Una invencible inercia política

Por: Ricardo Kirschbaum

Los jefes de los bloques parlamentarios del oficialismo están penando por la táctica que la Casa Rosada aplica en esta hora de estrechez política. El discurso de Cristina Kirchner a los legisladores adictos la semana pasada fue un ejemplo de lo dura que será para Agustín Rossi y Miguel Pichetto esta travesía hasta el 10 de diciembre. Esa fecha el Congreso mostrará su nueva composición, decidida en la elección del 28 de junio.

El Poder Ejecutivo mostró que está dispuesto a conservar hasta donde pueda el control de la política, evitando mostrar que está cediendo. Esto está en sintonía con el modo de conducción que ha tenido hasta aquí el matrimonio Kirchner: rienda corta, zanahoria y látigo disciplinario. Todo esto en sentido estricto. En cierto momento, tuvo un efecto ordenador que le permitió al Gobierno, claramente durante la gestión de Néstor Kirchner, homogeneizar una base de apoyo y verticalizar al Congreso, además de sellar una alianza crucial con la CGT que lidera Hugo Moyano.

Las cosas ahora han cambiado. Y mucho. Sin embargo, persiste una inercia invencible de conducción que se resiste a la nueva realidad y que mantiene invariable una forma cerrada de hacer política.

Rossi y Pichetto están expuestos a que los cambios que ha debido hacer pese a todo el Gobierno, sean presentados como una concesión antes que como resultado de una negociación legislativa. Palabra ajena para el léxico del poder.

Ambos jefes legislativos han sido extremadamente leales, pacientes y han aceptado ese papel de simples mensajeros secundarios, a pesar que desde Olivos o desde la Rosada, se los ha dejado en situaciones incómodas o ridículas, vaciándolos de poder, salvo el delegado por el matrimonio.

Comentá la nota