Investigan si la efedrina salió del puerto local

La investigación del juez Aguinsky tiene indicios de que la carga salió de este muelle, oculta en embarques de azúcar y de vinos.
El puerto de Rosario está en la mira de los investigadores que siguen la ruta de la efedrina, en cuya trama aparece como uno de los principales protagonistas el rosarino Mario Roberto Segovia, quien esta semana sumó un nuevo procesamiento, luego de que el juez en lo Penal Económico Marcelo Aguinsky considerara que el dueño del Rolls Royce negro participó del envío de ese precursor químico a México.

El magistrado procesó y dictó la prisión preventiva a Segovia –quien está detenido desde el 23 de noviembre en el marco de otra causa que sigue adelante el juez federal de Zárate Campana, Federico Faggionato Márquez– por considerarlo responsable de la exportación de 819 kilos de efedrina. Poco menos de 300 kilos fueron decomisados en abril pasado en el puerto de Naucalpán, en México. El resto de la carga fue hallada en el depósito fiscal Sadocks, ubicado en la calle Río Cuarto 1402, del barrio porteño de Barracas, simulado en 12 mil kilos de azúcar, proveniente del supermercado Makro y destinada a la exportación. La empresa que hizo las gestiones para exportar el azúcar se llama Euromac, una firma que se dedica a la venta de equipamiento gastronómico.

Lo que llamó la atención de los investigadores es que el precio del azúcar, que tenía como destino el mercado mexicano, era el mismo valor por que el que la habían adquirido en el supermercado mayorista. Es decir, la venta de la mercadería que figuraba en los registros de la Aduana no dejaba ninguna ganancia a los exportadores.

Uno de los dueños de ese depósito fiscal –en el que durante el año 2000 Segovia era empleado– es otro rosarino: Rubén Alberto Galvarini, vecino del barrio de Alberdi, quien junto con Segovia poseían la empresa Rugal SA, con la que se habrían realizado las operaciones en las que siempre aparecía en el medio la efedrina. Rugal SA fue creada, según el Registro Público de Comercio, bajo el área de Inspección General de Justicia, el 31 de mayo de 2007. Era una sociedad con la que Segovia y Galvarini (también figura su hijo Rubén Darío, piloto en la Clase 3 de Turismo Pista) podían “importar y exportar por cuenta propia, de terceros, o asociada a terceros en el país o en el exterior todos los productos, artículos, frutos y materias primas que se encuentren dentro del Nomenclador Arancelario de la Dirección General de Aduanas.

Esta metodología, según señalaron las fuentes, es la que Segovia utilizaba para ubicar la efedrina en el mercado mexicano, donde los principales carteles narcos la introducen en Estados Unidos convertida en metanfetaminas.

La posibilidad de que haya salido con destino a México –entre otros puertos, por el de Rosario– tomó más fuerza luego de una serie de allanamientos que se hicieron en el marco de la causa que sigue el juez Aguinsky.

Fuentes de la investigación revelaron el viernes a este medio que del material que reunió el magistrado surgieron nuevos datos que corporizan en certezas las sospechas que siempre existieron en torno a la participación de Segovia y de la ciudad de Rosario (como eje del negocio) en todo el entramado de la ruta de la efedrina, que se empezó a desmadejar después del allanamiento en la quinta de Ingeniero Maschwitz, donde se desmanteló el 17 de agosto pasado un laboratorio de metanfetaminas controlado por mexicanos ligados al cartel de Sinaloa.

Las fuentes advirtieron a Crítica de Santa Fe que la investigación apunta ahora a determinar por dónde salió la efedrina con destino a México. El allanamiento a un despachante de aduana en Capital Federal acercó más elementos que incrementan las sospechas sobre el muelle rosarino.

Por eso, las mismas fuentes no descartan que luego de la feria judicial se produzcan nuevos allanamientos en los dominios concesionados a las empresas Terminal Puerto Rosario, que además enfrenta problemas financieros por estos días, y Servicios Portuarios.

Desde el viernes, este medio intentó en vano comunicarse con autoridades de las concesionarias y del Ente Administrador Puerto Rosario (Enapro).

Cambio de opinión. Cuando estalló el escándalo de la efedrina, tras la detención de Segovia y la difusión que tuvieron los allanamientos en los que se encontraron bienes extremadamente lujosos a su nombre y el de familiares, desde el Ministerio de Seguridad de la provincia de Santa Fe salieron rápido a rechazar las hipótesis que hablaban de que los cargamentos de efedrina habrían salido del puerto local.

“La comercialización se realizaba desde San Nicolás, provincia de Buenos Aires”, aseguró el 25 de noviembre pasado el subsecretario de Seguridad Carlos Iparraguirre. El funcionario fue consultado ayer por este diario para saber qué tipo de información manejaba esa cartera para salir a afirmar que la comercialización de estos precursores se llevaba adelante desde la Cuna de la Constitución. Pero Iparraguirre descartó contar con información al respecto, porque –según remarcó– la Provincia “nunca tuvo acceso a las investigaciones que son del fuero federal y en el orden nacional”. “Esa información la debe manejar la Sedronar o la Aduana”, dijo.

