La interna abierta del 23 y la apatía del MPN

Todo indica que lo que se definirá en las elecciones capitalinas es qué fracción del oficialismo municipal liderará el proceso hacia el 2011. En un contexto un poco raro, el MPN parece dormido y entregado a la casi certeza de que aun ganando los comicios puede perder bancas y por lo tanto fuerza en el Deliberante.

Si es cierto que la política domina a la economía, y que no hay economía mala cuando la política es buena, habrá que poner entonces especial cuidado en observar lo que suceda el 23 de este mes, cuando los ciudadanos de la capital neuquina –principal distrito electoral de la provincia y de la Patagonia- elijan nueve concejales para renovar el Deliberante, y a la vez perfile los futuros candidatos a intendente, y las apetencias partidarias para la gobernación del 2011.

Es una campaña política rara. El MPN parece dominado por una pachorra insuperable, y decidido a perder entre una y tres bancas de las que actualmente tiene. No se entiende bien cuál es la estrategia del partido provincial: lo más acercado a la realidad, tal vez, sea que no tiene una estrategia, sino una confrontación que la última interna potenció en lugar de reducir, sobre todo a partir de la interpretación política que los ganadores hicieron sobre los perdedores.

El partido provincial ha hecho poca campaña hasta ahora. No se ha reflejado en los medios con la fuerza de sus competidores, pero sobre todo, es claro que no ocupa el centro de la escena: juega por los laterales, contra las cuerdas, más piernas que cintura, más esquives y amagues que golpes contra el adversario. Y, además, da la sensación de quedar siempre a la defensiva, confesando "culpas" en los servicios esenciales, como el del agua y saneamiento.

No ha podido, por ejemplo, instalar como eje uno de los grandes papelones burocráticos del actual gobierno de Farizano, el del Transporte, sometido a increíbles dilaciones que a esta altura –dicen los que saben- son sospechosas y esconden un potencial escándalo en la licitación que presuntamente intenta mejorar el servicio.

Ante la elusiva política de campaña del MPN, el oficialismo municipal ha copado la escena casi totalmente, con la acción persistente de las dos listas principales en las que se dividió la coalición gobernante: Juntos por la Ciudad, y UNE.

En el caso de la lista que presenta la base de esa coalición, es decir la alianza entre la UCR y el PJ, se cumplió lo que se había anticipado, es decir, la incorporación formal a la campaña –con publicidad incluida- del actual diputado nacional electo y ex intendente, Horacio Quiroga.

Así, Quiroga y Farizano caminaron junto a Búffolo y Martínez, y la propuesta política comenzó a consolidarse desde un argumento elemental: "el intendente necesita más representantes directos en el Deliberante". Se supone que así mejoraría la gestión.

Esta gestión, hay que decirlo, ha sido mediocre hasta ahora. Por eso, el propio intendente desplegó en las últimas semanas una actividad concentrada en obras concretas como no se había visto hasta ahora. O fue una súbita toma de conciencia de que peligrosamente estaban navegando hacia el reino de los tomates, o estaba planificado que así fuera, para dar un vuelco de campaña rumbo a las elecciones.

La otra lista oficialista que ha copado la atención en la campaña es la de UNE, un partido que ha construido sobre la base sindical el actual secretario de Gobierno del Municipio –de licencia- y candidato a concejal, Mariano Mansilla.

Este hombre joven ha demostrado una ambición de poder inédita en partidos que no fueran el MPN en la provincia. Esa es la principal luz que alumbra esta opción que se presenta ante los vecinos como pragmática y ejecutiva, y que apunta desde lo ideológico a una "neuquinidad" siglo XXI, con eje en la defensa del medio ambiente (los ríos) y en el protagonismo de la gente como resorte para construir una "nueva" política (la militancia).

Ha construido Mansilla esta propuesta, además, disimulando hasta lo mínimo la presencia sindical de la CTA, que ha aceptado estar escondida o agazapada detrás de la representación política. Es una estrategia de captación de voluntades ciudadanas por fuera de un gremialismo que los propios dirigentes reconocen como un poco piantavotos.

A Mansilla le ha costado sus buenas discusiones, pero asegura que la línea es esta: pragmatismo para defender un gobierno municipal de coalición, con independencia ideológica respecto de los partidos tradicionales, y acumulación de poder ofreciendo una institución política flexible, abierta, y sobre todo con un objetivo muy claro: ganar todo lo que pueda.

El oficialismo municipal, así, juega una interna abierta en la misma elección. Volviendo al principio, sobre la importancia de la política sobre la economía, el 23 de agosto se juega fundamentalmente esa interna entre la UCR-PJ (y sus aliados satelitales) y el UNE, opción político-sindical. Quien saque más votos, intentará después dominar la coalición e imponer el candidato a intendente. Al mismo tiempo, se abrirá el proceso para dar cuerpo a la coalición que intentará en 2011 desplazar al MPN.

Este proceso político dominará los planteos económicos. En Neuquén está en juego la subsistencia de un modelo que parecía arcaico pero que ha retornado, hasta ahora sin éxito, pero empecinado en robustecerse desde la lógica de los negocios: el de una corporación estatal que se administra en concordancia con los sindicatos y los empresarios, buscando al mismo tiempo inserción en el mapa de obras y negocios nacionales.

Las elecciones del 23 de agosto comenzarán a mostrar la punta del hilo que puede acrecentar ese ovillo, o bien desarmarlo. Y esa punta comenzará a atisbarse según el resultado de la interna oficialista del Municipio, porque de allí emergerá la opción real al MPN.

Esto también le servirá al partido provincial para saber o confirmar quién será su principal opositor en el 2011. Los gobiernos que deben gestionar el Estado sin oposición clara suelen naufragar en la apatía.

Y la apatía es la madre de todos los males para un gobernante.

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