Jaque arma el segundo tiempo de su gestión.

Jaque arma el segundo tiempo de su gestión.
El Gobernador se toma tiempo para hacer cambios en su gabinete. Eso sí, quiere que sea todo jaquista. Veamos qué y quiénes son los jaquistas.
El gobierno de Jaque sabe que necesita reinventarse, pero no sabe cómo. Entonces, tantea opciones a ver qué pasa, replantea lentamente su gabinete y, frente a la coyuntura, intenta tapar las explosiones con fuegos artificiales, ver si es posible aliviar o distraer el efecto de las bombas reales con el ruido festivo de las bombas de estruendo. Mientras busca ideas y los hombres para aplicarlas, intenta sobrevivir en un mundo hostil.

Los jaquistas se preguntan -como casi todos- si hay alguna posibilidad de resurrección del kirchnerismo. Por ahora no la ven, pero tampoco están dispuestos a imaginar aún algún otro posicionamiento dentro del PJ nacional.

Ante eso sólo queda proseguir una buena relación con la presidenta Cristina, para lograr lo que se pueda, pero sabiendo que ya no está allí el eje de la política local, como supuso el gobernador Cobos en sus dos últimos años y el gobernador Jaque en sus dos primeros.

No habrá tampoco grandes aperturas o la incorporación de notables. Es que no hay notables que quieran participar del gabinete de Jaque, ni Jaque ya tiene interés en ello. Al principio intentó armar un gabinete corporativo de sesgo conservador, donde empresarios, religiones y algunas otras fuerzas vivas más tuvieran su representación ministerial. Pero sólo aceptaron los demócratas, y la cosa no anduvo.

Con respecto al resto del peronismo mendocino, Jaque nunca se mostró muy abierto, quizá persuadido de que las islas en que se divide el PJ local sólo quieren porciones de poder, pero no participar del poder. El ejemplo de los azules del "Chueco" Mazzón le bastó, ya que ellos jamás cogobernaron fundiéndose con el jaquismo, sino que -además de preservar su identidad- sólo quieren manejar algunos organismos con la mayor autonomía posible.

Acerca de la recuperación de figuras provenientes del peronismo que gobernó Mendoza entre 1987 y 1999, la generación jaquista guarda con ellos una relación de amor-odio. Los consideran sus maestros pero también responsables de muchos de sus infortunios.

A veces se avergüenzan de mostrarse junto a ellos, otras los desearían imitar, en general quisieran tenerlos como asesores... pero escasamente se definen -aunque quizá quieran serlo- como continuadores de esos años y esos hombres.

Un tanto aislados entonces del Gobierno nacional, de las fuerzas vivas, de su pasado político y del resto del PJ local, los jaquistas buscan ser ellos mismos y ahora lo hacen con cierto alivio, ya que nadie espera mucho de ellos luego del 28. Ni siquiera ellos esperan mucho de sí mismos. Entonces, con lo que tienen, y con no mucho más, esperan armar el equipo de gobierno homogéneo que aún no lograron constituir.

Confían en que Jaque se haya sacado de la cabeza esas ideas de gobernar con técnicos ni siquiera muy probados. Y se sienten contentos de haberlo persuadido -o que éste se haya persuadido por sí solo- de que con ser maestra como las de antes no alcanza para conducir la educación de hoy.

Para ellos política es lo que hace el ministro de Seguridad, Carlos Ciurca, que a falta de política en el área ha puesto cuerpo y voluntad atajando pelotas de todo tipo, incluso innumerables goles en contra.

O la que hace el ministro de Gobierno, Mario Adaro, como la cara negociadora de un Gobierno que no pretende grandes pactos políticos pero sí algo más que un mero tome y daca donde sólo se satisfagan ambiciones personales o sectoriales.

También persiste sin problemas (o mejor dicho, gracias a ellos) el secretario de la Gobernación, Alejandro Cazabán, que se siente cómodo en su rol post-jacobino que cambió las purgas en Seguridad que hizo en la gestión Lafalla por los ataques destemplados contra opositores, jueces y todo el que se le ponga enfrente (o a los que él ponga enfrente) cuando se trata de desviar la atención de algún problema propio.

Sigue firme el ministro de Infraestructura, Perez, un hombre que busca ponerle poesía, mística y épica a las obras públicas, aunque a veces se quede un tanto en la poesía.

Y el secretario de Ambiente, Guillermo Carmona, más político que técnico en una área demasiada técnica, por lo que siempre se lo ve como para otra cosa. También sobreviven como técnicos-técnicos el ministro de Salud y el de Hacienda, siempre potencialmente reemplazables, pero siempre sin saber por quién.

Entre todos, brilla el flamante ministro de Producción, Raúl Mercau, al que imaginan hacedor de goles, como el primer delantero de este equipo defensivo. Y ponen alguna ficha en el probable director de Escuelas, al que ven como un técnico con visión política, cosa que por ahora sólo imaginan los jaquistas.

En cambio, el futuro del Ministerio de Desarrollo Humano no queda claro. No tanto por ineficiencia de la ministra sino por demasiados conflictos internos y por la falta de proyección de planes teóricamente adecuados pero escasamente generalizables. Y luego del escandalete con Vicentico y los Cadillacs, prevén reestructuraciones en las áreas "promocionales" (Turismo, Cultura y Deportes) donde las cosas no han andado como se esperaba, o peor.

En síntesis, sin grandes expectativas y tampoco sin demasiados apuros, Celso Jaque va armando un gabinete para el segundo tiempo de su gestión. A la espera de un destino más favorable, o al menos de algún destino.

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