La izquierda mexicana se reacomoda

La coalición FAP decidió perder su principal partido por ser “colaboracionista” del actual gobierno conservador de Calderón.
El reacomodamiento de la izquierda mexicana con miras a las elecciones legislativas federales y las locales de 2009 se inició con la formalización de una coalición bajo las siglas del Frente Amplio Progresista (FAP), que desde 2006 gira en torno de Andrés Manuel López Obrador, pero sin el Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que fue candidato a la presidencia de la República y a quien ha dejado solo luego de que ese partido quedara en manos de una de las tantas corrientes que lo componen y que se ha deslindado de las movilizaciones y protestas lopezobradoristas en los últimos meses.

El Partido del Trabajo (PT) y Convergencia, integrantes del Frente Amplio Progresista que, junto con el PRD, postularon a López Obrador como su candidato presidencial, presentaron el registro de su coalición ante el Instituto Federal Electoral sin incluir al PRD, que ahora amaga con sabotearlos reclamando que no pueden hacer uso de las siglas de ese frente del que, en los hechos, se apartó hace varios meses.

Hasta mayo pasado, los tres principales partidos de izquierda actuaron juntos en el FAP y llegaron a tomar el Congreso de la Unión en 2006 para tratar de bloquear la toma de posesión de Felipe Calderón. Hace unos meses hicieron lo mismo en las tribunas de la Cámara de Diputados y del Senado de la República para impedir que el oficialista PAN y el PRI aprobaran al vapor una virtual privatización de Petróleos Mexicanos (Pemex) impulsada por el presidente Felipe Calderón. Luego de meses de discusión, cabildeos y foros públicos, el grupo que ahora controla el PRD por una decisión judicial –y que es contrario a López Obrador– sumó sus votos para sacar una reforma petrolera que fue calificada por el PT y Convergencia como “regresiva”. De paso, el PRD reconoció tácitamente a Felipe Calderón como presidente de México, a pesar del denunciado fraude electoral en 2006 que habría despojado a López Obrador del triunfo por apenas medio punto porcentual de la votación nacional.

Ante el “colaboracionismo” de este PRD, el Partido del Trabajo y Convergencia decidieron integrar una coalición electoral sin el principal partido de izquierda, y en cambio buscarán aliarse con otras organizaciones carentes de registro, como los partidos Revolucionario de los Trabajadores y el Popular Socialista. La coalición del FAP deberá presentar candidaturas comunes para los 300 distritos electorales federales. Por separado, cada partido deberá postular a otros 200 candidatos plurinominales para disputar las 500 curules que renovarán la Cámara de Diputados a mediados del próximo año.

El PRD amaga con impugnar esta coalición para impedir que utilice las siglas del FAP y se haga del capital político de López Obrador, y ante el riesgo de una desbandada de sus militantes (sobre todo después de que el propio PRD haya designado a sus candidatos a diputados federales mediante arreglos cupulares para repartirlas por cuotas entre las corrientes que lo integran), el actual presidente de ese partido, Jesús Ortega, amenazó con expulsar a todos aquellos que apoyen a los candidatos del FAP o que acepten una postulación de esa coalición.

Por lo pronto, toda una corriente interna del PRD, llamada Movimiento Cívico Nacional, formalizó su adhesión al FAP y anunció que se suma de lleno a la lucha que encabeza López Obrador, pero sin renunciar su militancia en el PRD.

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