Las islas en peligro de desaparecer pidieron frenar el calentamiento

Una alianza de 43 países insulares exigieron la reducción de gases en el mundo.
Cuando todo parecía que iba a ser una pelea entre grandes, aparecieron las más pequeñas de todas para sacudir la conciencia de los líderes en la cumbre de medio ambiente de Copenhague. Un grupo de 43 países insulares que van desde Tuvalu, en el Pacífico, hasta Granada, en el Caribe, exigieron que se limite el alza de las temperaturas del planeta a no más de 1,5 grados centígrados de promedio "porque de lo contrario nuestras islas van a desaparecer en poco tiempo".

Hasta ahora, la discusión estaba centrada en reducir las emisiones de gases para no llegar a un incremento en la temperatura global de dos grados, el límite considerado por los científicos como de "no retorno". Ahora, las pequeñas islas del mundo piden que se vaya más allá porque "está en juego nuestra propia existencia".

El comunicado de La Alianza de Estados Insulares (AOSIS) dice, además, que las emisiones mundiales de gas de efecto invernadero deben empezar a disminuir a más tardar en 2015 y tendrán que ser reducidas en un 85% de aquí a 2050 con relación a 1990.

El "comunicado de las islas perdidas", como empezó a ser denominado en los pasillos del Bella Center de Copenhague, donde se realiza esta crucial cumbre contra el cambio climático, consiguió un efecto particular. En este tipo de conferencias, esos países, en general, tienen muy poco peso. Pero esta vez, lo que conmovió fue la presentación de evidencias de que la mayoría de esas islas/naciones pueden desaparecer en 20 años.

La Alianza, que representa unos 40 millones de personas, insiste en señalar que una alza de 2° centígrados de la temperatura del planeta -la referencia de los países industrializados del G8- tendrá "consecuencias devastadoras" para los pequeños Estados insulares. Más allá de la subida de las aguas, que podría alcanzar un metro a fines del siglo XXI, según varios estudios, el blanqueo de los corales, reserva natural de peces, podría poner en peligro el aprovisionamiento alimenticio de sus habitantes.

El caso de Tuvalu, que se compone de nueve atolones en el Pacífico Sur y que se independizó de Gran Bretaña en 1978, es el más grave. El primer ministro de este país de 12.000 habitantes, Apisai Ielemia, recordó a través de un video que ya han perdido más de un 20% del territorio por las crecidas de agua, y que está negociando con Australia y Nueva Zelandia para poder evacuar a sus compatriotas.

"Lo de Tuvalu está en todos los periódicos porque se puede ver claramente cómo el agua sube día a día. Pero la situación es grave para todos. Por eso presentamos el documento y esperamos que las potencias entiendan que ya tenemos el agua en la garganta", dice con ritmo caribeño Selwyn Hart de Barbados.

En tanto, está circulando ahora por los pasillos de la cumbre un nuevo borrador del documento final elaborado por un grupo de trabajo de Naciones Unidas y del cuál Clarín obtuvo una copia que podría ser la base para el acuerdo que firmarán más de 100 jefes de Estado el próximo viernes. La clave del documento está en que diferencia los objetivos de países desarrollados y en vías de desarrollo. Para los primeros, habría un recorte de entre el 25% y el 40% hasta el 2020. Y para los segundos, entre ellos la Argentina, de entre el 15% y el 30% en el mismo lapso.

"Este texto y el de las pequeñas islas serán el centro de las negociaciones de ahora en adelante", aseguró Jake Schmidt, del Consejo de Defensa de los Recursos Naturales. El documento, que fue redactado por Michael Zammit Cutajar, el delegado de la Isla de Malta, dice que las emisiones mundiales de gases contaminantes deben llegar a su tope "lo antes posible". Pero aclara que el control de las emisiones de carbono debería quedar subordinado a los esfuerzos por terminar con el hambre.

Esto es lo que mantiene muy nervioso al sudanés Lumumba Stanislaus Di-Aping, el líder del G-77 y que surgió aquí como el verdadero portavoz de los 133 países en desarrollo. Anoche, extrañamente, el representante de EE. UU. también criticaba al documento "por no ser lo suficientemente firme con los países desarrollados". Y muchos otros se ponían en una fila ante los periodistas en el Media Center para dar su opinión. En ese mismo momento, en las pantallas aparecían las tremendas imágenes presentadas por los embajadores de las 43 "islas perdidas". El film termina con una nena negra de ojos verdes y muchas trencitas mirando el mar con rostro angustiado.

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