Por las internas pasa el proceso político principal

Se precipitan las definiciones a medida que se acerca el 28. El kirchnerismo juega sus últimas cartas. El MPN mezcla todo en su interna arrolladora. Y el radicalismo intenta beneficiarse del internismo feroz de sus rivales.

Dos procesos electorales se entrecruzan en Neuquén, y en este contexto distinguido por las jugadas ajedrecísticas de los principales referentes políticos provinciales, es el MPN el partido que más apuesta, sumergido en una interna que nadie puede ni quiere frenar.

La interna es tan fuerte, que ha logrado que los demás partidos hagan todo lo posible por meter alguna ficha en ese agitado mar de intereses poderosos que representa el partido provincial. Así, parece que la elección a diputados nacionales será solo el aperitivo, de una comilona pantagruélica que desparramará dirigentes hacia todos los rumbos a partir del 5 de julio –día de la interna del MPN para concejales- y del 23 de agosto, fecha en la que se sabrá cómo quedan posicionadas las fuerzas políticas para la gran contienda del 2011.

El kirchnerismo intentó salir de su inquietante parálisis con dos objetivos. Por un lado, el desfile de dirigentes nacionales para reforzar las posibilidades de una lista encabezada por Ramón Rioseco, que no termina de prender en el principal distrito, que es el capitalino; por el otro, buscando en todo caso reforzar la idea de que es el MPN el partido con más chance, porque lo que no se le perdonará a los K neuquinos es permitir que el triunfo sea para el ex socio, después traidor, hoy adversario letal, el radical Horacio Quiroga.

Pero el peronismo neuquino está tan dividido, que es muy evidente que sus votos se dispersarán en por lo menos cuatro direcciones: a) los que votarán al Frente para la Victoria; b) los que votarán al candidato del MPN José Brillo; c) los que votarán por el candidato Raúl Podestá; y d) los que votarán a Héctor "Tabo" Inda. Esto es así porque el PJ, como al MPN, le interesan sobre todo las internas que vendrán en noviembre, porque allí se dirimirá un eventual cambio de conducción, de rumbo, y de protagonismo en la escena política provincial.

En este escenario, es previsible que la hipótesis de polarización entre el MPN y la UCR sea la que más se acerque a lo que sucederá el 28 de este mes. ¿Quién ganará de los dos? Aquí hay que considerar la interna del MPN, por un lado, y la inclinación anti-K de un sector importante del electorado.

La interna del MPN se terminó de potenciar con la presentación de Jorge Lara como primer candidato a concejal. La propuesta del sobischismo implica necesariamente una decisión del partido en el gobierno, es decir, de Jorge Sapag, con dos opciones: o se deja caer el guante sin recogerlo, o se lo recoge respaldando otro candidato que enfrente al ex superministro de Sobisch.

Hasta ahora, se han esbozado solo amagues en esa dirección. Concretamente, en el Concejo Deliberante se da por sentado que Luis "Chito" Jalil será el elegido para competir con Lara el 5 de julio. No queda más tiempo, así que la definición es cuestión de horas.

Sin embargo, lo que más molesta al oficialismo que encarna Jorge Sapag, es que en el medio de esta definición está la elección a diputados, con la obligación relativa de intentar ganar dos bancas. La razón principal de la incomodidad es que el único sector cercano al oficialismo que puede movilizar es el de Brillo, pues ya venía con empuje. Por eso se ha hecho todo lo posible por instalar la idea de que Sapag apoya a Brillo más que Sobisch, e incluso se ha sugerido que Sobisch podría jugar con cierto nivel de trampa en los comicios para condicionar la interna y salir con más fuerza ganancioso en la interna del 5 de julio.

Probablemente, lo único de cierto que tienen estas operaciones mediáticas es que Brillo intenta posicionarse como alternativa al liderazgo de los dos apellidos que han dominado el partido provincial a lo largo de su historia; y eventual encarnación de una renovación que supuestamente suprimiría los personalismos para encarar la siempre prometida y nunca cumplida horizontalidad más propia de un partido que de un movimiento.

Lo concreto es que la situación interna del partido no es del todo favorable a la pretensión declamada por el MPN para ganar claramente las elecciones del 28, en lo que hace al indudable enfrentamiento que persiste entre "los jorges"; pero por otro lado, hay una creciente conciencia de que el partido provincial no puede arriesgar una nueva derrota, y menos frente a Horacio Quiroga, un rival cantado para el 2011. Este último factor oficia como catalizador de las diferencias, y de hecho jugará para que la mayoría de los votos propios del MPN se vuelquen en respaldo a Brillo.

El otro punto a considerar es el sentimiento contra Kirchner que el propio kirchnerismo ha conseguido, y que Quiroga explota al máximo. Si hay algo que distingue al ex socio neuquino de Kirchner es su implacable oposición actual al "modelo" que encarna el gobierno nacional. El ex intendente le saca todo el jugo a esta posibilidad coyuntural acusando al MPN de haber entregado sus banderas fundacionales en el afán de conseguir alguna ventaja económica. Quiroga sabe que así pega en la matadura y confunde a los militantes de un partido que con Sobisch apostó a la oposición y con Sapag a la pertenencia a una transversalidad que el tiempo se encargó de esfumar en la nada de los objetivos retóricos.

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