Jaque y sus problemas por no "cacarear" hacia adentro

El gobernador y otro grave conflicto: el enojo de Adolfo Bermejo por no haber recibido aviso del último cambio ministerial, que borró del Ejecutivo a una pieza de su sector. La amenaza azul de no acompañar más al gobierno y el desafío del nuevo ministro de Seguridad.
El gobernador insistió este sábado en la necesidad de "cacarear" su gestión. Una respuesta bastante simplista si lo que busca es sintetizar los problemas de la administración a su cargo.

Pero aún si el cacareo a través de los medios de cuanta medida o acción de gobierno ejecute fuera su único problema, Celso Jaque parece haberse olvidado de algo: no solo hay que cacarear hacia fuera, también conviene hacerlo hacia adentro. Toda organización requiere de lo que se denomina "comunicación interna".

La falta de comunicación de las noticias incluso a su propio entorno le abrió este viernes una herida más, otro foco de rebelión interna. Los azules del peronismo, referenciados en Mendoza en la figura de Adolfo Bermejo, salieron a protestar por el despido de la ministra de Desarrollo Humano, Silvia Ruggeri (en la foto, jutno a Jaque). No porque su salida fuese totalmente inesperada para los azules, sino porque el gobernador no cumplió con una mínima gentileza: avisarle a Bermejo que iba a echar a uno de los suyos.

Por eso Bermejo, junto a su núcleo íntimo, eligió este sábado quedarse en Maipú, en lugar de asistir a un acto importante que se realizó en el hotel Ejército de los Andes, de Guaymallén. Y al cual Jaque intentó cargarle el aura de "relanzamiento del gobierno", tal como se aprecia en este festivo video captado durante la cobertura que realizó MDZ:

Los azules apenas mandaron algunos emisarios al evento, pero el grueso (el jefe del bloque de Diputados, Carlos Bianchinelli; la presidenta provisional del Senado, Miriam Gallardo, entre otros), se quedó rumiando su dolor y mandando mensajes a la Casa de Gobierno.

Trataban de entender por qué Jaque actuó como lo hizo. El viernes en la mañana, Ruggeri se enteró que "la iban" por la prensa. Varias de sus colaboradoras, entre ellas la subsecretaria Patricia Di Cataldo, se encontraba a esa hora asistiendo a las víctimas de la feroz tormenta que se desató en San Rafael. El gobernador estaba a unos pasos de los funcionaria en el departamento y tampoco le dijo nada.

El bloque maipucino acusa a Jaque de haber sido desleal. "Así como vino a pedir funcionarios en su momento, tendría que haber avisado que sacaba uno de los nuestros", blanqueó un bermejista. La tensión es muy fuerte. "Estamos con este gobierno, pero no se hasta cuando", lanzó a modo de advertencia uno de los allegados al senador nacional.

La relación de los azules con Jaque nunca fue óptima, pero hasta aquí nunca se rompió. Hoy, se están produciendo los temblores más fuertes e impredecibles. Aunque los roces siempre han sido a causa de "la metodología" del gobernador, su estilo hermético y sordo para manejar el poder.

Antes silenciosos, sobre el fin de año, los discípulos de Mazzón en Mendoza han decidido revelar sin pudores una crítica contra el gobernador: afirman que no cuida el equilibrio de los sectores en el reparto del poder. La tibia queja del pasado contra los manejos de Alejandro Cazabán, ahora parece reeditarse con mucho más fuerza, esta vez (aunque no lo digan) para intentar parar la incidencia del justicialismo de Las Heras, que a través de Carlos Ciurca, tendrá desde este lunes el control de dos ministerios (Desarrollo Humano y Seguridad).

Sea como fuere, Jaque no logra ordenar el oficialismo provincial, en el que, por el contrario, a cada paso aparecen divisiones (ya a esta altura es casi un dato menor la ausencia del vicegobernador Racconto en su relanzamiento), resquemores, dolores, partidas y problemas políticos que rebotan directamente en la gestión.

La cuestionada "metodología" de los cambios jaquistas

La desprolija comunicación de cambios a nivel ministerial no es nueva en la era Jaque. Por el contrario, ha sido una constante. A los ministros que comenzaban a caer en desgracia, el gobernador siempre los sometió a la erosión de los rumores y al karma diario de tener que ser ratificados en sus puestos.

La penúltima vez que Jaque decidió hacer un recambio en el gabinete, ni siquiera realizó un anuncio oficial: mandó a un ministro a que soplara a los medios por entonces "amigos" las nuevas designaciones en Dirección General de Escuelas y Economía. A algunos intendentes del PJ –en un curiosa variante del cacareo interno- los "informó" por mensajes de texto.

Antes, cuando decidió cambiar al ministro de Gobierno, dejó que la olla a presión del peronismo dejara escapar todo tipo de versiones, hasta que, después de varias semanas, confirmó al candidato que sonaba desde el primer día (Mario Adaro).

