Irlanda e Islandia, de "joyas" de la nueva economía a una fuerte debacle

Fueron presentados como éxitos del neoliberalismo, pero hoy sufren a pleno la crisis global.
Rápido para crear nombres que nutran la ilusión de la riqueza permanente, un gurú rebautizó a Irlanda "Tigre celta". También Islandia -la lista sigue con Austria o las "joyas" ex comunistas de Europa oriental- fue hasta hace poco una niña mimada del neoliberalismo. Hoy la crisis tritura esas economías.

Quizá Irlanda sea el caso más paradigmático. De "milagro" y modelo a seguir, Alemania, el socio más poderoso de la Unión Europea, ya advirtió que podría caer en default. Y sus números son de temer. Su PBI cayó casi 3% en 2008 y para la revista The Economist lo hará 4% en 2009 y la malaria seguirá en 2010. "Tal vez somos optimistas", advirtió. Pero junto con el achique preocupa el déficit fiscal, que ronda 7% del PBI (la UE sólo permite hasta 3% de rojo) y tocaría 11% este año.

Irlanda generó atención por sus reformas liberales de los 90 que, igual que en Argentina, fueron paralelas a la irresponsabilidad presupuestaria.

Adherida a la UE y a su gigantesco mercado, con un pueblo angloparlante y educado, fuertes bajas impositivas, recortes salariales y desregulación del flujo de capitales, Irlanda atrajo a miles de empresas sobre todo de EE.UU., que se relocalizaron en Dublin y otras ciudades. El Estado se replegó, aunque tuvo el tino de cuidar la educación superior para sostener con nuevos ingenieros y científicos de las universidades Dublin, Cork o Galway la nueva economía, de agropastoril devenida en una ligada a tecnologías e informática (allí fueron Google, Intel, Dell, Microsoft o Apple, llevando a miles de obreros estadounidenses de origen irlandés) y con sesgo exportador.

Pero la riqueza generada, que medida por persona llegó a ser la segunda de la UE luego de Luxemburgo, se volcó mucho a construcción, un rasgo que recorrió el mundo. Sea por lavado de dinero o inversión "segura" en ladrillos antes que en otras aventuras, el sector inmobiliario se multiplicó a escala dislocada de la realidad, y atada a "productos" bancarios de especulación con bonos hipotecarios. Igual que en España y otros países, casi 20% del eufórico pero de corta vida crecimiento irlandés se asoció al sector residencial. El final se conoce: estallido de la burbuja y pérdidas monumentales para los que entraron al juego.

Hoy por la recesión y antes por los recortes impositivos y desregulaciones (que le valió el premio de la ultraliberal Heritage Foundation, que la ubicó entre los 10 primeros países en "libertad económica", algo tan pero tan importante como las notas de las calificadoras de crédito...), el Estado se quedó sin plata y su déficit es uno de los mayores del mundo, de ahí el fantasma del default.

Islandia, un pequeño país que no es socio de la UE (por cierto, por la crisis analiza si entrar y adoptar el euro), fue un modelo de cohesión social y buena vida hasta hace pocos años, basada sobre todo en la pesca. Pero a fines de la década pasada abrió sin resguardos sus mercados financieros y privatizó casi toda su banca.

Al país ingresaron grandes capitales financieros, se permitió la operatoria de fondos "de cobertura" (hedge funds, los más especulativos y riesgosos) y bancos locales como Kaupthing o Glitnir empezaron a expandirse por Europa. La riqueza, aparentemente, abundaba y un ejecutivo de la Mercedes Benz llegó a decir que veía más autos de lujo de su empresa en Reykjavik que en toda Suecia.

Pero el sueño acabó y la crisis de 2008 fue tan fuerte y veloz que, como pudo, el Estado debió renacionalizar la banca y hacerse cargo de los estragos que causaron las promesas de rendimiento de fondos y otros creatividades a las que el ministro de Finanzas Arni Mathiesen calificó de "peor que un juego de Las Vegas". En 2006 hubo síntomas de iliquidez y se recurrió a la banca británica. Pero esta vez, con aquella también tambaleante, no hubo más remedio que la estatización casi total. Por cierto, quedaron atrapados muchos fondos británicos, lo que valió el enojo y las amenazas de Londres.

Por el retiro de capitales y el pánico, la moneda local -la corona- vale casi 30% menos que hace un año, la Bolsa perdió 40% y el PBI se contrajo 15% el año pasado (65% si se midiera en euros), bastante más que el de Argentina en la crisis de 2001/2002.

Ahora el Estado, que no tiene tantos recursos por sus rebajas impositivas y porque una dura política monetaria enfrió más las cosas, se las ve muy mal para atajar todos los penales que le patean los islandeses. Por lo pronto, el gobierno parlamentario ya está ido y llamó a elecciones anticipadas para abril, aturdido por la protesta popular.

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