Intimidades del encuentro con un Moreno auténtico

Tras salir amilanados el jueves del despacho del secretario de Comercio, Guillermo Moreno, los empresarios frutícolas están evaluando en estas horas los números de la actividad que le llevarán el viernes próximo al polémico funcionario, de cara a su exigencia de un nuevo precio para la fruta. "Los invito a que reflexionen", les había dicho en su tono de pocas pulgas.

Los hombres de empresa se debatían en estas horas entre insistir con los planteos que reflejen en números las dificultades de la fruticultura o entregar cifras "que no incomoden a Moreno" y los ponga a merced de probables puniciones.

Los primeros proponían un "paper" con el detalle de las variables macroeconómicas que muestra la actividad, "haciendo hincapié en los costos de producción y el alto nivel de descarte que fueron a las empresas, dos de los factores determinantes de la mala temporada". Tales razonamientos ya intentaron ser explicados el jueves a Moreno. Las respuestas confirmaron el estilo impulsivo que el preferido de Kirchner suele emplear ante empresarios indisciplinados.

"Río Negro" reconstruyó con cuatro fuentes las intimidades de la reunión en Comercio.

Primer desplante: Moreno los hizo esperar una hora hasta atenderlos. Las sonrisas que llevaban todos en la entrada se desdibujaron rápidamente.

Luego, ante de las presentaciones protocolares, Moreno inquirió: "¿Quién de ustedes es del diario "Río Negro", que mañana va a salir a pegarme?". Sorpresa. Contestaron casi a coro: "Ninguno de nosotros", para alivio del funcionario, que no hubiera dudado en pedirle que abandone la sala.

Luego, el ejecutivo de una multinacional entregó una tarjeta personal. Sin levantar la mirada Moreno lo verdugueó: "¿Qué quiere decir CEO?". El empresario, sorprendido por lo que consideraba obvio, le definió: "es chief executive officer..." Antes de que terminara, Moreno le espetó: "No entiendo por qué usás el inglés. ¿No podés poner el nombre en castellano?". Moreno usó el tuteo durante toda la entrevista. Con prácticamente todos.

Otro empresario se animó: "Es muy difícil poner un número único sobre la pera y la manzana al productor cuando este depende del descarte que presente cada lote, de su calibre, la calidad..." La respuesta de Moreno fue directamente grosera: "¿Me tomás de pelotudo? Yo no como carne podrida. Sé que los 29 centavos no existen pero sí los 20, 22 o 24. ¡Tráiganme un número razonable para comenzar a hablar!".

En un momento, el titular de Comercio amenazó a los empresarios de que si no accedían a un precio razonable para el productor "les iba a sacar hasta la última moneda" a las empresas. "¿Con quién tengo que hablar para definir esto..? ¿Con vos o con los italianos?", volvió a increpar, esta vez, a otro hombre de una multinacional.

Intentó terciar otro empresario. "Vos callate", le dijo sin vueltas y remarcando su apellido.

Para algunos de los presentes, el tono de las conversaciones "siempre fue duro pero no irrespetuoso por parte de Moreno ni dirigido a alguien en particular". Otros, sin embargo, admitieron que la verborrágica actuación cruzó los límites de la tolerancia y el respeto.

Lo cierto es que tal terror infundió Moreno, que ya prácticamente dejaron de hablar. Y con la amarga sensación del maltrato salieron del encuentro, con la certeza de que la próxima reunión será tan difícil como la anterior.

Moreno esperará que los empresarios entreguen un número tentativo de lo que dejó la actividad. ¿Qué ocurriría si ese número está por encima de la media de las liquidaciones ya entregadas a los productores? Si así fuera, las empresas dejarían sentado que podían haber hecho un esfuerzo mayor para con el productor. Hasta podría interpretarse que parte de la renta de estos últimos quedó en esta temporada en el camino de la cadena comercial, y que de golpe reapareció.

De lo contrario, ¿cómo volvería a reaccionar Moreno a números ya anticipados de lo que fue la temporada?

Todos estos dilemas sobrevolaban la previa a un cónclave dominado por la coerción.

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