"Jamás estaría de novia con un militar"

La diputada kirchnerista es hija del fallecido gobernador peronista de la provincia de Buenos Aires Oscar Bidegain. Dice que su apellido "es una obligación moral" y que su padre "fue un patriota". Se casó dos veces y tiene tres hijos, con quienes nunca habló de sexo.
¡Qué manía esa de preguntar la edad! Ni al médico se la digo", apunta entre risas la diputada nacional del Frente para la Victoria Gloria Bidegain. Se arregla el cabello, contempla sus manos por algunos segundos y remata con una frase que una vez escuchó de otro: "Si una mujer dice la edad, entonces puede decir o hacer cualquier cosa. Yo no hago ni digo cualquier cosa". Con el maquillaje perfecto y sin arrugas a la vista, la hija del ex gobernador bonaerense Oscar Bidegain recién se anima a dar una pista sobre sus años al final del reportaje: "No soy una cuarentona pero tampoco estoy en los sesenta".

–¿Cómo se presentaría?

–(Hace un silencio largo). Nunca me senté a pensar eso... Soy una mujer política... (Silencio). Una mujer interesada por el arte y la lectura, sentimental y coqueta.

–¿Su apellido le ha generado algún tipo de peso en el ámbito político?

–Más que ser un peso, es una obligación moral e histórica.

–¿En algún momento sintió que no le hacía honor a su apellido?

–¡Todo el tiempo! (Risas). Desde que nací hasta ahora. Siempre he estado orgullosa de mi apellido, aun en los momentos más difíciles. Mi padre ha sido un gran hombre y un patriota. Es difícil hacerle honor y llegar a su altura es imposible.

–¿Qué recuerda de la época en la que su papá estaba en la gobernación?

–Fue una época lindísima, de muchísima participación democrática. Después de mucho años de dictadura, había mucha alegría y ganas de construir cosas. Con miles de errores, tal vez, pero todos querían construir. Había un montón de gente joven con ganas de hacer cosas.

–¿Qué es lo mejor y lo peor de su generación?

–Lo mejor supongo que fue la ilusión y la entrega. Y lo peor, la irreflexión. Pero hay que pensarlo en ese contexto, porque es muy fácil juzgarlo treinta años después.

–¿Había tiempo para otras cuestiones que estuvieran vinculadas con la militancia?

–Yo tenía tiempo. (Risas). Había lugar para divertirse con las cosas que siempre se han divertido los jóvenes. Iba a bailar, salía, me enamoraba. Escuchábamos mucho folklore. El hombre que sabía tocar la guitarra ganaba. El que era buen mozo igual quería aprender a tocar la guitarra.

–¿Hay algo que no entienda de la generación actual?

–No. Yo no me siento tan distinta a esta generación. Tal vez no entiendo por qué salen tan tarde o que se fijen en las caras de los cantantes. A mí jamás me importó la cara de los que cantaban. Los Beatles podrían haber sido cualquier cosa y no me importaba. No había un culto a la imagen como ahora.

–¿Hay algún tema sobre el que no habla con sus hijos?

–Sobre sexo. Nunca hablé de eso con ellos. Son autodidactas. Yo también fui autodidacta. (Risas).

–¿Qué perdió con el paso del tiempo?

-Juventud, belleza y salud. En lo demás, gané. Todo es ganancia. Te volvés más sabio, inteligente, capaz, y podés hacer las mismas cosas que hacías antes pero mejor. Sabés vivir mejor la vida, te tomás las cosas con más alegría y de otra forma.

–¿Se podría decir que con el paso del tiempo la vida es mejor?

–Sí, la vida está mejor. Ni loca volvería atrás.

–¿Qué momento de su vida añora?

-Si bien no volvería, recuerdo mucho los momentos en que vivían mis padres. (Se emociona). Son cosas que ya no tengo.

–¿Con quién vive hoy?

–Con mi hija mayor y el hijo de ella.

–¿Su nieto?

–Sí.

–¿Le gusta ser abuela?

–Sí, pero no me gusta que me digan abuela.

–¿Cómo es vivir con su hija y su nieto?

–Siempre viví con ella. Me casé dos veces. La primera, cuando terminé el colegio. Nunca viví sola. Pasé de mi cuarto de niña a otro con mi hija. Después me separé y me volví a casar y tuve tres hijos.

–¿Se volvería a casar?

–No. Ya cumplí con mi deber. Tuve varias parejas pero no he vuelto a convivir. Estoy mal acostumbrada. Hago lo que me da la gana. Soy caprichosa y no me gusta compartir ni el dormitorio ni el baño.

–¿Está en pareja?

–No.

–¿Se enamoró muchas veces?

–Lo que tengo siempre son metejones. Tengo estudiado que eso dura nueve meses. Por eso, uno ya sabe manejar las cosas. No hace falta que te vayas a vivir con la persona. No se va a venir el mundo abajo.

–¿Piensa que puede volver a tener otro metejón?

-¡Ay, qué pregunta! ¡Sí! Soy muy enamoradiza.

–¿Alguna vez salió con un hombre que estaba en sus antípodas ideológicas?

–Sí. Pero con un militar jamás saldría.

–¿Esas diferencias fueron una complicación en la pareja?

–No, porque yo llevaba la voz cantante. (Risas). No se peronizó, pero... En las relaciones, el tema político lo dejo de lado. No sólo en las amorosas, sino también en las amistosas. Con mis amigas de la infancia jamás hemos hablado de política. A la gente la quiero y estimo más allá del partido del que sean. La política no es lo central en mi vida. Hay gente que no lo puede separar. Tal vez, en las parejas eso es más difícil porque uno comparte más tiempo. Sin embargo, he salido con más hombres no peronistas que peronistas.

–Le cambio de tema, ¿qué hace cuando quiere descansar?

–Me gusta mucho caminar, pasear y leer. Leo muchísimo. Me gusta mucho salir de compras. Más que un shopping, me gusta caminar y mirar vidrieras.

–¿Busca ofertas o espera a las liquidaciones?

–No. Cuando hay muchas cosas revueltas y mujeres tironeando, me mareo.

–¿Hay algo en lo que no gastaría un centavo?

–En pieles.

–¿Por una cuestión ecologista?

–Porque me dejaron de gustar, además acá hace mucho calor. Tampoco gastaría dinero en sombreros. Cuando vivía en Europa usaba, porque sentía mucho frío en las orejas, y además me quedan muy bien. Acá, si te ponés un sombrero, sos una ridícula.

–¿Fantaseó con dedicarse a otra cosa?

–Sí. Estudié cine cuatro años. Empecé cuando volví del exilio y luego dejé, cuando murió mi padre y mi separé de mi segundo esposo. Perdí la regularidad y ya no seguí. Sin embargo, creo que tenía cualidades.

–¿Alguna vez se deprimió?

–Sí, tuve depresión en el exilio y en el desexilio. Es difícil vivir afuera y también volver.

–¿Tiene alguna deuda pendiente?

–No. Estoy muy agradecida con todo lo que me dio mi país, mi familia y la vida.

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