Invento argentino: una vaca que produce un 20% más de leche

Se logró a partir de una hormona que se obtiene de terneras clonadas y transgénicas. Es un acontecimiento mundial, ya que no se produce en otro país. El laboratorio nacional que la elabora exportará la mayor parte de su producción.

Por: Silvia Naishtat

Todo comenzó en agosto de 2002 cuando nació Pampa, la primera ternera obtenida por clonación de células. En los últimos seis años, el desarrollo fue vertiginoso y nacieron otras terneras clonadas y transgénicas que formaron distintas dinastías con un único objetivo: lograr extraer de su leche, hormonas para el crecimiento humano e insulina. Ayer, esa revolución en la industria farmacéutica, de la mano de la genética, pegó un nuevo salto.

En el llamado tambo farmacéutico de la firma Biosidus, de capitales nacionales, se extrajo de terneras clonadas y transgénicas, la hormona de crecimiento bovina. Se trata de un acontecimiento mundial, ya que en ningún otro país se produce esa proteína cuyo nombre científico es Somatotropina bovina a partir de la leche animal.

Este producto, aplicado a las vacas, les permite aumentar 20% su producción de leche. También se podrá aplicar a la producción de carne, que ayuda a aumentar de manera considerable. A nivel global, sólo los colosos Monsanto y LG elaboran este tipo de hormona, pero desde una síntesis química y no de manera natural. La ofrecen a 6 dólares promedio la dosis. Biosidus apunta con esta tecnología a un precio sustancialmente menor.

Esta hormona es muy utilizada en los Estados Unidos, México y Brasil. En la Argentina los animales con alto rendimiento dan unos 25 litros diarios de leche. Con el uso de la hormona puede trepar un 20% adicional. "La proteína se utiliza en altas dosis y necesita un sistema muy eficiente ya que se requieren grandes volúmenes. Por este motivo la producción es muy costosa. Al obtenerla de vacas transgénicas se disminuyen sensiblemente los costos", explican a dúo Marcelo Argüelles y Marcelo Criscuolo, de Biosidus, a Clarín.

Las terneras transgénicas bautizadas Porteña fueron clonadas a partir de células y se caracterizan por ser portadoras de una construcción genética que permite que la hormona de crecimiento bovino se exprese en la glándula mamaria de las vacas, donde naturalmente no se manifiesta. Así, se obtiene esa hormona de la leche y en grandes cantidades.

Argüelles y Criscuolo cuentan que concibieron el tambo farmacéutico con la idea de elaborar productos farmacéuticos conocidos para bajar costos. La Argentina, según aseguran, tiene una enorme ventaja competitiva que le permite arrancar primero en lo que es el futuro de la obtención de remedios, donde los animales pasan a fabricarlos a partir de la leche, como en este caso. "Hay una tradición en materia de biotecnología con tres premios Nobel, clima templado casi todo el año que posibilita el crecimiento de los animales, excelente mano de obra, buenas razas. En definitiva, se trata de poner la biología molecular a todo lo que ya se sabe del campo", se explaya Criscuolo.

Con este desarrollo, la Argentina se afirma como pionera en la materisa y la producción de la hormona de crecimiento bovino ya está prácticamente comprometida en distintos mercados de exportación.

Biosidus posee ahora tres tipos de rodeos de vacunos clonados y transgénicos. De unos, la dinastía Pampa, logra la hormona de crecimiento humano; de la dinastía Patagonia, la insulina, y de la dinastía Porteña, la hormona de crecimiento bovino.

La inversión en el proyecto que se inició en el 2000, en medio de la peor crisis de la historia del país, alcanza ya los 7 millones de dólares. Este laboratorio pertenece al grupo Sidus, uno de los líderes nacionales de la familia Argüelles, con US$ 120 millones de ingresos anuales. Biosidus, su rama íntegramente dedicada a la biotecnología, factura 40 millones de dólares al año y el 75% de sus productos se destinan a la exportación. Llega a 40 países y en estos días anuda una alianza para ingresar a los Estados Unidos con estas nuevas hormonas.

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