Ahora, cuando los investigadores tienen entre ceja y ceja al puerto rosarino, Iparraguirre salió a aclarar: “Nunca dije que la efedrina salía de San Nicolás. Lo que planteé fue que como intervenía un juez federal de la provincia de Buenos Aires era posible que estos precursores se exportaran desde San Nicolás”.

Negocio redondo. La división policial de Drogas Ilícitas de Campana busca determinar cómo cerraba el último eslabón de la ruta de la efedrina, que se importaba de manera legal desde la India a un precio que no superaba los 100 dólares el kilo, y que luego se vendía a México a 8.000 dólares, pero de manera ilegal porque en ese país está prohibida la comercialización de esta sustancia. Se calcula que por las manos de Segovia pasaron más de 5 toneladas de este precursor químico con destino al extranjero.

El “rey de la efedrina” compraba ese químico a Raul Ribet y a Edelmiro González. De este último se cree que huyó a Paraguay desde Clorinda, donde tenía su residencia y dos laboratorios.

Segovia adquiría la efedrina desde el laboratorio fantasma que tenía en Entre Ríos 1031 1º B. Este precursor químico se lo compraba a Ribet.

Segovia compraba la efedrina bajo el nombre falso de Héctor Germán Benítez, a quien la Sedronar le habilitó el 31 de agosto de 2006 el laboratorio Galenika en el tiempo récord de 24 horas.

Los precursores químicos llegaban a Rosario por la firma Expreso Júpiter y por comisionistas. Según se desprende del otro procesamiento que cayó sobre Segovia el 12 de diciembre pasado, que firmó el juez Faggionato Márquez, el propio Segovia y su esposa Gisela Itatí Ortega –quien fue liberada la semana pasada– iban personalmente a buscar esos cargamentos. Incluso Ortega tiene infracciones de tránsito por mal estacionamiento en la cuadra donde iba a retirar las sustancias.

El interrogante que surgió siempre en la investigación y que hasta ahora no fue dilucidado es porqué Segovia traía la efedrina a Rosario. Permanecieron desde un principio dos sospechas entre los investigadores: que el ex mozo de Poet trasladaba la efedrina a Rosario, porque desde aquí se exportaba. Y la otra es que hacía ese despliegue logístico para procesarla en la ciudad, donde la transformaba en metanfetaminas.

Ahora, según las fuentes, aparecieron en el marco de la investigación datos reveladores que confirmarían que la droga salió de Rosario rumbo al exterior camuflada en paquetes de azúcar. Sería una nueva mancha para el puerto rosarino, sobre el cual recae la fuerte sospecha que de allí partió el 4 de junio un contrabando de 625 kilos de cocaína ocultos en un container de ajos rumbo a Portugal, como publicó Crítica de Santa Fe el 30 de noviembre pasado.

El otro punto es que el único indicio de un laboratorio clandestino en Rosario durante los allanamientos que se realizaron en las propiedades de la familia Segovia fue el hallazgo de yodo y acetona, dos precursores químicos que se utilizan para la fabricación de drogas sintéticas. Los sabuesos hallaron estos productos en la casa de Eduardo Delgado, tío de Mario Segovia, en su vivienda de Comodoro Rivadavia 2897, en el sur rosarino.

Hace dos semanas se produjo un allanamiento en una casa quinta en San Jerónimo Sud, en una propiedad de Roberto Jacinto Segovia (padre del rey de la efedrina). Allí llegaron los efectivos de Drogas Ilícitas en busca de un posible laboratorio, pero se encontraron con un misterioso residente. Un ciudadano norteamericano que había alquilado esa propiedad para descansar con su familia.

Droga, efedrina y millones en cheques voladores

No es la primera vez que el puerto rosarino está en el blanco de las sospechas. Como publicó Crítica de Santa Fe el 30 de noviembre pasado, el fiscal federal nº 1, Marcelo Degiovanni, tiene “fuertes indicios” de que los 625 kilos de cocaína ocultos en un cargamento de ajo (proveniente de Mendoza) que fueron incautados en Portugal habían sido cargados en la ciudad.

El fiscal quiere pedir la declaración de los camioneros y del personal de seguridad del depósito de David Rosental e Hijos, donde la mercadería estuvo guardada, y de los empleados de Terminal Puerto Rosario, donde la carga se subió el 4 de junio a un barco de la firma suiza MSC. La idea del funcionario judicial es avanzar hacia arriba en la línea de responsables.

A la par de las fuertes sospechas judiciales, Terminal Puerto Rosario se halla en una complicada situación financiera, luego de que le rebotaran cheques por sumas millonarias. Según publicó el portal de negocios Punto Biz, en noviembre la concesionaria pudo refinanciar 230 mil pesos en cheques, pero quedó una larga fila de acreedores esperando una respuesta. El propio titular del Ente de Administración del Puerto de Rosario (Enapro), Ángel Elías, salió a admitir que Terminal Puerto Rosario atraviesa una delicada situación económica producto de la crisis internacional. Esta empresa enfrenta además una abultada deuda con la provincia. Le debe a la Administración Provincial de Impuestos (API) 8.756.273 pesos en concepto de Impuesto de Sellos, desde 2002, cuando se hizo cargo de la explotación de las terminales I y II por un lapso de 30 años.

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