Investigan un caso de narcos en Ezeiza

Investigan un caso de narcos en Ezeiza
La droga, por un valor de 400 mil euros, fue descubierta en Roma y despachada en Buenos Aires. La Justicia busca a los responsables de manipular el equipaje en un sector de la pista donde no llegan las cámaras de seguridad. Hubo allanamientos.
Los policías italianos entendieron que algo andaba mal cuando la mochila negra con bolsillos no paraba de girar en la cinta transportadora del aeropuerto de Fiumicino, en Roma. Eran las 17 del 6 de septiembre y el bolso acababa de bajar del vuelo AR1140 de Aerolíneas Argentinas, procedente de Buenos Aires, sin escalas. Tenía el marbete con el nombre de una pasajera y el código de barras que demostraba que el paquete había pasado los controles en Ezeiza. Sin embargo, cuando decidieron inspeccionarlo, encontraron ocho kilos de cocaína empaquetada en ladrillos, que en Europa tiene un valor de venta de 400 mil euros. El hallazgo llegó a Buenos Aires a través de Interpol y derivó en una investigación a cargo del juez en lo Penal Económico Rafael Caputo, que el miércoles pasado sigilosamente allanó durante cuatro horas el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, donde sospechan que funciona una organización que trafica droga a Europa.

La pesquisa se mantuvo en reserva hasta ahora. El escándalo de Southern Winds –donde en el 2004 aparecieron valijas con 60 kilos de cocaína en Madrid– volvió a la mente de todos los investigadores. Excepto que esta vez el vuelo pertenece a la estatizada Aerolíneas Argentinas.

Según la información de Interpol, dos mujeres, madre e hija, Filomena y Silvia, aterrizaron en el AR1140 en Fiumicino. Traían cuatro valijas que retiraron normalmente y los policías supieron, antes de verlas pasar por Migraciones, que a pesar de que la mochila negra estaba a nombre de Silvia, ninguna de las dos tenía idea de que con su identidad habían volado ocho kilos de droga.

Ninguna lo sabe tampoco hoy, que ya volvieron de Roma, y desconocen la causa judicial que comenzó desde aquel día. Ellas retiraron su equipaje, con el marbete cambiado. El otro bolso, a su nombre, todavía espera al narcotraficante que lo debía retirar.

Al juez le llamó la atención que las dos mujeres habían despachado sus valijas a las 20.10 y según los registros de la mochila esta última había sido registrada en los mostradores de Aerolíneas a las 21.31. La sospecha fue automática. ¿Alguien había hecho el trámite con la identidad de la pasajera? Con ese objetivo llegaron el juez y el Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) al Aeropuerto de Ezeiza el miércoles a la noche. La medida había sido pedida por la fiscal del caso, María Luz Rivas Diez, la misma que conoce de antemano sobre valijas voladoras porque interviene en la investigación sobre el venezolano Guido Alejandro Antonini Wilson.

Cada vez que un pasajero despacha el equipaje en el mostrador de la aerolínea, éste comienza un recorrido que está completamente filmado y registrado a través del Centro Operativo de Control (COC) de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA). Todo ese proceso puede seguirse hasta el momento en que las maletas llegan a la pista para subirse al avión. En ese primer allanamiento, el juez encontró que, con la identidad de Silvia y el correspondiente código de barras, había sido registrada una mochila por una empleada de Aerolíneas y había pasado el control de escáner que se realiza en el cuarto de valijas, donde sólo tienen acceso la PSA; los empleados de HAS S.A., la empresa de seguridad que maneja los escáneres; y Aerohandling, que se encargan de transportar el equipaje. El proceso de seguridad tiene varias partes: el comprobante queda en el ticket de embarque del pasajero, en el propio bolso y en una planilla una vez que pasa el escáner.

A primera vista, la mochila que estaba a nombre de Silvia había cumplido todos los pasos. Por eso, apenas llegó al aeropuerto, el juez pidió el nombre de la empleada del check-in de Aerolíneas que había hecho el trámite, el encargado del escáner de HAS y los policías de la PSA que habían registrado el momento en que pasaba el control. Todos quedaron detenidos en un operativo comandando.

Sin embargo, el caso se volvió más complejo. Cuando el juez se metió en el COC para seguir los videos de los pasos de las dos mujeres por todo el aeropuerto, descubrieron que Silvia tenía una mochila y que efectivamente había despachado una hora y media más tarde que el resto. Según registraron las filmaciones, Silvia la llevaba como equipaje de mano, pero no pasó el primer control de la PSA porque tenía líquidos o algún elemento cortante que está prohibido llevar al avión. Apurada y nerviosa se la ve correr hasta el mostrador de Aerolíneas, donde finalmente la despacha a las 21.31.

Después de tomar las declaraciones indagatorias a los detenidos, Caputo quedó convencido de que ninguno estaba involucrado en la maniobra. No era sólo por su testimonio y los videos; también influyó un dato. La mochila de Silvia tenía dos cruces amarillas que nada tenían que ver con ese bolso negro lleno de bolsillos que quedó girando en Fiumicino con su nombre. Así fue como los investigadores descubrieron que se había tratado de un cambio de marbete y que se había realizado en la única zona libre de cámaras: la pista de Ezeiza, donde el acceso es restringido. En esos pocos metros, entre la sala de equipaje y el avión, alguien logró cambiar el comprobante de la mochila. Hasta ahí sólo pueden llegar los mecánicos, los empleados de Aerohandling, los de HAS y la tripulación del avión. La Justicia sospecha que éste es el comienzo de un caso que revelará una organización que exportaba droga. Quien sea que lo haya hecho tenía un cómplice del otro lado del océano, que, al igual que en el caso SW, no llegó a la cita.

Cinco años atrás, el antecedente del escándalo de SW

Equipaje argentino rondando sin dueño en la cinta transportadora de un aeropuerto europeo es una señal de problemas para cualquier investigador. Cuando la justicia nacional se enteró de que en Roma había aparecido una mochila con ocho kilogramos de cocaína, se acordaron del escándalo de Southern Winds, que comenzó con la aparición de cuatro valijas con 58,9 kilos de esa droga circulando sin propietario por la cinta de Barajas, en Madrid.

En aquella oportunidad, inicios de 2005, el hallazgo resultó dinamita para la empresa que estaba subsidiada por el Estado y desnudó la falta de controles en Ezeiza. El caso fue el origen de la creación de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) que le quitó a la Fuerza Área la potestad sobre la seguridad en las terminales.

Por este expediente, en junio pasado, la Cámara de Casación Penal confirmó las condenas contra los españoles José Ramón González Villar y su esposa, Elena Tamil Batán, por ser los receptores de la cocaína, y lo mismo hizo con el ex encargado de "pasajeros frecuentes" de SW Walter Beltrame. Todos, acusados de contrabando agravado.

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