Estaba prófugo desde mayo del año pasado, cuando fue detectado con un cargamento de droga sobre la ruta provincial 8. En esa oportunidad, fueron incautados 52 kilos de cocaína y detenidos sus dos hermanos. El acusado declarará hoy.
Giménez fue detenido el 9 de enero en la ciudad boliviana de Santa Cruz de la Sierra y hoy será indagado por la justicia. Fuentes del caso indicaron que “el imputado podría sorprender e incluir a más personas de la fuerza” que estarían vinculadas al narcotráfico.
Los investigadores sospechan que, con Giménez a la cabeza, una banda de narcopolicías cuyas ramificaciones todavía son un misterio, utilizaba la ruta provincial 8 para trasladar la droga de norte a sur, una suerte de “vía liberada”.
El sospechoso cayó después de estar más de ocho meses prófugo. Según los voceros, contaba con preparación suficiente como para moverse sin ser advertido. Pero no era infalible y cometió un error. La policía salteña y la Federal le habían seguido los pasos hasta esa ciudad boliviana y detectaron que Giménez utilizó varias veces un mismo chip telefónico para comunicarse con la Argentina. Así fue detenido por una comisión policial del vecino país.
La investigación comenzó el 25 de mayo del año pasado cuando, circunstancialmente, una patrulla de la Policía Ambiental descubrió los planes de Giménez y su banda: pasar un cargamento de cocaína a través de la frontera.
Los narcos se movilizaban en dos coches por la ruta provincial 8, a la altura de Geberal Güemes. En uno iba Giménez junto al ciudadano boliviano José “Lobito” Iraola Silverman, mientras que en el otro vehículo estaba el oficial principal Carlos Gallardo, entonces jefe de la sección Frontera de la División de Inteligencia Criminal.
La caravana intentó atravesar el río Mojotoro pero uno de los coches se atascó por la crecida. Minutos después, los hermanos del subcomisario, Luis y Carlos Giménez, fueron a asistirlos. En ese mismo momento, se arrimó al lugar un móvil policial que estaba haciendo un control de rutina.
Gabriel Giménez y Lobito Iraola huyeron monte adentro sin poder ser apresados. En cambio, Gallardo y los hermanos del subcomisario no ofrecieron resistencia y se entregaron.
La policía incautó 52 kilos de cocaína de máxima pureza y según reconoció Gallardo, también transportaban otras cuatro mochilas con 200 kilos más de droga pero que no pudieron ser halladas por los investigadores.
El entrecruzamiento de llamados determinó que ese día los hermanos de Giménez se comunicaron muchas veces con la mujer del subcomisario, Marina Garzón. Se cree que ella les brindó la información de dónde había quedado varado su esposo y que estaba al tanto del traslado de la droga.
Al momento, la causa cuenta con dos detenidos: Gallardo y Giménez. Mientras que los hermanos Luis y Carlos fueron liberados al poco tiempo y continúan procesados por encubrimiento al igual que Garzón, quien también era subcomisario y fue exonerada de la fuerza al igual que su marido. Aunque esa medida fue apelada, aclaró a Tiempo Argentino el abogado de estos tres imputados, Marcelo Arancibia.
“Mis clientes esperan que después de la declaración de Gabriel Giménez puedan quedar sobreseídos”, explicó el asesor. “Ellos –por los dos hermanos– eran totalmente ajenos al delito. Sólo fueron a auxiliarlo. Desconocían si el imputado estaba o no en alguna maniobra ilícita”, agregó.
Esta es la tercera vez que Gabriel Giménez es convocado a declarar. La detención se produjo en medio de las ferias judiciales por lo que el juez natural de la causa, Julio Bavio, no estaba presente. En su lugar, el juez de feria Miguel Medina intentó indagarlo pero el hombre se negó. Cada vez que fue trasladado ante el juez, la policía montó un importante operativo de seguridad.
Roque López Homes, abogado defensor del acusado, señaló: “No es que se negó a declarar, sino que no quería repetir dos veces la misma historia”. Hoy a las 9, Giménez se presentará en la Secretaría Penal del juzgado Federal Nº 1 para dar su versión de los hechos. <

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