Israel cortó el chorro en la Franja

Según el informe, miles de familias palestinas luchan por conseguir suficiente agua para beber, asearse y trabajar la tierra, mientras los colonos pueden llenar piletas de natación.
Israel fue acusado ayer de negar un acceso suficiente al agua corriente tanto a los habitantes de la Franja de Gaza como a los de Cisjordania mediante medidas discriminatorias que les aseguran a los judíos una cantidad de agua cuatro veces mayor que la que consumen los palestinos.

El informe, realizado por Amnesty International, describe la situación de miles de familias palestinas que luchan sin éxito para conseguir la cantidad de agua suficiente para beber, asearse y trabajar la tierra; los israelíes, mientras tanto, señala el estudio, incluyendo a las familias de colonos residentes en los asentamientos de Cisjordania, disfrutan de cantidades suficientes para uso personal, agricultura, riego de jardines e incluso llenar decenas de piletas de natación al interior de las colonias.

Amnesty precisa que los aproximadamente 450 mil colonos que se establecieron en Cisjordania y Jerusalén oriental desde la Guerra de los Seis Días, en 1967, consumen tanta o más agua que los 2,3 millones de palestinos que viven en el mismo territorio.

La organización detalla, también, que, en promedio, los palestinos consumen unos 70 litros de agua por día per cápita, lejos de los 100 recomendados por la Organización Mundial de la Salud y lejísimo de los 300 litros consumidos en promedio por los residentes israelíes.

El reporte denuncia, a su vez, que entre 180 mil y 200 mil palestinos residentes en comunidades rurales –en especial al interior de la denominada Area C, bajo control israelí, que abarca cerca del 60 por ciento del territorio– no tienen ningún acceso a agua corriente. De acuerdo con Amnesty, el ejército israelí incluso les impide a estos habitantes almacenar agua de lluvia, destruyéndoles y confiscándoles cisternas y tanques.

La investigación señala, al mismo tiempo, la distribución inequitativa del agua proveniente de un acuífero de montaña situado en Cisjordania, principal fuente de abastecimiento de las dos comunidades y de la cual Israel obtiene el 80 por ciento de su consumo. El informe también detalla cómo, luego de que tanto Líbano como Siria, Jordania e Israel se abastecen del agua del río Jordán, no queda nada para los palestinos.

El reporte, no obstante, se muestra crítico en cuanto a la administración del agua hecha en el pasado por la Autoridad Nacional Palestina y remarca que, muchas veces, los donantes internacionales carecen de cualquier tipo de coordinación cuando se trata de financiar proyectos relacionados con el abastecimiento de agua para los territorios ocupados. Pero el argumento central del informe apunta a las restricciones impuestas por las autoridades israelíes y sus continuas negativas a otorgar permisos a los palestinos para hacer pozos y otras instalaciones.

Si los Acuerdos de Oslo de mediados de los años 1990 consagraban una utilización desigual del recurso, el informe señala que, desde entonces, la situación tendió a empeorar. Y, en lugar de exigir un cese a las restricciones, los donantes internacionales –entre ellos los gobiernos de Estados Unidos y Alemania– se limitan a destinar cantidades inmensas de dinero para proyectos de corto plazo y reparar daños causados por bombardeos israelíes.

El reporte señala que, en Gaza, entre un 90 y un 95 por ciento del agua del acuífero subterráneo que se encuentra en la costa del territorio y que habitualmente cubrió las necesidades de la población, hoy no es apta para el consumo humano. La investigación agrega que la negativa de Israel a permitir la exportación de agua desde Cisjordania a Gaza, a la que se suma el bloqueo al ingreso de materiales de construcción e infraestructura a la Franja, llevó a que todo el sistema de cloacas del territorio palestino esté "al borde del colapso".

Donatella Rovera, autora del informe de Amnesty, hizo un llamado a Israel para que levante todas las restricciones y explicó que a los palestinos sólo se les permite utilizar "una mínima fracción de recursos que son compartidos y se encuentran en su mayoría en Cisjordania", en tanto que "las ilegales colonias israelíes disfrutan de un abastecimiento virtualmente ilimitado".

Según la Autoridad Israelí de Agua, el informe es "parcial e incorrecto", y el gobierno de Tel Aviv "ha cumplido con todos los objetivos establecidos en los Acuerdos de Oslo, en tanto los palestinos manejaron sus recursos de modo ineficiente". A su vez, la oficina pública del Estado judío rechazó las cifras del informe y precisó que la cantidad de litros consumidos por un israelí y por un palestino eran de 408 y 287 litros, respectivamente.

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