Investigan los dudosos negocios de la familia Bergara con la Bonaerense.

Investigan los dudosos negocios de la familia Bergara con la Bonaerense.
El hermano del empresario que estuvo secuestrado durante 33 días es dueño de una firma que vende piezas electrónicas. Los que conocen el entorno familiar aseguran que lograron posicionarse muy rápido en el mercado. Sospechan que “GB Componentes” sería quien provee las baterías para los equipos de comunicación que usa la policía provincial. Un ingeniero electrónico que los frecuenta desde hace varios años declaró a PERFIL que “ellos tenían protección de algunos miembros de la fuerza” y pone en duda “cómo lograban precios muchísimo más bajos que los de la competencia”.
El éxito de una investigación judicial casi siempre está condicionado al nivel de compromiso que muestre la víctima. Si la parte involucrada no colabora, el detective se verá obligado a bucear en la vida de la víctima, apelando a sus contactos más cercanos, a sus amigos y también sus enemigos. Para muchos, Leonardo Bergara y su entorno eligieron el camino equivocado, pese a que algunos todavía confían en que pueda producirse un quiebre que encamine la investigación. Por lo pronto, abundan los silencios y, con ellos, las versiones que sugieren raros “negocios” con la Policía bonaerense, oscuros acuerdos comerciales, y precios por debajo del costo.

Así como buscan datos de la banda que planeó y ejecutó un secuestro angustiante que duró 33 días, los investigadores también analizan los negocios de la familia Bergara porque -entienden- allí podría estar la clave para llegar a la verdad.

Cosas de familia. Gustavo Bergara es el dueño de GB Componentes, una empresa dedicada a la importación de piezas electrónicas, en la que también trabaja su hermano. La firma nació a fines de la década del `80. Según explica a PERFIL un ingeniero electrónico que durante muchos años fue cliente de GB, en aquel entonces empezaron con un local modesto en la calle Paraná al 400, que parecía “un mercado persa”. A fines de los ` 90 dieron el gran salto y se mudaron a San Cristóbal, donde están hoy.

Los que conocen a la familia cuentan que la empresa se posicionó en los últimos años. “En el mercado hay 5 ó 6 grandes importadoras, de las cuales GB no forma parte. Por eso no se entendía cuando ellos lanzaban al mercado artículos que no habían sido comprados a los grandes importadores, y eran ofrecidos a igual o menor precio que ellos”, asegura el ingeniero, que pide reserva de su identidad.

Las cifras de las importaciones realizadas por la empresa son sólo una muestra de este crecimiento. En 2006, GB compró componentes electrónicos en el exterior por un valor cercano a U$S 1.500.000, y a fines del año pasado superó la barrera de los 2 millones. Casi todos los productos que importa la firma (aparatos de grabación, módulos o paneles montados, conectores,etc.) provienen de China y Taiwán, donde se consiguen mejores precios.

El progreso económico posibilitó un nuevo negocio que nada tiene que ver con la electrónica. En octubre de 2008, Gustavo Bergara se asoció con Nicolás Navarro, el ex arquero de Argentinos Juniors que hoy ataja en el Nápoli, y juntos adquirieron un estacionamiento en el microcentro bajo el nombre “Parking BRN SRL”. También invirtió en publicidad, y hasta auspició el auto de carrera de un piloto quilmeño que compite en el TC Pista.

Línea directa. Hace dos o tres años, la Policía Bonaerense inició el reemplazo de baterías para handys de Alcatel (que los vende Electrónica Industrial) hacia otros más genéricos, de Motorola, importados de China. Esas son precisamente las que vende el negocio de los Bergara.

Según se sospecha, GB sería uno de los principales proveedores que tiene el Ministerio de Seguridad en el Area de Comunicaciones. Se trata de una operatoria circular que dejaría muy buenos réditos económicos. “Se llama a licitación, se venden, por ejemplo mil baterías y, a los pocos meses se llama a una nueva por el mismo monto. Pero parte de lo entregado anteriormente sería devuelto por izquierda”, explica una fuente. “En el mercado –agrega el informante- se conocen todos. Y se habla mucho de que los Bergara tienen negocios con la Bonaerense y protección de ellos”. Para él, “era un secreto a voces que algo como esto iba a terminar pasando”.

Si bien nadie explica por qué, lo cierto es que el negocio se habría cortado de manera abrupta, dejando grietas insalvables en la relación que ahora sostiene la teoría de un ajuste de cuentas por parte de policías que perdieron parte del dinero que habían invertido en un cargamento que nunca llegó (ver aparte).

Además, hay quienes dicen que la empresa habría adquirido un paquete de parlantes algo extraño. Hace un año TEVELAM, una firma que compite con GB, denunció el robo de un cargamento de parlantes Selenium que venían de Brasil. Al poco tiempo, GB Componentes habría salido a vender unos exactamente iguales a un precio por debajo del costo, y en grandes lotes, por lo que algunos dicen que se trataría de los mismos. “Daba la sensación de que querían sacárselos rápido de encima”, especula el ingeniero.

Pero, si bien muchos ponen en duda los negocios familiares, otros destacan una conducta intachable de los hermanos. Un ex empleado que ahora trabaja en el Ministerio de Salud cuenta haber tenido “una excelente experiencia” en la empresa. Y destaca que “nunca tuve problemas”. De igual forma hablan en la Cámara Argentina de Industrias Electrónicas y Electromecánicas (CADIEEL). Allí nunca se presentó una queja ni hubo conflictos, aunque “eso no es garantía de nada”, se atajan en la Cámara.

Vínculos heredados

Hace años fue el club de barrio más elegido por los chicos en la zona oeste de Quilmes, Leonardo y Gustavo Bergara incluidos. Se juntaban allí a jugar a la pelota todos los fines de semana. Pero hoy el Siete Estrellas es apenas una sombra de lo que fue. Y son muchos los que coinciden en señalar a la misma persona como el culpable: Carlos Bergara, presidente del club durante los primeros años de los 90. Según dicen, no era muy transparente en sus manejos, aunque recién se dieron cuenta después de que Carlos se desvinculara del Siete Estrellas. No tienen dudas de su responsabilidad, y hasta dicen que hubieran podido probar algunas cosas raras. Sin embargo, decidieron no tomar medidas al respecto. Sucede que, al parecer, las conexiones de la familia con la Bonaerense no son tan recientes como parece: “Todas las tardes, mientras estuvo al frente del club, venían los policías de la zona a charlar con él y tomar algo juntos. Eran muy amigos”, recuerda un vecino que ya frecuentaba el club entonces. “La verdad, nos dio miedo”, confiesa.

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