes contra una columna en el palacio, provocándose a sí mismo las heridas que denuncia.

La situación es compleja. Mayo habla corporativamente, sostiene que a todos no se los puede tratar de igual modo, pero ante citas puntuales de “vecinalistas” eternos, como Pomilio-Lalanne, Cernadas, Woollands, se corre a un costado, cuando las quejas son públicas y notorias.

El tándem Pomilio-Lalanne tiene cerrada a cal y canto la sociedad de fomento Zacagnini: que alguien se atreva a disputar el poder con ellos en ese territorio, y verá lo que es bueno. Oscar Cernadas es otro caso increíble; según afirma Aletto, Cernadas recibe de la comuna un convenio mensual de $8.400 más un plus de un juicio que debe volver al barrio de $150 diarios por malos olores, a pesar del evidente descuido del barrio.

Según el golpeado, son los propios vecinos de Las Dalias y no él en forma individual los que van por el reclamo de transparencia y quieren saber adónde va el dinero que no aparece en obras en el barrio: no hay refugio ni siquiera a la salida del colegio, no hay señalización, se desmalezan apenas unas cuadras, y se utiliza el tractor municipal y el gasoil para prestaciones que luego se cobran, sin factura.

El comunicado firmado por los 24 concejales repudiando la agresión denunciada por Aletto y negada por Mayo significa un respaldo al concejal Laserna y supone una toma de decisiones por parte del intendente GAP, que debe dar a conocer su posición en esta cuestión.

El intendente firmó con gran pompa un acuerdo con “Poder ciudadano” en el marco de acciones denominadas “Municipios transparentes”. Es irónico que ocurra en el mismo momento en que sus propios “socios” se despellejan por mantener sus irritantes privilegios.

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