Las internas pueden curar, pero también dañar

Por Adrián Ventura

Hacer internas abiertas es un paso positivo en el camino de la reforma política y es útil para incentivar la participación de los ciudadanos.

Pero ese mecanismo, por sí solo, no es suficiente para fortalecer los partidos políticos.

Las internas abiertas no solucionan el problema de la excesiva fragmentación de candidatos, que actualmente se escudan bajo diversas líneas del PJ que se presentan frente a la ciudadanía como partidos independientes (PJ, FPV, PJ disidente, etcétera; lo mismo ocurre con la oposición, que se organiza en infinitas listas colectoras).

Asimismo, las internas abiertas pueden ser usadas por los partidos más grandes para torcer el resultado de la interna de los otros partidos. Fue por ese motivo, por ejemplo, que Elisa Carrió, en 2003, le pidió al entonces presidente Eduardo Duhalde la suspensión de la aplicación de la entonces vigente ley de internas abiertas respecto de la interna del ARI.

En suma, si las internas abiertas no se aplican correctamente, el instrumento sólo servirá para producir daño a los partidos opositores.

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La presidenta Cristina Kirchner anunció, anteayer, que promoverá un régimen de internas similar al que se aplica en Santa Fe.

En esa provincia, en un mismo día, todos los santafecinos obligatoriamente deben concurrir a votar y elegir entre los candidatos de distintos partidos.

En un mismo cuarto oscuro, todos los partidos exhiben las boletas de sus candidatos de distintas líneas internas.

De ese modo, el elector, cuando ingresa en el cuarto oscuro, sin importar que sea un elector independiente o un elector afiliado al partido A, puede votar en favor de uno de los candidatos del partido A, pero también puede votar por candidatos del partido B o del partido C.

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Hasta allí, todo está bien.Pero el mecanismo tiene riesgos, que deben ser evitados.

* Fragmentación de partidos. En efecto, las internas abiertas no solucionan el problema ya existente de la fragmentación de los candidatos en muchos partidos.

Imaginemos que haya una interna abierta con distintos candidatos peronistas. Si todos los candidatos peronistas concurriesen como líneas internas del PJ, uno sólo saldría ungido para ir a la elección general. Ese sería el candidato del PJ, un único partido fortalecido. Lo mismo podría decirse sobre los candidatos de cualquier otro partido.

Pero si cada candidato, para asegurar su pase a la elección general, se presenta como líder de un PJ distinto, de modo que hay un PJ oficial, otro disidente, un FPV y muchos etcéteras, todos ellos resultarán electos. Así, la interna abierta no habrá solucionado nada.

* Votar por otro partido. Un partido grande, llamado A, con suficiente poder de movilización, puede desplegar una doble estrategia: llevar a parte de los electores a votar por sus propios candidato e insinuar a otro sector a votar en la interna del otro partido B, para torcer el resultado y ungir a un candidato débil.

De ese modo, el partido A habrá consagrado a un candidato propio y, A se aseguró que el candidato del partido B, débil, pueda ser vencido fácilmente el día de las elecciones generales.

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El kirchnerismo, en la última elección, salió muy debilitado y los gobernadores justicialistas no estarán dispuestos a avalar una candidatura kirchnerista para 2011.

Por su parte, el kirchnerismo advirtió que todavía conserva un caudal de votos que oscila en el 30 por ciento. No alcanza para ganar una elección, pero sí es un caudal más que interesante para negociar en la interna abierta con otros sectores del justiclalismo.

Por eso, se están dando dos condiciones para la reforma política: la interna abierta es un buen mecanismo y, a su vez, hay condiciones propicias para impulsarlas. Pero, para que no se convierta en una trampa del oficialismo, hay que adoptar mecanismos correctivos.

El objetivo de la reforma política debe ser, no el de salvar al justicialismo o al kirchnerismo, sino el de fortalcer a los partidos y fomentar la participación ciudadana.

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