La interna contenida en el partido justicialista

Más que un reclamo, la mención a los intendentes del PJ que "están haciendo la plancha" sonó a una amenaza, si se prefiere una apretada; ciertamente una rareza en el estilo discursivo siempre componedor de la candidata a la reelección anticipada, Cristina Cremer.
"Los que van a salir más o menos beneficiados según los resultados son los intendentes y el Gobernador. Porque no es lo mismo ganar que perder", dijo, diáfana, la esposa del ex gobernador Jorge Busti, y contó que en algunas intendencias "hacen la plancha" y que a "esas personas ya las tenemos vistas".

La claridad de Cremer viene a certificar que, pese a todos los esfuerzos que se hicieron desde la cúpula del oficialismo, las fuertes heridas internas que abrió hace más de un año el conflicto del campo siguen sin sanar en algunas localidades del interior entrerriano.

Para expresarlo en forma simplificada, el conflicto de 2008 profundizó las diferencias entre el gobernador Sergio Urribarri, fuertemente alineado con el gobierno nacional, y su antecesor Jorge Busti, que llegó en mayo del año pasado a subirse al palco de la protesta agraria. Aunque luego ambos referentes se acercaran y suscribieron un pacto de convivencia, en las segundas líneas las diferencias persistieron y se notaron en varias ciudades que repitieron el esquema de alineación: el intendente con Urribarri y el legislador con Busti.

Ahora que Busti se puso al hombro la campaña para sostener la postulación de su esposa, varios intendentes han dudado en invertir –tiempo, trabajo, dinero- en un proyecto que perciben ajeno. Sienten que los mismos que los dejaron solos en el conflicto con el campo y que en algunos casos le impidieron, reforma constitucional mediante, buscar la re-reelección en dos años, son los que ahora vienen a pedir el voto para candidatos que no son propios.

Busti va a sus territorios, reúne para la foto (y sólo para la foto) a los referentes locales enfrentados y domina la escena, reafirma su liderazgo y siembra para 2011, en un futuro que –él mismo lo explica cada vez que puede- no contiene a Kirchner sino a Reutemann.

En suma, la interna sigue abierta en muchos frentes y la unidad que exhibe el PJ es circunstancial, con fecha de vencimiento para la semana que viene. Cualquier gasto se hace pensando antes en 2011 y si se tiene alguna sospecha de que el rédito será ajeno se lo evita.

Ahora bien ¿está eso tan claro? ¿se puede saber con certeza quién capitalizaría una buena elección o pagaría el costo de una mala? ¿es tan lineal que Busti quedaría solo en uno u otro caso?

Necesidad

Dudas al margen, lo concreto es que el aparato electoral más poderoso de Entre Ríos acusa algunas fallas y que, a criterio de Busti, su reparación resulta indispensable para que el domingo no falten fiscales, ni boletas repartidas, ni voluntarios para el traslado de votantes (en remis, claro, las camionetas llevarán otro número de boleta).

Por lo que dicen las encuestas, al PJ le alcanzaría con conservar sus votos propios. De ahí, quizás, que la campaña haya hecho hincapié en el contacto con la militancia y en la necesidad de, para afuera, convencer a los convencidos de que nadie puede gobernar mejor que el peronismo, aunque ahora no se decida quien gobierna sino simplemente qué diputados van al Congreso.

De ahí, también, que se haya entendido que era más importante aceitar la maquinaria recolectora de votos que exhibir tamaña contradicción interna a una semana de las elecciones, aun a riesgo de que, como pasó con Atilio Benedetti, se le regalara un flanco débil a la oposición.

Ya había ocurrido con los funcionarios provinciales que no movieron un dedo en actitud proselitista hasta que Urribarri se los pidió, tras el reclamo público de Busti. Pero ahora, con la proximidad de los comicios, el planteo a los intendentes suena más desesperado.

La chiquita

De poco sirvió haber impulsado la idea de que en las legislativas se plebiscitaban las gestiones locales. Muchos intendentes siguieron "haciendo la plancha". En muchos casos, presos de la interna chica, la territorial, que -presumen- les permitirá facturar a partir del 29.

Urribarri mismo se involucró lo mínimo e indispensable. Usó un buen argumento: la gestión es mi mejor campaña, dijo y sonó razonable porque ningún discurso electoral serviría si, por caso, no se pagarían a tiempo los sueldos en el Estado. Pero en el bustismo creen que se pasó de prudente y que dejó demasiado solo al ex gobernador como figura central de la campaña.

Sin embargo, en el Gobierno lo miran de otro modo. Aseguran que Urribarri ha formulado el mismo pedido a los intendentes para que participen, fiscalicen la elección y no dejen solos a los legisladores, no ya para ayudarlos sino para controlarlos, porque aquí creen que también algunos diputados o senadores pueden apostar a la derrota.

En suma, admiten que en cada territorio puede que la interna chica juegue en contra. Asumen, por ejemplo, que Colón, Gualeguay, Victoria son plazas complicados en este sentido, pero afirman que si en algo comulgan Busti y Urribarri es en la convicción de que todos pierden con una mala elección. Página Política

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