Interviene Gobierno para frenar cierre de planta

Interviene Gobierno para frenar cierre de planta
• Es la autopartista alemana Mahle. • Citarían a embajador. • Temor oficial a propagación de casos
El Gobierno tomará el conflicto de la autopartista Mahle, que cerró su planta de Rosario, como un «caso testigo». La empresa, de capitales alemanes, es considerada como la primera de importancia que, desde que comenzó la crisis financiera internacional, decide terminar con las operaciones. En medio de la campaña electoral es tomado como algo imposible de avalar.

Por esto, desde hoy el Ministerio de Trabajo se mostrará activo para el caso Mahle, con dos acciones concretas. En primer lugar, la cartera evaluará la posibilidad de aplicar y profundizar el mecanismo de Procedimiento Preventivo de Crisis (PPC), por el cual se suspenden los despidos programados por un período de hasta seis meses y se analiza la posibilidad de disponer de ayuda pública. El problema en el caso Mahle, es que la decisión de la empresa es directamente cerrar una de las dos plantas con la que opera en la Argentina (la otra se ubica en Rafaela y continuará abierta), con lo que no tendrían cabida las acciones vinculadas al PPC.

La otra acción que tiene pensada el Gobierno es llamar directamente al embajador alemán en la Argentina, Günther Kniess, para que interceda ante la casa matriz de la autopartista para suspender la decisión. El diplomático sería citado hoy por el Ministerio de Trabajo, pero ya tomó contacto con el Gobierno argentino el viernes, a través de la Cancillería.

El motivo de la actuación de la cartera laboral en el caso Mahle se basa en que si se dejara avanzar la decisión de cerrar su planta, otros casos similares podrían sucederse.

La impresión de varios funcionarios del Gobierno de Cristina de Kirchner es que muchas compañías, especialmente multinacionales, están esperando que alguien dé el primer paso para comenzar a despedir personal o directamente cerrar plantas. Se habla de otras autopartistas, automotrices, textiles y, especialmente, el caso de dos bancos de capitales europeos, que vienen manteniendo empleados por la presión oficial, pero recibiendo mensualmente la orden desde las casas de origen (una en Gran Bretaña y otra en España) de comenzar a diseñar rápidamente un plan de reestructuración similar al que se aplica en todo el mundo.

«Está claro que esta situación estilo dominó es imposible de aceptar para el Gobierno en medio de la campaña y de la polémica por los datos de la economía», reflexionaba ayer ante este diario uno de los principales referentes del gabinete.

Hay, además, en el caso Mahle, un problema gremial extra. El sindicato afectado, la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) es conducido a nivel nacional por Antonio Caló, aliado directo del Gobierno de los Kirchner, y de Hugo Moyano. Sin embargo, en la planta rosarina de Mahle pesa fuerte la corriente más izquierdista, con mayor vinculación a la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) que a la CGT. De hecho, la central alternativa, y hoy lejana a los K, es la que mantiene tomada la planta de Rosario desde el viernes, cuando se conoció la noticia.

Desde el Gobierno y la CGT consideran que si no se actuara radicalmente, se le dejaría el terreno firme a la CTA y los movimientos sindicales de izquierda para que actúen en casos similares.

De hecho, unos 500 trabajadores de Mahle, acompañados por dirigentes de la CTA, continuaron durante todo el fin de semana con la toma, denunciando que en estas horas no recibieron «ni un llamado desde la Nación», y se mostraron «solos y a punto de perder el puesto de trabajo».

Los operarios enviaron hoy una carta en alemán al presidente y CEO de la empresa a nivel mundial, Heinz K. Junker, para plantearle la situación «angustiante» que están atravesando.

Fuentes de la empresa aseguraban este fin de semana que en total estarían afectados unos 459 empleados y que Mahle se encuentra en proceso de «reorganización» de sus operaciones en la Argentina. La producción afectada sería la de aros de pistón, mientras que continuarían abiertas las plantas de Rafaela y de Talar.

La compañía cuenta con aproximadamente 48.000 empleados en las plantas de producción que la firma tiene en Stuttgart, Alemania; Northampton, Inglaterra; Detroit, Estados Unidos; Tokio, Japón; Shanghai, China; y San Pablo, Brasil.

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