Intransigencia y negociación

Por: Ricardo Kirschbaum

La Mesa de Enlace marca el ritmo y los tiempos de la oposición. Se adjudicó el triunfo en las elecciones y le ha dicho a los vencedores del 28 que todavía no se han dado cuenta del impacto del triunfo.

La asamblea rural del lunes fue una demostración de unidad entre las entidades y, a la vez, de la subida temperatura de la belicosidad de los productores contra el Gobierno. La dureza de los discursos, por un lado, la crítica homogénea a todo lo que huela kirchnerista, por el otro, parieron un resultado en el que las reivindicaciones sectoriales ya se han transformado en planteos políticos que van mucho más allá de una larga batalla por las retenciones.

Las entidades rurales han asumido así el papel de motores de las reivindicaciones del campo y de fiscales de oficialistas y opositores, siempre que éstos no subordinen su estrategia a sus planes y a sus necesidades.

La dureza hasta insolente de algunos discursos, con innecesarias provocaciones, se ha ido modelando en la contracara que ha parido esta unidad impensable y hasta ahora irrompible: una política propiciatoria que se urdió en Olivos y que la hizo posible.

Los dirigentes dicen que han debido subir el tono para contener posiciones mucho más duras de los productores y acceder el viernes al diálogo con el Gobierno.

No hay mucho margen para especulaciones. La protesta reaparecerá pronto si no hay progresos sustanciales. La negociación necesita destrabarse y esto será posible si el Gobierno seriamente quiere llegar a un acuerdo que reconozca la situación del sector y que las entidades rurales sean realistas y no tengan la misma conducta que han sufrido hasta aquí: todo o nada.

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