Jalile hace meritos para la declaración de herejía

La moralina oficialista está por explotar; esa extravagante moral que practican los popes del FCS, sin obligaciones ni menos sanciones, se indispuso cuando el MIRA se hizo cargo de la conducción de la Cámara de Diputados con votos de la oposición; pero ayer se agravó cuando Gustavo Jalile comparó las gestiones actuales con las de Ramón Saadi.
El intendente Gustavo Jalile no aprende, no recapacita. Es que no entiende que ésta época política se instaló con la pretensión de dar lecciones de moral a la época que la ha precedido. Por eso deben haberse escuchado con gran sufrimiento sus declaraciones de ayer tarde.

Dijo: "en la provincia se vive una situación difícil, es vergonzoso ver las páginas con los conflictos que hay en los municipios, los problemas con la luz y el agua, y todavía se le hecha la culpa al gobierno de Ramón Saadi". Pero eso no fue todo: "me da vergüenza que estos que dicen ser radicales le sigan echando la culpa a otros, somos responsables de lo que ocurre en la provincia y si no lo revertimos es culpa nuestra".

En sus diabólicas declaraciones Jalile parece insinuar que han sido las ideas políticas de sus correligionarios, y las prácticas sobre todo, las que nos han conducido a ésta catástrofe que denuncia, y que toda la sociedad le cree, porque sufre en carne propia esa realidad.

En sus desvaríos, Jalile también nos confía que las políticas del oficialismo radical solo nos regalaron a todos los catamarqueños perversiones más espectaculares que la del Estado peronista que lo precedió. Increíble.

Pero lo que debe ser un golpe definitivo para sus correligionarios, o "ex" a estas alturas, debe ser la observación de que Catamarca esta a la búsqueda de una nueva moral. Cómo sino debe entenderse su planteo de "hablar de política, pero enserio, basta de acuerdos para unos cuantos, hay que mostrarle a la sociedad que las cosas puedan cambiar, pero no para el bolsillo de unos cuantos, sino para todos".

Despechado, como un catamarqueño mas, Jalile no quiere resignarse. Su inteligencia, si la tiene claro, parece indicarle que los catamarqueños están cansados de las virtudes bien mediocres de los representantes de las familias todopoderosas de Catamarca; sabe cuantos problemas graves trae aparejado este conflicto moral extendido al cabo de los años, desde el ’91 a la fecha; olfatea que muchos están dispuestos a abandonar a las falsas elites, porque se dieron cuenta que ellas fueron las elites de la mediocridad. Será?

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