"Las internas abiertas no mejoran los partidos"

La especialista en temas electorales recomienda avanzar en la depuración de padrones, incorporar la tecnología y penalizar a los políticos tránsfugas.
El debate sobre cómo mejorar el marco de funcionamiento del juego electoral y partidario ha atravesado a las ciencias políticas en las últimas décadas. María Inés Tula dirige el programa de Instituciones Políticas del Cippec y es profesora de Regímenes Electorales y Partidos Políticos en la UBA. Con un frondoso currículum académico, es especialista en sistemas electorales, esos "aspectos técnicos que para el ciudadano común pasan desapercibidos".

–¿Cree que las internas abiertas, obligatorias y simultáneas mejorarían la democracia?

–No, me parece que no es justo. Que cada partido resuelva sus candidatos como pueda y como quiera respetando las leyes vigentes. No se los puede obligar desde el Estado a elegirlos de una determinada manera.

–¿Las internas abiertas no "acercarían la política a la gente", como se ha dicho?

–(Sonríe) No, eso no acerca la política a la gente. ¿Por qué obligar a ir a votar los candidatos de otro partido? Obliga a los partidos a ir a una interna y no les permite acordar sus candidatos. No es justo, que cada partido elija a los candidatos como quiera. Y si pueden acordar candidaturas, ¿por qué tienen que ir a internas?

–Un argumento es fortalecer a los partidos.

–Sí, está perfecto, hay que fortalecer los partidos, pero de qué manera. Además es contradictorio: necesitan a los afiliados para constituirse como partidos y luego le quitan al afiliado una de sus principales funciones, que es la de elegir a los candidatos, y lo ponen en pie de igualdad con los no afiliados. ¿Qué sentido tiene afiliarse si vas a votar igual en las internas?

–¿Evitar el transfuguismo es un objetivo más importante que las internas obligatorias?

–Sí. Y es algo que no se está discutiendo cómo castigar a los políticos tránsfugas. Es posible acordar reglas que castiguen esas conductas, porque los partidos no quieren tener tránsfugas en sus filas y los votantes quieren que los candidatos que votaron se mantengan, como mínimo, en la misma línea que en el momento que los votaron.

–¿Qué otras cuestiones deberían incluir los proyectos de reforma política?

–Una buena reforma política pasa por cosas más sencillas: actualizar los padrones, depurarlos, incluir la tecnología en el proceso electoral, transparentarlo todo y que se publique en internet. Son cuestiones básicas sobre las cuales es difícil encontrar resistencia. No es necesario hacer una gran bambolla de un diseño institucional de avanzada: que las internas abiertas van a ser esto, lo otro, y tiempo después las derogan porque dicen que no resulta. Eso genera mucho desconcierto en la gente.

–¿Sería beneficioso prohibir el financiamiento de privados para comprar espacio audiovisual?

–No estaría mal. Siempre y cuando desde el Estado les garanticen un espacio en la televisión, que es lo más caro. Cuidado, hay que regular en qué horario y en qué canal. Si no se manipulan esos aspectos, no estaría mal.

–¿Es un error que no busque derogar las listas sábana?

–La lista sábana ha tenido muy mala prensa y no es tan mala como se supone. Estoy a favor de ellas combinadas con una fórmula proporcional como sucede actualmente. No es verdad que listas pequeñas o con candidatos que se puedan elegir individualmente estén "cerca de la gente". Y claramente, al achicar el número, se fortalecen los personalismos. La lista es el resultado de un proceso partidario previo y la lista cerrada y bloqueada hace que se respeten esos acuerdos políticos. Además, las listas son una garantía para la ley de cuotas, que dice que deben tener un 30 por ciento de mujeres en lugares afectables. Si desbloquean la lista, la ley de la cuota femenina podría quedar totalmente anulada.

–¿Se puede llegar a un consenso?

–Tiene que ser una reforma consensuada, porque si no, no durará nada.

La experiencia del modelo mexicano

–¿Un ente autárquico que maneje los procesos electorales como el Instituto Federal Electortal (IFE) mexicano es un modelo por imitar?

–Uno de los órganos que participan en el proceso electoral argentino es el Ministerio de Interior, el más político de los ministerios. Eso ya genera cierta duda. Cuando se piensa en modelos exitosos en otros países, uno es el caso del IFE en México, que logró darles a las elecciones una imagen de credibilidad que no tenían.

–¿Fue exitoso?

–Allí sí. Incluso después de las reñidas elecciones de 2006 en las que IFE quedó medio manchado, logró sobrevivir. Ahí es cuando realmente se ponen en juego las instituciones y se verifica si sirven o no sirven.

–¿Pero resolvería algunos problemas argentinos?

–El fenómeno de fraude acá ha sido magnificado, y eso tampoco le hace bien al país. Hacer un llamado a observadores internacionales como pidió Elisa Carrió este año es algo muy delicado. En general, la Argentina tiene confianza en sus procesos electorales y eso se puede medir en índices concretos. Lo que tendría que haber, antes que un IFE, es un fuero electoral. Acá la justicia federal monopoliza las cuestiones electorales.

El miércoles es el día de los anuncios

La presidenta Cristina Kirchner decidió cerrar ella misma el círculo que abrió cuando convocó a los partidos políticos a discutir una reforma y anunciará el miércoles los proyectos que enviará el Poder Ejecutivo al Congreso para modificar el sistema electoral y el control de las fuerzas políticas.

En esas iniciativas trabajaron el ministro del Interior, Florencio Randazzo; el vicejefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, y el director nacional electoral, Alejandro Tullio. Los funcionarios reunieron a dirigentes políticos y técnicos con la intención de instaurar las internas abiertas en las presidenciales y límites a la publicidad en televisión.

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