Jaque a la intimidad en la Web

Por: Ricardo Roa

El espionaje, antes un trabajo de elite para agentes sofisticados, ahora está casi al alcance de cualquiera. Como pan caliente, se venden programas que permiten robar claves de mail, grabar conversaciones en chateos o mirar las fotos guardadas en Internet. Basta con bajar un programa para perforar la intimidad de quien se quiera

Internet es dual. Por un lado, una apoteosis del exhibicionismo. El lugar que muchos elijen para mostrarse sin pudor y convocar contactos. No para preservar la privacidad sino lo contrario: desarmarla y ver también a los demás.

Pero hay quienes son vistos sin ver a la vez quién los mira. Internet alberga a una vida privada desprotegida. Los intercambios por mail o chat no deberían ser propiedad de cualquiera sino sólo de quien los emite. Pero espiar la intimidad ajena puede ser fácil en Internet. Hay software ya muy expandidos que vuelven transparente a la Red. Son legales. Pero su uso así es ilegal.

Un vendedor de estos programas dice que la mayoría de sus clientes son hombres y que el 80% los compra para espiar a sus parejas. Celos. El imaginario de que el otro hace en Internet lo que uno mismo hace o haría: engañar. La sospecha del engaño vuelve obsesivo al supuesto engañado.

Aunque hay espionajes para todos los gustos y posibilidades. No sólo por infidelidades reales o aparentes. En cualquier caso se violenta la intimidad del otro y no hay razón que justifique esta forma de autoritarismo enmascarado salvo cuando se trata de delitos. Y haya una autoridad judicial que les proporcione un marco legal.

Es un mundo nuevo. Pero en un punto todo sigue igual. En sí misma, la tecnología no es ni buena ni mala. Depende del uso que se le dé.

Comentá la nota