Jaque nuevo año... ¿y nuevo gabinete?

El Gobernador empezó mal su gestión hace un año porque le falló el gabinete que pensó tener. Ahora, a partir de lo mejor que tiene, intenta un viraje.
Cada gobernador tiene su propio estilo político, el cual suele expresarse, simbolizarse, proyectarse, encarnarse, en su gabinete, el cual -bien elegido- debería ser prolongación de su personalidad. Y he allí quizá donde esté el principal faltante de Celso Jaque en su primer año de gestión: en que no ha podido construir un gabinete de acuerdo a su modo de ser.

Nuestro gobernador no es un líder personalista, un conductor equilibrista o un estadista obsesionado por las grandes estrategias. No, Jaque es más bien un contador con visión política, ordenado, obsesivo en los pequeños detalles, que necesita rodearse de personas con poder equivalente aunque con estilos diferentes que contrapesen al suyo.

Básicamente, Jaque es un primum inter pares, un primero entre iguales, que aún no encontró a sus pares, sus iguales. Y entonces tiene serias dificultades de conducción, ejecución y comunicación, en gran medida por no haber podido lograr su gabinete.

El gabinete que no pudo ser. Sabedor de sus limitaciones, Celso Jaque dudó al ganar las elecciones -hace un año- sobre el criterio para elegir sus colaboradores. Supo desde siempre que un PJ no actualizado tenía más pretensiones que pretendientes a cargos de primer nivel. O que una concertación interpartidaria era imposible porque precisamente contra eso había ganado. O que sus hombres de confianza eran muy pocos para formar un gabinete consistente.

Tampoco quería ser un continuador de las gestiones peronistas anteriores reiterando nombres gastados. Tenía, sí, una idea generacional basada en darle poder a los peronistas más jóvenes pero no venía de un proceso donde ellos se habían preparado para gobernar (incluso muchos, ante los triunfos radicales, habían emigrado a la actividad privada).

Por lo tanto, no sabía qué hacer ni con quien hacerlo hasta que decidió apelar a su ideología personal: intentó, entonces, conformar un gabinete “conservador” con representantes de las “fuerzas vivas” mendocinas. Y puso manos a la obra.

En sus ilusiones estaba combinar a partidos e instituciones en un solo haz bajo su égida. Y pensó nombres. Su apuesta más audaz era lograr que el Partido Demócrata aceptara conducir el área de seguridad. Y cuando lo logró, avanzó por más: quería a un hombre del empresariado local para economía, otro de la Iglesia para las políticas sociales, alguien de la Universidad para educación, etc, etc. Pero sólo logró al PD y por eso su gabinete nació de sesgo conservador, pero rengo.

Para colmo, apenas empezó su gestión, Kirchner toleró que su ala “progre” le destrozara a Jaque la alianza con los demócratas, por la presencia en el gabinete del comisario Aldo Rico, cuestionado por su participación en el proceso (estamos hablando del mismo Kirchner que ahora, apoya a otro Rico -de nombre Aldo- de probado golpismo, pero necesario para ganarle en Buenos Aires a “enemigos” como Felipe Solá).

Luego del adiós al PD, Jaque perdió la brújula hasta que la fortuna le sonrió cuando Cobos y Cristina se enemistaron. Entonces pudo instruir a su nuevo ministro de Seguridad, Carlos Ciurca, que continuara la política de seguridad demócrata, pero con rostro peronista.

Y mucho más: en la medida en que el matrimonio presidencial se fue peronizando por futuras necesidades electorales, Jaque pudo ir imaginando un nuevo gabinete que es el que está intentando construir para el segundo año: un gabinete bien peronista que antes hubiera sonado como “conservador” ante las ínfulas progresistas de entonces de los Kirchner, pero que hoy parece de ultraizquierda comparado con las alianzas que la Presidenta y su esposo hacen, particularmente en la provincia de Buenos Aires.

El gabinete que quizá pueda ser. Así, en las figuras del ministro de Infraestructura (Francisco Pérez), del de Gobierno (Mario Adaro), de la de Desarrollo Humano (Silvia Ruggeri) y del secretario de Ambiente (Guillermo Carmona) Jaque quiere simbolizar lo que será su segundo año de gestión: peronistas más peronistas que kirchneristas, pero a la vez más renovadores que “pejotistas”, quienes de alguna manera quieren repetir -a su estilo- los doce años de gobiernos justicialistas mendocinos, perfeccionándolos.

Con estilo político más bien militante pero prolijo, más territorial que de gabinete, más voluntarioso que intelectual. Funcionarios que buscan ser referentes de una nueva generación política mendocina que incluya no sólo a peronistas.

Claro que con esos cuatro no alcanza. Deberá entonces Jaque para lograr que este segundo gabinete no fracase, que todos los demás también adhieran al espíritu arriba citado. Que falta en aquellos ministerios técnicos pero sin visión política, como los de Producción y Hacienda. O con falencias de gestión, como Educación y Salud. O con demasiado bajo perfil, como Turismo y Cultura. O el caso especial de Seguridad, donde el ministro Ciurca se mueve como el correcaminos.

En síntesis, Jaque empieza su segundo año con escasa imagen positiva en la población, pero entusiasmado porque siente haber encontrado (o más bien construido) a sus primum inter pares ministeriales con los cuales quizá pueda avizorar un camino más exitoso.

Habrá que ver qué hace con las áreas flojas de su gestión, que por ahora son más que las que suscitan expectativas esperanzadoras.

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