Israel: la cárcel antes que el divorcio

Un estudio demostró que, por año, unos veinte hombres permanecen presos por no permitir a sus mujeres iniciar una nueva vida. Los ampara la ley judía.
En Israel los bautizaron "maridos recalcitrantes". Ellos, prendidos a la milenaria ley religiosa judía que les otorga la potestad de poner fin o no al matrimonio, se niegan a conceder el divorcio a sus mujeres, les coartan el inicio de una nueva vida y con tal de mantener su postura llegan a pasar años en la cárcel.

Mientras tanto, las mujeres denominadas "agunot" (ancladas a su marido) no pueden volver a casarse, ni iniciar una nueva relación porque ello significaría incurrir en adulterio y perderlo todo. Los hijos que tengan con otro hombre se consideran bastardos y ellos, en un futuro, sólo podrían contraer matrimonio con otros bastardos.

"El Estado de Israel tiene que encontrar una forma mejor de acabar con un matrimonio que poner a la gente en la cárcel", asegura a la agencia Efe Susan Weiss, directora de la ONG Centro para la Justicia para las Mujeres y abogada en multitud de casos de divorcio.

Unos veinte hombres pasan cada año una temporada en una celda por este motivo, según Efrat Orbaj, portavoz de las Cortes Rabínicas de Israel. Sin embargo, desde la organización aseguran que la cifra está muy por debajo del número real de casos ya que "muchos maridos conceden el divorcio en cuanto son amenazados con ir a la cárcel", explica la abogada rabínica Rivka Lubitj.

Este año, el caso de un marido preso saltó a todas las portadas de los diarios después de protagonizar una huelga de hambre en rechazo a su condena. El hombre lleva cumplidos dos de los cinco años de pena. Él se negó a lo largo de ocho años a otorgar el divorcio a su mujer y aún lo sostiene. Hace días, puso fin a su protesta.

"Este caso no hace más que demostrar lo absurdo del régimen de divorcios en el país", apunta Weiss, quien reconoce que la situación de los maridos encarcelados es terrible, pero matiza que no mucho peor que la de las esposas "agunot".

"Ellas también están en una prisión: no son libres, no pueden casarse, ni tener citas y sufren el aislamiento social porque son mujeres religiosas que viven sin su marido", apunta.

El Parlamento israelí pasó el pasado lunes en primera lectura una reforma para legalizar el matrimonio civil, pero sólo afectará a la ínfima minoría de personas que pruebe no tener religión, algo muy difícil en el caso de los judíos.

"La reforma no va a solucionar nada porque sólo servirá para gente que pueda demostrar que no tiene una religión, algo muy problemático y que, en último caso, dirimirán los tribunales religiosos", asegura Weiss.

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