DNI: las intrigas y peleas para anular un contrato escandalosoDespués de los sobornos de Siemens al menemismo, el gobierno de la Alianza tardó más de un año en resolver el caso. Hubo duras discusiones y cruces de intereses. Y una decisión de última hora.

Después de los sobornos de Siemens al menemismo, el gobierno de la Alianza tardó más de un año en resolver el caso. Hubo duras discusiones y cruces de intereses. Y una decisión de última hora.
Domingo Cavallo tuvo que alzar los ojos para mirar a la cara a su interlocutor, bastante más alto que él. Intentó hablar con esa mezcla siempre fatal de furia contenida y cordialidad impuesta.

--Así que por fin conozco al hombre que le quiere torcer el brazo al Presidente.

Frente a Cavallo, Rafael Bielsa, se irguió un poco más en su metro noventa y tres y fue más directo.

--Mire, yo tengo a mi cargo el organismo encargado de controlar al Gobierno. Y no vine aquí para que ningún pelotudo me falte el respeto.

Antes de que el flamante ministro de Economía del gobierno de Fernando de la Rúa y el titular de la Sindicatura General de la Nación llegaran a las manos, se interpuso entre ambos Alfredo Castañón, abogado de Cavallo y con ánimo y planta suficientes para detener una trompeadura.

El desencuentro tuvo como escenario el ministerio de Economía, la semana posterior al 21 de marzo de 2001, cuando Cavallo volvió a manejar la economía argentina que iba a terminar con el país en llamas. El trasfondo, la aprobación del contrato renegociado con la empresa alemana Siemens por la confeccción de 42 millones de DNI, la informatización de lospuestos fronterizos del país y la confección de nuevos padrones.

Hoy se sabe que aquel contrato por 1.260 millones de dólares firmado durante el menemismo, incluía coimas millonarias para los funcionarios de entonces, incluido el propio Menem, según se sospecha.

Para no perder sus millonarios contratos actuales con Estados Unidos, Siemens admitió haber pagado esas coimas en la Argentina. Y si bien no involucró a los gobiernos posteriores al 2001, también aseguró haber seguido pagando en la Argentina hasta 2007. A quiénes pagó Siemens; por qué, si el contrato de los DNI estaba rescindido desde mayo de 2001; y por cuáles "servicios" siguió invirtiendo dinero sucio en Buenos Aires, es un misterio que sólo Siemens puede revelar.

En 1998, la concesión a Siemens de la confección de los DNI nació mal parida. Los entonces diputados del FREPASO Darío Alessandro y Juan Pablo Cafiero denunciaron irregularidades en las licitaciones y en la elaboración del contrato. Uno de los consorcios que habían perdido la licitación a manos de Siemens denunció a quienes quisieran oirlo que el negocio que la empresa alemana pretendía cobrar 1.260 millones de dólares no costaba más de 180. Y que los DNI que por obligación deberíamos renovar, u obtener por primera vez, todos los argentinos y por el que Siemens pretendía entre 30 y 40 dólares no podían costar más de 3.50 pesos-dólares de la época.

Siemens actuó con el gobierno de De la Rúa con la política del hecho consumado. En febrero de 2001, dos meses después de asumir la Alianza, la empresa organizó una muestra de su capacidad para confeccionar documentos de identidad. Fue un fracaso. Donde debía haber pulgares derechos los había izquierdos, algunas fotos de los ciudadanos estaban invertidas y el Gobierno decidió suspender el proceso de elaboración de los DNI, que se hacían en una imprenta de Barracas conocida como "La Fabriquita".

En julio, setiembre y diciembre de 2000, De la Rúa recibió una carta y dialogó dos veces con el canciller alemán Gerhard Schroeder. En todas las charlas estuvo presente la renegociación de los DNI, que para finales de aquel año tenía una carga adicional: en noviembre se sancionó en el país la Ley de Emergencia Económica que hacía caer casi en forma automática los contratos firmados por la administración menemista. La excepción era la renegociación. Y Siemens fue una excepción.

La empresa alemana afirma hoy, sin dar nombres, que la administración De la Rúa amenazó con terminar el contrato con el argumento de que se había firmado con fraude. Hasta ahora, ninguno de los ex funcionarios consultados por este diario admitió saber que el contrato firmado entre Siemens y Menem era fraudulento, pero muchos dijeron haberlo sospechado.

Siemens también echa una sombra de dudas sobre el gobierno de la Alianza. Dice que pagó "seis millones de dólares en sobornos adicionales a funcionarios del nuevo gobierno argentino. De todos modos, a pesar de estos pagos, el contrato fue cancelado en mayo de 2001."

El ex ministro del Interior, Federico Storani, impulsó la renegociación del acuerdo con Siemens. Por eso es que ni bien conocida parte de la trama secreta de la operación DNI, se defendió con un "Me quieren involucrar en algo turbio", y prometió presentarse ante la Justicia para aclarar su situación.

