Irán elige: Ahmadinejad o un reformista

El presidente ultraconservador busca la reelección en unos comicios con gran impacto en las relaciones con Occidente; Moussavi, su rival
TEHERAN.? Tras una campaña plagada de duras acusaciones y masivas manifestaciones, más de 46 millones de iraníes están convocados hoy a las urnas para elegir presidente, en unas elecciones que podrían determinar un nuevo rumbo en las relaciones entre la república islámica y Occidente.

Se espera una participación récord en los comicios de hoy, en los que el presidente ultraconservador Mahmoud Ahmadinejad, de 52 años y en el poder desde 2005, buscará la reelección frente a Mir Hossein Moussavi, un moderado de 67 años que aspira a volver a los primeros planos políticos tras una ausencia de 20 años.

La campaña fue escenario de una guerra de palabras sin precedente y de grandes manifestaciones en Teherán de los partidarios del ex primer ministro Moussavi, a quien un alto funcionario de la Guardia Revolucionaria Islámica acusó de intentar una "revolución de terciopelo".

La tensión social del proceso electoral fue el reflejo de las profundas divergencias que surgieron en Irán tras cuatro años de mandato de Ahmadinejad, cuya dura retórica sobre la crisis nuclear y en contra de Israel ha aislado a Teherán.

En ese sentido, las elecciones de hoy podrían reformular las relaciones iraníes con Occidente, ya que los seguidores de Moussavi se muestran partidarios de reencauzarlas. En el plano interno, es una oportunidad para juzgar el cuestionado desempeño de Ahmadinejad en materia económica, lo que según algunos analistas podría terminar de inclinar la balanza en una carrera que aún no arroja un claro favorito (ver aparte).

"Creo que es una carrera pareja [entre Ahmadinejad y Moussavi]", dijo un analista de Teherán que habló en condición de anonimato. "Es difícil pensar que mañana alguno de los dos candidatos obtenga más del 50 por ciento", agregó.

Además de Ahmadinejad y Moussavi, aparecen como candidatos el clérigo aperturista Mehdi Karroubi y el conservador Mohsen Rezai. Si ninguno obtiene la mayoría, los dos candidatos con mayor cantidad de votos irán a una segunda vuelta el 19 del actual.

La única vez en que en Irán hubo ballottage fue en las elecciones de 2005, cuando Ahmadinejad, hasta entonces un desconocido, logró una sorpresiva victoria. Algunos analistas creen que si hay una segunda vuelta Moussavi tiene buenas posibilidades de ganar, pero otros predicen una victoria del actual mandatario, basada en su popularidad entre los residentes rurales pobres.

"Ahmadinejad tiene mucho apoyo en el interior del país", dijo Hamid Najafi, editor jefe del diario conservador Kayhan International.

En el caso de ser derrotado, Ahmadinejad será el primer presidente iraní que no logra la reelección.

Tensión

A lo largo de la campaña, los partidarios de Moussavi, identificados con el color verde, se reunieron en las calles de la capital durante las noches para manifestarse en encuentros que no habían sido vistos en más de una década en el país.

Los seguidores de Ahmadinejad también organizaron grandes manifestaciones para respaldar a su líder. Estos alegres actos de campaña contrastaron con los amargos intercambios políticos y peleas retóricas.

Los rivales de Ahmadinejad lo acusaron de mentir sobre la economía iraní, afectada por el aumento de los precios y el desempleo, mientras que el mandatario enfureció al ex presidente Akbar Hashemi Rafsanjani, partidario de Moussavi, al acusarlo de corrupción.

Una victoria de Moussavi probablemente desencadene grandes cambios, aunque en la República Islámica de Irán los principales temas políticos son decididos por su líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei.

El nuevo líder debe decidir cómo responde a la oferta de diálogo del presidente estadounidense, Barack Obama, tras casi 30 años de enfrentamiento político.

El gobierno de Obama sigue atentamente los acontecimientos, ante la posibilidad de que Irán pueda acudir a la mesa de negociaciones. Sin embargo, no cree que se produzcan grandes cambios, porque Moussavi rechaza las exigencias occidentales de detener el programa de enriquecimiento de uranio y alega que la disputa debe resolverse a través del diálogo.

En las últimas horas de campaña, Moussavi recibió una dura advertencia de la poderosa Guardia Revolucionaria, que afirmó que las autoridades aplastarán todo intento de perjudicar la "revolución" teocrática, después de las multitudinarias concentraciones y manifestaciones callejeras que pidieron mayores libertades.

La advertencia refleja la creciente tirantez electoral. Fue además una notable escalada del amedrentamiento formulado por el régimen teocrático dirigido contra la juventud que respaldó la campaña de Moussavi y su esperanza de lograr una sorpresiva victoria.

La Guardia Revolucionaria es uno de los pilares del régimen teocrático y controla las fuerzas militares y la red nacional de voluntarios integrados en la milicia.

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