Internos de la UP 16 confeccionan barbijos.

Internos de la Unidad Penitenciaria 16 se calzaron por un momento el traje de confeccionistas y se volcaron por completo a la fabricación de barbijos, artículos que tuvieron su momento de fama mediática hace un mes -cuando la epidemia de la Gripe A recién se abatía sobre la ciudad-, pero que como instrumento de sanidad e higiene están siempre vigentes.
Para la elaboración, bastó que las autoridades del penal transmitieran el interés de los presidiarios a la concejal Gladys Hilgert, quien ofició de intermediaria para que el Centro de Confeccionistas donara los moldes y una máquina.

"Ante la emergencia que nos tocó vivir y que seguimos atravesando, hay que afrontar la situación con ideas y con los recursos que tenemos", expresó la edil al referirse al emprendimiento que están llevando adelante los cinco hombres que se encuentran privados de su libertad.

Hilgert hizo hincapié en lo económico que resultó producir los barbijos, posibilidad que se cristalizó gracias a la "mancomunión de diferentes entidades interesadas en un mismo proyecto".

"Hemos armado esto que tiene una importancia muy grande, porque logramos que cueste tres centavos la tela para armar cada barbijo", relató.

Dentro del proyecto se encuentran involucrados el Centro de Confeccionistas, que "nos ha donado miles de barbijos y prestado una máquina y los internos de la unidad penitenciaria 16, que han colaborado en el armado. Con esto, tenemos barbijos para todo Junín", aventuró Hilgert.

Por su parte, el jefe de la cárcel, Gustavo Cóceres, aseguró que desde el establecimiento a su cargo se preocupan porque los presos "salgan con un oficio".

"Esto es parte de una iniciativa de ellos mismos de colaborar con la comunidad. Cuando se desató la epidemia, dentro de la cárcel se empezaron a dar charlas y de los propios internos surgió el interés por involucrarse de alguna manera con la prevención", enfatizó el titular de la UP 16.

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