En realidad, el gobierno de De la Rúa renegoció el contrato con Siemens y logró una rebaja de 328 millones de dólares del precio original de 1.260. Storani pensaba igual que el entonces Presidente: la rebaja era importante, los DNI iban a ser infalsificables y el acuerdo con Siemens iba a evitar un conflicto con Alemania. Sobre todo cuando De la Rúa debió hablar en diciembre de 2000 con Schroeder para pedirle el apoyo de su país al blindaje de 20 mil millones de dólares dado a la Argentina resquebrajada de entonces por el FMI y otras entidades crediticias. En esa charla, De la Rúa le aseguró a Schroeder que el caso Siemens iba a tener pronta resolución. Y favorable.

También Cavallo se convirtió en el defensor más feroz del contrato renegociado. Veía en la rescisión un papelón internacional del país, cascoteado ya por una crisis económica que sería, como un alud, imparable y, fiel a su estilo, veía en cualquier cuestionamiento a su postura un palo en la rueda a su gestión y a la del gobierno.

El contrato estuvo a punto de firmarse. Pero alguien recordó entonces que, antes del éxito de la misión, había que dar aviso a la SIGEN y a la Procuración del Tesoro, que ya había advertido que Siemens no había cumplido con ciertas cláusulas del contrato. En realidad, más que un pedido de permiso, el gobierno de De la Rúa comunicó a los dos organismos su decisión de aprobar el contrato renegociado con Siemens.

Pero en febrero de 2001 la SIGEN dirigida por Bielsa presentó un informe demoledor a los ministros Storani y Chrystian Colombo, jefe de Gabinete. Sin mencionar la palabra "corrupción" y sin sospechar lo de las coimas, el informe sugería que el contrato olía a podrido y cuestionaba cinco de sus puntos. Entre ellos, afirmaba que la presunta rebaja en el costo de los DNI de 30 a 25 pesos-dólares no era tal: los documentos de 30 pesos se enviarían a domicilio. Los de 25 pesos, no.

Pero donde la SIGEN más puso el acento fue en sus intentos reiterados, y todos en vano, para que Siemens revelara la "estructura de costos" del contrato.

La Ley de Emergencia económica, que había dado un plazo de 180 días para renegociar los contratos pedía un "esfuerzo compartido" entre las partes: Estado y empresas debían ceder un poco en sus intereses, deseos y ambiciones, si querían alcanzar un acuerdo en un país que ya hacía agua.

-Nosotros queríamos que Siemens nos presentara esa estructura de costos -confió a Clarín uno de los expertos de la SIGEN- Para saber si el esfuerzo era realmente compartido, necesitábamos saber cuanto cobraba Siemens por cada cosa. Nunca logramos que lo hicieran. Hoy sabemos que las coimas eran tan enormes, que se hacían indisimulables en una estructura de costos real. Era imposible ocultarlas.

"Este órgano de control no ha podido hacer un análisis que permita arrojar conclusiones sobre la razonabilidad de la retribución del contratista (por Siemens) (...) debido a que no hemos tenido a la vista datos concluyentes respecto de los costos de los servicios involucrados en la presente contratación, ni del valor de las inversionas requeridas", se queja aquel informe al que tuvo acceso este diario. Y en otra parte insiste: "Para una evaluación integral de los resultados de la nueva ecuación económico-financiera de la contratista (...) debe destacarse la necesidad de contar con el correspondiente análisis de la estructura de costo del contrato y su correlación con los ingresos a percibir".

En marzo de 2001, Storani renunció al ministerio del Interior. Antes se sinceró con más dolor que furia: "Todo venía fenómeno hasta que se metieron ustedes", le dijo a un hoy ex miembro de la SIGEN que a través de su informe aconsejaba, sin hacerlo, rescindir el contrato con Siemens.

Storani dejó el gobierno disconforme con el ajuste económico propuesto por Ricardo López Murphy, que había reemplazado a José Luis Machinea en Economía. Fue reemplazado Ramón Mestre. El 20 de marzo López Murphy ya no era más ministro y el 21 Cavallo tomó el timón de la economía argentina. Y de la causa por la firma del contrato con Siemens.

Después del frustrado intento de pugilato entre Cavallo y Bielsa que abre esta historia incompleta, hubo una segunda reunión, ya en abril de 2001, en la Jefatura de Gabinete que funcionaba entonces en el que había sido el edificio Somisa, en el cruce de la Avenida Belgrano con la Diagonal Sur.

Alguien decidió que tal vez fuese mejor que el temperamental Cavallo no volviera a enfrentarse con el no menos temperamental Bielsa. Como un mediador papal, el ministro Colombo recibió a Bielsa y a Mestre, entre otros funcionarios. Minutos antes de entrar al despacho de Colombo, los funcionarios vieron salir a Carlos Sergi, ex directivo de Siemens y señalado como lobbysta de la empresa alemana. Colombo, que tampoco deseaba la rescisión del contrato, escuchaba a quienes sí la querían, a quienes en el Gobierno impulsaban en cambio la aprobación del contrato renegociado, a quienes, como Cavallo, daban prioridad a la seguridad jurídica y también escuchaba los argumentos de Siemens.

