Interrogantes y riesgos económicos frente al mensaje de "yo o el caos"

Por: Daniel Fernández Canedo

La inquietante estrategia de "yo o el caos" desarrollada por el ex presidente Kirchner para las elecciones del 28 de junio abrió una nueva etapa de más estrés político y, tal vez, económico.

La idea oficial de que si no gana el oficialismo volverán la crisis y el caos de 2001, si bien pone bajo la lupa partes de los buenos resultados económicos de los últimos años, no pasaría de ser una estrategia de campaña para juntar votos.

La economía argentina demostró desde aquella crisis una alta capacidad de recuperación, con algunos fundamentos que hoy persisten.

Un ejemplo palpable es que en 2001 el 1 a 1 del peso y el dólar había generado un fenomenal atraso cambiario que terminó en una fortísima devaluación.

Hoy, según los cálculos oficiales, un dólar de $3,74 está técnicamente 15% por encima del valor de equilibrio y no se justificaría ningún salto cambiario importante.

Un memorioso podrá decir que por entonces, el año previo a aquella devaluación, salieron US$ 20.000 millones y en el último año se fueron de la Argentina más de US$ 22.00 millones.

La respuesta hay que buscarla más en la incertidumbre que generó la política que en un retraso cambiario, que hoy no existe.

Además, el 29 de junio, con cualquier resultado, será Cristina Kirchner la que deberá seguir piloteando al dólar.

Para eso tiene un dato a favor: el comercio exterior sigue siendo superavitario más allá de los avatares políticos.

En marzo, el superávit comercial fue de US$ 1.307 millones, un resultado que le acerca dólares al Banco Central pero refleja que la economía se frena.

Las exportaciones, como efecto de la caída de precios internacionales, bajaron 16% mientras que las importaciones cayeron 31%.

Es casi una regla de tres simple: que se importe menos es consecuencia de que la actividad económica bajó en la primera parte del año.

Pero, mucho antes de junio, el Gobierno deberá dejar en claro que la suba del dólar de ayer no responde a su estrategia política sino simplemente a las compensaciones de dólar futuro típicas de los fines de mes.

"Deben demostrar que la política de flotación administrada no es de devaluación administrada y, para eso, el dólar debería bajar un poco la semana próxima", comentaba ayer un analista de los que apuesta al dólar tranquilo hasta el 28 de junio.

Para después de las elecciones, también el dólar quieto cobrará relevancia para el Gobierno más allá del resultado.

La mayoría de los gremios llegará a las elecciones con acuerdos salariales transitorios.

El período preelectoral coincidió con el de incertidumbre generada sobre las consecuencias de la crisis financiera internacional sobre los países emergentes.

Privilegiar al mantenimiento del empleo sobre las subas salariales delineó un esquema de gran diversidad.

Gremios de servicios (docentes, por ejemplo) lograron subas mayores al 20%, mientras que en otros rubros hubo aumentos de suma fija hasta mediados de año y en otros, nada.

En ese punto juegan también los precios. Y ahí sí será importante la demarcación de una estrategia para el dólar que, presumiblemente, será igual que la actual.

Más allá del resultado político, también, la reducción del superávit fiscal demandará acción. En marzo, el superávit primario cayó 61% respecto del año anterior.

Eso fue consecuencia de una baja del ritmo de aumento de la recaudación y de un aumento del gasto público.

Dar vuelta esa realidad estará más ligado a una decisión política que al resultado del comicio.

Cristina Kirchner tiene más de dos años de gobierno por delante y mantener las cuentas sanas y garantizar el financiamiento son dos requisitos para seguir creciendo, más allá de lo que digan las urnas.

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