Jaque, pasado y futuro

Esta semana se cumplirán dos años en los que Celso Jaque se viene sentando en el sillón de San Martín. La pregunta del millón es si los dos años que se seguirá sentando serán mejores. Porque peores, difícil. Pero como ya es un lugar común la crítica a una gestión en la cual el Gobernador no pudo despegar, hoy queremos opinar de algo menos analizado: el aporte institucional que significó la asunción de Celso Jaque.
Desde el punto de vista político-electoral el triunfo peronista de 2007 puede ser visto como producto de una propuesta publicitaria incumplible que a la postre se le volvería en contra apenas asumió. Pero desde el punto institucional Jaque apareció como el candidato que se proponía por sí mismo mientras que César Biffi se postulaba por el pacto Cobos-Kirchner.

En nuestra opinión, lo que el voto de Mendoza no quiso en 2007 fue elegir para la Gobernación una traducción local del pacto Cobos-Kirchner. Sin condenar enfáticamente dicha alianza, los mendocinos prefirieron aquel candidato que -aún formando parte del mismo proyecto nacional- le ponía más límites (o al menos prometía ponerle) al avance del gobierno central sobre la provincia. Como que no les molestara que Cobos fuera vice de los Kirchner, pero sí que ese pacto también pusiera al gobernador.

Los efectos positivos de esa opción electoral se verificaron el día en que Cobos votó contra la resolución 125. Porque si Mendoza hubiera estado gobernada por el candidato del pacto Cobos-Kirchner, las posibilidades de que el vicepresidente votara en contra habrían sido mucho menores, por el temor al castigo del poder central sobre la provincia. O sea, poseer la gobernación, a Cobos le hubiera atado las manos para decidir como decidió.

Si bien lo que estamos insinuando es una opinión de "historia contra fáctica", porque se trata de una deducción basada en un hecho que no ocurrió, lo cierto es que un año después -en junio de 2009-, cuando Jaque estaba alineado con el Gobierno nacional, fueron los candidatos de Cobos -ya contra el poder central- los que se impusieron.

En ese sentido, el voto mendocino en ambas oportunidades cumplió un gran rol de equilibrio institucional, al moderar primero los efectos del pacto Cobos-Kirchner en la política local y al advertirle después a Jaque que un acatamiento acrítico a las imposiciones kirchneristas sólo contribuiría a multiplicarle la impopularidad propia.

Mirando hacia el futuro, Jaque no parece tener intención de diferenciarse del gobierno de los Kirchner pese a que una lectura razonable de los comicios de junio indica que Mendoza, en parte, le estaba pidiendo eso. Pero lo que dice que sí intentará es producir un cambio institucional dentro del sistema político.

El Gobierno asevera que el primer paso en ese sentido fue aprovechar el debate coyuntural sobre la deuda, para un cambio estructural de la coparticipación municipal, con menos discrecionalidad en la relación provincia-municipios.

No obstante, la madre de todas las batallas que busca librar Jaque se inició con la declaración bélica lanzada por su secretario general, Alejandro Cazabán, en su autointerpelación legislativa.

Desde el Gobierno aseguran que esto no es ninguna traducción local de las políticas confrontacionales kirchneristas contra los grupos comunicacionales, porque no se quiere debatir acerca del rol de la prensa. Además -aseguran- otra diferencia con Kirchner es que tampoco se trata de una guerra a todo o nada entre el Gobierno y un grupo económico local, ya que no se busca el exterminio de nadie sino el replanteo de las reglas de juego en lo que se refiere al manejo de los servicios públicos y los recursos estratégicos de Mendoza.

Los principales impulsores de esta estrategia juran que nada más lejos en la mente de Jaque que la reestatización de servicios públicos. Tratando de sintetizar lo que piensan varios de los que están en la primera línea de esta ofensiva, las cosas podrían expresarse más o menos así: La meta es la creación de un sistema de pesos y contrapesos económicos donde a nadie se le quite lo que se ganó legítimamente, pero que a la vez nadie pueda acumular en sus solas manos más de lo que Mendoza resiste por su tamaño y su cultura institucional.

Si algunos quieren llevar la cuestión a una lógica de guerra se equivocan porque no es contra nadie, sino un debate acerca de cómo se toman las decisiones y cómo se mejora la calidad institucional para la toma de decisiones.

El jaquismo parte del diagnóstico de que la debilidad institucional del sector político local permitió un avance muy grande del sector privado sobre las instituciones.

El tiempo dirá si el plan político que hoy se discute en el cuarto piso de la Casa de Gobierno (por ahora no mucho más allá de ese piso), puede ayudarle institucionalmente a Mendoza como ayudó que en 2007 Jaque le ganara al pacto Cobos-K y que en 2009 Cobos le ganara a un gobierno muy sometido a la Nación. Que a la postre es lo que importa, porque los gobernadores y los vicepresidentes pasan, pero las instituciones quedan.

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