[Acto PJ - NOTA 02]

En esa lista de errores de Jaque puede inscribirse el repentino despido del ministro de Salud, Sergio Saracco (en la foto, junto a otros militantes en el hotel de Guaymallén, ya que estuvo en el relanzamiento de Jaque), a quien corrió de su puesto este viernes sin tener todavía decidido el nombre del sucesor. ¿Existía la necesidad de apurar la salida de un funcionario que extraoficialmente ya había echado mil veces, cuando todavía no decide a quien va a poner allí?

¿Cómo desligar este conjunto de decisiones previsibles (la ida de Saracco, la llegada de Carlos Ciurca a Desarrollo Humano) de la necesidad de dar un golpe de efecto, de generar la sensación de poder y liderazgo, un día después de que los gremialistas de ATE se llevaran por delante a medio gabinete en una discusión paritaria en la propia Casa de Gobierno?

Es demasiado obvio el intento de manejar comunicativamente un gobierno que, primero y antes que nada, tiene problemas de gestión, antes que de comunicación.

Por estas horas, las fuentes del peronismo dan cuenta de una pelea violenta por definir quién sucederá a Saracco. El principal candidato era hasta hace horas Juan Carlos Behler, pero algunos cuestionamientos en el ámbito privado le estarían cerrando el camino.

Mientras tanto, otros, como el director del Hospital Lagomaggiore, José Moschetti; y el subsecretario de Salud, Pedro Masman, se comen las uñas sin ninguna certeza sobre su futuro. Y algunos hasta denuncian que hay intereses ajenos a la cosa pública en juego: "Hasta los laboratorios meten presión en esto", afirman en el peronismo.

Debido al estilo indescifrable de Jaque, nadie puede vislumbrar hasta cuando se extenderá el misterio de Salud

Aquel plan de seguridad

En medio de todas estas urgencias, Carlos Aranda, casi un desconocido en el mundo de la política, fue anunciado como ministro de Seguridad en el pack del último viernes.

[Acto PJ - NOTA 06]

A Aranda (foto de hoy) lo conocen poco en el mundo de la política, pero en sus diversas participaciones oficiales, podría haber generado un compromiso que ahora estaría casi obligado a cumplir. Es que el funcionario llegó a desempeñar varios cargos (de asesor y director) en gestiones radicales, demócratas y peronistas de la seguridad, debido a su vínculo con el presidente del Consejo Asesor de Seguridad Pública, Roberto Godoy Lemos. Un dirigente filoperonista que ha sido la puerta de ingreso de varios familiares a la gestión de Jaque.

En mayo del año pasado, Godoy Lemos quedó confirmado por el propio Jaque como presidente del organismo asesor y Aranda, por entonces director de Planeamiento Estratégico, fue designado como vicepresidente.

El funcionario no llegó a ministro por ser autoridad de un organismo asesor que casi ha devenido en abstracto. Ciurca lo eligió por su acompañamiento en las cuestiones operativas y diarias. Por secundarlo en sus frecuentes salidas para enfrentar las rabiosas familias de las víctimas de algún delito.

Hace mucho que en Mendoza no se habla de un plan de seguridad. Pero los planes integrales, aunque nadie los vea, están.

Y uno de los más amplios y reconocidos planes es precisamente el que elaboró la UNCuyo bajo la tutela de Godoy Lemos, con quien está muy comprometido el nuevo ministro de Seguridad de manera directa.

¿Se ocupará de intentar aplicarlo? Dependerá de que la inseguridad vuelva a discutirse en términos de planes, no de tandas de gendarmes. Y eso no pasó durante la gestión de Ciurca.

Algo para cacarear

Hay lecturas un tanto curiosas del momento político del Gobierno. Cierta parte del oficialismo analiza en estas horas que, a pesar de los problemas internos y los choques con los gremios, y más allá de la mala imagen del gobierno, la gestión de Jaque ha recobrado protagonismo.

"Por una cosa u otra, desde hace cuarenta días estamos ocupando plenamente la agenda política", afirman para explicar su optimismo, algunos referentes del jaquismo. Lo hacen mirándose en el espejo que le ofrece una oposición que termina el año enfrascada en sus propios conflictos, que son un freno para sus pretensiones y una esperanza para el peronismo.

El problema es que el menú de esa agenda ocupada por el PJ ha sido muy diverso: la victoria del endeudamiento en la Legislatura, la pelea de Cazabán con el multimedios Uno (una guerra que parece haber tenido un parate en los últimos días), los hospitales obligados a mantenerse con colectas, los trompazos entre gremialistas y funcionarios en la paritaria con el ATE. Y en el medio, la polémica por la no inclusión de la Fiesta de la Vendimia en la agenda nacional del Bicentenario.

[Afiche vendimia interior]

El papelón vendimial (al costado, el afiche de la edición 2010 de la fiesta mayor de los mendocinos) no ha sido precisamente un logro para mostrar. Por el contrario, es la prueba de que las operaciones mediáticas u oficiales sobre los medios, a veces no alcanzan para configurar un buen gobierno. Las cosas irremediablemente mal hechas son imposibles de ocultar. Y es innecesario amplificarlas también. Ninguna ingeniería mediática entra en juego en estos casos.

Ensayemos una síntesis: tan importante como cacarear lo que se hace, es tener cosas buenas para cacarear. Ese debería ser el punto de partida para todo análisis o reflexión del Gobierno.

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