Una interna que se parece a la del PJ

Por Diego Schurman.

La CGT refleja la dinámica interna del PJ. Por eso a nadie deben sorprender los cuestionamientos a la conducción de Hugo Moyano, la voz del sindicalismo kirchnerista.

La CGT refleja la dinámica interna del PJ. Por eso a nadie deben sorprender los cuestionamientos a la conducción de Hugo Moyano, la voz del sindicalismo kirchnerista. Las quejas apuntaron contra su particular forma de administrar poder. El camionero es poco afecto a abrir el juego. Los beneficios obtenidos por su cercanía a la Casa Rosada fueron la mayoría de las veces privativos de su gremio. ¿Algunos ejemplos? Subsidios al gasoil, lugares en las listas de candidatos, cargos clave para controlar los fondos de las obras sociales, participación en concesiones del servicio ferroviario, etcétera.

¿Qué reclaman los "barrionuevistas", "gordos" y pretendidos "independientes"? Estas tres vertientes que en los 90 tuvieron militancia menemista no denuncian los negocios de Moyano sino las restricciones que encuentran para sacar alguna tajada de los mismos. El guiño inicial al camionero fue para que les abriera las puertas al formidable mundo de los privilegios. Sin ese reaseguro, y aprovechando el declive kirchnerista, llegó la hora de zarandear y vaciar de poder a quien despejó las calles de protestas, defendió sin cortapisas al polémico Guillermo Moreno y transformó el Día del Trabajador en un acto de campaña K.

Para decirlo sin diplomacia: los caciques gremiales se pelean por el control de una estructura desde donde se pueden mover millones de pesos. Como en la puja del peronismo, aquí los afiliados también son convidados de piedra.

El Comité Central Confederal que bendice al secretario general de la CGT es una pantomima que legitima un acuerdo de cúpula. Quienes ahora promueven el desplazamiento de Moyano, alentados por Eduardo Duhalde u otros referentes, son los que tiempo atrás lo catapultaron al máximo cargo. La manera de exorcizarse de la clase política cuando cae en desgracia es amagar con una reforma que allane el camino a una democracia participativa. Sucedió en 2001 y se repite por estos días. Los jefes cegetistas ni siquiera se molestaron en crear la ilusión de apertura ante la sociedad. La mayoría de ellos llevan décadas al frente de sus gremios y todos se acomodan en la misma vereda para defender una ley sindical que permite la reelección indefinida y tabica la participación de las minorías. Es cierto que detrás del pedido de aggiornamiento de los gremios suele haber sectores interesados en licuar la capacidad de lucha y organización de los trabajadores. Pero es imperioso un cambio, no sea cosa que en esta pulseada por poder y negocios alguien se arrogue la representación de la voluntad popular.

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