Iván Werning, economista estrella de la nueva generación.

Iván Werning, economista estrella de la nueva generación.
El argentino fue elegido por sus colegas más destacados en una encuesta de la revista The Economist.
Veinte años atrás, la revista The Economist , una de las más respetadas del mundo, les pidió a los mejores economistas que señalaran a las probables figuras de la siguiente generación. Entre otros, marcaron a Paul Krugman, quien ganaría el Nobel de Economía en 2008. Diez años después, seleccionaron a Steven Levitt, cuya obra Freakonomics popularizó la profesión a niveles impensados incluso para los parámetros de Estados Unidos. Esta vez, el macroeconomista más votado de las ocho "nuevas estrellas" fue? Así es: un argentino.

Iván Werning es actualmente profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés), y a los 34 años se ganó el respeto y la admiración de sus pares más veteranos de la mano de varios artículos que publicó con sus hallazgos y conclusiones sobre cómo se puede determinar la política económica óptima que permita redistribuir el ingreso de manera más equitativa, pero sin desalentar la iniciativa individual.

"Me focalizo en estudiar la eficiencia económica", resume, al dialogar con LA NACION desde Villa La Angostura, donde se encuentra en estos momentos de vacaciones con su familia que, para más datos, abarca a su padre, ex profesor universitario de matemáticas en Estados Unidos, y a su hermano Vladimir, a su vez uno de los argentinos que más alto llegó en Wall Street, como ejecutivo de JP Morgan.

Su padre, según cuenta Iván, influyó en su manera de ver la vida cotidiana. "Les veo el costado científico a las cosas", dice, aunque siguió su propia senda. Integró la cuarta camada de egresados de la Universidad de San Andrés, a mediados de la década del noventa. Luego completó su maestría en la Universidad Torcuato Di Tella y enfiló hacia la Universidad de Chicago, donde obtuvo el doctorado en 2002.

Poco después se instaló en el MIT.

Según explicó The Economist en su última edición impresa de 2008, sus editores recolectaron los nombres de más de 50 posibles "estrellas", pero que algunos se repitieron a lo largo de las semanas.

De esa primera lista extrajeron la definitiva, todos con doctorados obtenidos durante los últimos diez años. Y entre todos ellos, el macroeconomista mencionado más a menudo fue Werning.

Dos resultados

¿Por qué fue así? De la siguiente manera lo explica la revista: "Werning y sus coautores han obtenido al menos dos resultados teóricos de nota. El primero es mostrar que los desocupados tienen suficientes incentivos para trabajar, aun cuando reciban beneficios de desempleo indefinidamente. El segundo es que los legados de una generación a la siguiente deberían ser subsidiados por el Gobierno, con las herencias más pequeñas y recibiendo tasas más elevadas de subsidios".

Su primer foco de interés lo llevó a una conclusión opuesta a la que exponían sus pares, que consideran que proveer seguros de desempleo por tiempo indefinido alentaría la apatía de quien debería buscar un nuevo trabajo, pero que podría vivir sin mover un dedo. Por lo tanto, concluyen, acotar la ayuda a seis meses, como es el caso en Estados Unidos, "empuja" al beneficiario a buscar otro empleo.

Werning detectó, sin embargo, que el factor decisivo para influir en las conductas no es la extensión temporal del beneficio, sino su monto. Por lo tanto, la clave pasa por determinar la relación óptima entre el monto del seguro y la duración de ese beneficio. ¿Conclusión? "Que la duración óptima del beneficio es indefinida", explica.

-¿Qué debería hacerse, entonces? Sospecho que la respuesta es determinar primero cuál es el nivel óptimo para el monto del seguro de desempleo y luego mantenerlo abierto. ¿Es así?

-Sí, es así exactamente. Incluso el beneficio óptimo (indefinido) puede ser más bajo que los beneficios actuales (temporales) -replica, antes de aclarar que va por más-. Ahora estoy trabajando en otro proyecto, con Rob Sumer, en el que enfatizo no solamente los incentivos de una persona desempleada, sino el hecho de que existen varios tipos de desempleados, algunos más empleados o con más disposición a encontrar un trabajo que otros.

Su segundo hallazgo mostró que la transferencia de riqueza a los hijos debería ser regulada para evitar la consolidación de una inequidad que a su vez conduzca a que se produzca una acumulación de dinero en pocas manos.

Es decir, dado que los chicos de padres ricos tienen más chances de ser ricos, debería subsidiarse a los de menores recursos para estabilizar la situación, lo que a su vez resulta mejor para la salud económica de una sociedad. Eso es posible mediante un impuesto a la herencia, al que él prefiere encuadrar como un subsidio progresivo.

"Es casi obvio que casi todas las medidas impositivas tienen un efecto redistributivo. Yo trato de extender la dinámica entre la eficiencia económica y la redistribución", sintetiza, sin ahondar en sus disquisiciones teóricas que The Economist definió como "elegantes", mientras intenta tender puentes entre los trabajos de Frank Ramsey y de James Mirrlees, otro hombre distinguido con el Nobel, en 1996.

"Eso de «elegante» se lo dejo a The Economist . Perfiles de economistas hay varios -cuenta desde la Patagonia-. Mi trabajo es más conceptual, teórico; de alguien a quien le gusta pensar en situaciones macroeconómicas."

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