Izquierda, derecha, autonomía

Por: Ricardo Kirschbaum

No hay duda de que el afán de los Kirchner no es tanto mejorar sus posiciones en el peronismo, siempre al acecho de quienes tienen el poder, sino con el grueso de la sociedad que ha establecido una diferencia clara con la conducta que se exhibe desde el Gobierno. Las encuestas muestran esa enorme brecha.

La explicación, entonces, es que el control de los medios que se propone el oficialismo apunta a que esa parte del universo, crítica a la gestión del Gobierno, sea domesticada y colabore en la tarea de volver a hacer digerible y posible otra candidatura Kirchner en 2011.

Puede ser una ingenuidad, pero se asienta en la fabulación sobre la influencia negativa que han tenido los medios –y se supone que seguirán teniendo– en las elecciones. Ese estereotipo es funcional al intento de avanzar con una ley de medios que, paradójicamente, proviene de un Gobierno que ha opacado cuando pudo la información pública, aún la más burocrática, ha cegado las fuentes informativas y ha presentado al periodismo como un peligro.

Los argumentos de los Kirchner recuerdan los que fundamentaron la ofensiva de José María Aznar, en España, contra el Grupo Prisa (que edita el diario El País) y contra su figura central, Jesús Polanco. En ese caso, se intentó desarticular un grupo que estaba, para el Partido Popular, fuera del alcance del poder. Y, en esa tarea, tuvieron la colaboración de otros que vieron que el ataque oficial les servía en bandeja una oportunidad que no conseguirían por sí solos.

La revisión comparada demostrará lo obvio: la derecha y la presunta izquierda coinciden en que los medios con credibilidad y audiencias masivas, apoyados en la autonomía económica, construyen una independencia muy molesta para el poder.

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