En ese segundo encuentro entre funcionarios, la SIGEN aportó el informe técnico que habían preparado a pedido de Storani y de Colombo. Una copia fue a parar a manos de Ramón Mestre que parece era célebre por su cara de póker en los momentos críticos.

Y entonces todo cambió. Un ex funcionario que rogó que su nombre fuese mantenido en reserva, confió a este diario que Mestre llevó el documento a Córdoba y se lo dio a estudiar a su hermano, "un camarista en lo civil de Córdoba". La respuesta del hermano del ministro fue terminante: "No firmes eso ni loco".

Clarín confirmó esa historia con uno de sus protagonistas. Ramón Mestre murió el 6 de marzo de 2003, quince meses después de la renuncia de De la Rúa. Pero su hermano Eduardo, que fue en realidad ex camarista federal de Mendoza, contó los hechos con ligeras modificaciones:

-Yo me había jubilado hacía poco y mi hermano me pidió que viajara a Buenos Aires para estudiar un proyecto. Viajé y él puso en mis manos el informe de la SIGEN. Ahora es fácil decirlo, pero aquello tenía mal olor. Recuerdo que en aquel momento había muchas presiones, del gobierno alemán, por ejemplo; Cavallo decía que iban a caerse todos los acuerdos comerciales; la Aduana ya funcionaba con equipos de Siemens en varios puestos fronterizos. Pero sí, le aconsejé a mi hermano que no firmara esa renegociación.

La historia fue confirmada también por el hijo del ex ministro, Ramón Javier Mestre.

-Yo entonces trabajaba como abogado en una compañía de seguros y viajaba a Buenos Aires. Un día en la Casa de Gobierno, junto a mi padre, nos cruzamos con De la Rúa. Y escuché que mi padre le dijo: "Mire Presidente, si usted firma ese contrato, yo me voy".

Desde el veredicto de su hermano, Mestre se transformó en un defensor de la rescisión del contrato con Siemens. Y tuvo también varios choques con Cavallo. Algunos tan serios como el que tuvo Bielsa. La dura posición de Mestre fue reconocida por Storani en 2003, después de la muerte del ex ministro. Admitió que la renegociación con Siemens hubiera sido posible.

"Por mi formación de abogado -dijo- sugerí que era preferible un arreglo a la posibilidad potencial de un juicio. Estábamos muy cerca de un acuerdo. Cuando asumió el doctor Mestre, se decidió el camino de la rescisión".

No fue tan así. Cuando estaba por vencer el plazo de 180 días para renegociar el contrato, la fecha clave era el 21 de mayo de 2001, Siemens recibió de manos de Mestre un proyecto de nuevo acuerdo. Había sido preparado por la SIGEN, reducía los beneficios de la empresa y aumentaba los del Estado, si Siemens tenía a bien revelar la estructura de costos de su inversión. La empresa alemana lo rechazó: creyó que era imposible llevarlo adelante. Ni habló de revelar los costos de su inversión.

El gobierno estaba entonces dividido en dos, con dos fuertes personalidades a la cabeza de cada postura: Mestre impulsaba la rescisión del contrato. Cavallo quería el acuerdo con Siemens. De la Rúa intentaba salvar el acuerdo. Quienes recuerdan sus argumentos, creen que le preocupaba las buenas relaciones entre los dos países más que el conrato por los DNI.

En algún momento tuvo un encuentro durísimo, pese a los buenos términos, con el titular de la SIGEN. De la Rúa le pidió a Bielsa que aprobara el acuerdo. No estaba en las atribuciones de la SIGEN hacerlo, ni siquiera sus informes y recomendaciones eran vinculantes para el Gobierno. Pero no se podía acordar con Siemens con un informe tan demoledor. Cualquier revisión a futuro, y los plazos se vencían, requería que Siemens revelara los costos de su inversión. Y Siemens no podía revelar esos costos porque hubiera quedado al descubierto lo que quedó al descubierto en estos días: el pago de sobornos millonarios a funcionarios argentinos. Ese era el nudo del drama. Y no se podía desatar. Ni cortar.

-Presidente -le dijo Bielsa a De la Rua en aquel diálogo tenso- usted va a evitar recorrer los pasillos de Tribunales por cada "no" que yo le diga. En cambio va a vivir en los juzgados por cada "sí" que le digan los alcahuetes que tiene al lado.

El viernes 18 de mayo de 2001 el gobierno de Fernando De la Rúa rescindió el contrato con Siemens. El decreto menciona "la última propuesta hecha por el ministerio del Interior que recepta gran parte de las opiniones de la Sindicatura General de la Nación".

Lleva la firma de Fernando De la Rúa y de sus ministros: Chrystian Colombo, Ramón Mestre y Domingo Felipe Cavallo.

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