Una isla para la pesadilla china

En la mayor crisis de la era Barack Obama, Pekín rechazó la provisión de misiles y helicópteros a Taipei y cortó todo lazo militar con Washington.
El nuevo contrato de venta de 6.400 millones de armas entre Estados Unidos y Taiwán enfureció a China, que no renuncia a la opción armada para recuperar el control de la isla separatista. Además de suspender la relación de carácter militar con su socio/rival norteamericano, el gobierno de Pekín anunció que impondrá sanciones económicas contra las empresas de este país –entre ellos Boeing, Raytheon y Sikorsky–, que provean de helicópteros, misiles, sistemas de control y buques barreminas que el gobierno de Taipei empleará en su escudo defensivo sobre el estrecho de Taiwán.

El presidente Barack Obama anunció el viernes la venta a Taiwán de sesenta helicópteros Blackhawk UH-60, 114 misiles Patriot (PAC-3) y Sistemas de Distribución de Información, además de 12 misiles antibuque Harpoon y dos barcos barreminas de la clase Osprey.

En respuesta, los ministerios de Exteriores y de Defensa chinos, y la Oficina de Relaciones con Taiwán, lanzaron una andanada de respuestas que van de lo diplomático a lo económico. Estados Unidos se "obstina en tomar la decisión errónea", advirtió la cancillería al embajador norteamericano John Hutsman, y agregó que el contrato tendrá "consecuencias que ninguna de las partes desea ver". Washington rompió nexos con Taipei en 1979 para establecerlos con Pekín, pero desde ese año una ley lo obliga a ayudar a la isla en su defensa. Aunque China ve a Taiwán como parte irrenunciable de su territorio, la isla se considera independiente desde 1949, cuando los nacionalistas huyeron a la isla tras su derrota contra los comunistas de Mao.

En esta nueva pugna, China aún tiene la carta de su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU contra nuevas sanciones que Estados Unidos busca imponer a Irán, como castigo por su programa nuclear. Desde que llegó al poder, en 2008, el presidente Ma Ying-jeou ensaya un acercamiento económico con China. Perosu discurso mantiene tonos independentistas: "La venta contribuye a que Taiwán se sienta confiada más segura en sus intercambios con China". El caso marca el mayor impasse entre China y EE.UU. en lo que va del gobierno de Obama, superior a las controversias por el desequilibrio comercial, el valor del yuan, los derechos humanos, la censura de Internet y de Google, y el Tíbet.

Cuando el yuan hace campaña

La reciente sentencia de la Corte Suprema de Estados Unidos que autoriza a los particulares a entrar en las campañas presidenciales y aportar fondos fue criticada por la administración demócrata del presidente Barack Obama. La limitación del poder de lobbies y empresas en política había sido uno de los objetivos de su plataforma electoral. A esto se suma una nueva alarma, a la que parecen despertar los nacionalistas norteamericanos: la consciencia de que el dinero empresarial, cuyo drenaje a los fondos partidarios se visto así autorizado, puede provenir del extranjero. Todos recuerdan que fondos chinos ayudaron a Bill Clinton a llegar a la presidencia. En el contexto actual, el dinero de Pekín se vuelve, bajo esta mirada, más temible.

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