James se convirtió en asuntos internos

Las comunicaciones detectadas por el juez federal Norberto Oyarbide contradicen la posición del ministro Montenegro acerca de que el espía "nunca pisó" su cartera. En cuatro allanamientos secuestraron computadoras de oficinas del gobierno de la Ciudad.
Las antenas de la compañía telefónica Nextel revelaron que Ciro James, el espía que pinchó los teléfonos de Sergio Burstein, dirigente de la agrupación Familiares y Víctimas del atentado a la AMIA y del empresario Carlos Ávila, realizó decenas de comunicaciones con su teléfono celular estando dentro del edificio donde funciona el Ministerio de Justicia y Seguridad porteño. El informe que tiene el juez Norberto Oyarbide en su despacho –y que motorizó cuatro allanamientos realizados ayer– consigna además que James mantenía un contacto muy fluido con Jorge Alberto "Fino" Palacios, renunciado titular de la policía metropolitana, con su actual jefe, Osvaldo Chamorro, y con Roberto Ontivero, un hombre del círculo íntimo de Palacios que también entró a la nueva policía.

La confirmación de que durante agosto y septiembre James pasó mucho tiempo dentro del ministerio desmentiría la versión oficial de que el espía todavía no prestaba funciones en la nueva fuerza porteña. El propio ministro del área, Guillermo Montenegro, había negado esta posibilidad. Ayer, ante la consulta de este diario, se sorprendió y dijo: "Lo tendrá que explicar Chamorro. Yo nunca vi a James en mi vida y hasta donde a mí me informaron, no trabajaba acá". Según lo que Chamorro declaró a la Justicia, James estaba a punto de entrar en la fuerza, pero su ingreso no se había concretado porque tenía un contrato con el Ministerio de Educación.

Los cruces de llamados tienen datos incontrastables que complican a la cúpula de la Metropolitana. En esos dos meses, hay alrededor de ochenta llamados de James a teléfonos de la flota de Arpa, organización de seguridad, y Strategic Security Consultancy, dos empresas de Palacios. Hacia los domicilios de esas sociedades se dirigió ayer la División Asuntos Internos de la Policía Federal, enviada por Oyarbide. En la avanzada incluyeron también una oficina que Chamorro tiene al lado de Arpa, mientras que, paralelamente, un grupo de policías llegaba al Ministerio de Educación porteño, donde secuestraron las computadoras del jefe de la Unidad de Auditoría Interna, Roberto Ayub, y la jefa de Gabinete, Roxana Barroso. Bajo el mando de ambos trabajó Ciro James entre 2008 y 2009 gracias a dos contratos de 56 mil y 72 mil pesos anuales, respectivamente, que tenía por servicios de asesoría legal con Educación. Los dos funcionarios y el ministro del área, Mariano Narodowski, no pudieron precisar ante el juez las tareas concretas de James, pero todos juraron que no tenían idea de que ese abogado era además espía de la Policía Federal.

A pesar de que la trama de espionaje de James complica cada vez más al gobierno porteño, Mauricio Macri elige no hacer declaraciones. Este diario se comunicó ayer varias veces al teléfono de su vocero, que no respondió los llamados. La negación llega hasta la práctica, ayer hubo reunión de gabinete y nadie levantó la voz para hablar de este escándalo (ver aparte).

Los allanamientos fueron discretos y cuidadosos. Cerca de las seis de la tarde, dos funcionarios del juzgado de Oyarbide, acompañados por tres efectivos de la Policía Federal Argentina, llegaron a Maipú 216, donde en el 7º B funciona desde hace años Strategic Security Consultancy, la oficina en donde el Fino recibe a sus clientes escoltado por paredes llenas de condecoraciones, fotos y diplomas personales.

Durante las dos horas y media que duró el operativo, el único sonido que cortó el silencio sepulcral fue el rasguido de la cinta de embalar que los oficiales de inteligencia usaron para precintar las dos computadoras que se llevaron y toda la documentación que Oyarbide ordenó secuestrar, según pudo observar este diario. A las 20.30, los funcionarios salieron en estricto silencio. "Sólo podemos decir que hemos venido por un procedimiento ordenado por el juzgado del doctor Oyarbide", confió a Crítica de la Argentina un agente de la Federal que reserva por su función en el área de Inteligencia. No era para menos, habían violado la privacidad de uno de los hombres más respetados por todos los espías de la misma fuerza.

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