Intentos de domesticación

Por Reynaldo Sietecase.

Cuando el verbo domesticar se refiere a las personas, apunta a un objetivo concreto: hacer tratable a alguien que no lo es o moderar la aspereza de su carácter. En definitiva, hacerlo obediente.

Cuando el verbo domesticar se refiere a las personas, apunta a un objetivo concreto: hacer tratable a alguien que no lo es o moderar la aspereza de su carácter. En definitiva, hacerlo obediente. En los últimos días, tanto el líder de Proyecto Sur, Fernando "Pino" Solanas, como el gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, fueron víctimas de un fallido intento de domesticación política.

Los dos dirigentes opositores fueron vapuleados por su decisión de acompañar, con el voto de sus legisladores, la media sanción a la ley de Medios Audiovisuales en la Cámara de Diputados. Dado el desprestigio del gobierno nacional, la principal acusación, en todas sus variantes, fue la de ser funcionales al kirchnerismo. Se habló de pactos secretos, "uso de la chequera" y de intercambio de favores.

En un abrir y cerrar de diario, la tenaz oposición del cineasta a la extranjerización de recursos naturales, sus críticas a la política energética oficial y sus denuncias sobre los negociados en las concesiones petroleras y la obra pública quedaron en el olvido. En un clic de control remoto, la defensa que hizo el socialista de los pequeños y medianos productores rurales, su oposición a la colonización del Consejo de la Magistratura y el juicio entablado contra el gobierno nacional en la Corte Suprema se esfumaron de golpe. En un instante, dos de los dirigentes más ponderados por la prensa, que hasta hace una semana se había cansado de exaltar sus valores de "coherencia y honestidad", se convirtieron en oficialistas y, en consecuencia, en personajes inestables y sospechosos.

Ahora bien, sin que este análisis implique ponderación alguna: ¿de qué manera debería haber votado el diputado de Proyecto Sur, Claudio Lozano? Los sectores que integran ese espacio acompañaron los llamados 21 puntos de la Coalición por la Radiodifusión en los que se basa el proyecto en discusión. El propio Solanas presentó una iniciativa para modificar la ley de la dictadura cuando estuvo en el Congreso. Además, después de criticar "el oportunismo" del Gobierno y de advertir sobre el intento de abrir el negocio de los medios a empresarios amigos lograron impedir, junto al resto de los opositores, el ingreso de la telefónicas y cambios en la autoridad de aplicación.

¿Cómo deberían haber votado los diputados del Partido Socialista? Hace veinte años Guillermo Estévez Boero, uno de sus fundadores, ya planteaba un proyecto para cambiar la ley. El dirigente porteño Roy Cortina tenía una iniciativa en el mismo sentido con estado parlamentario. Cuando se produjo el debate por la estatización de las jubilaciones privadas, ocurrió algo parecido. La UCR y la Coalición Cívica se opusieron, pero los socialistas no. Aun con serios reparos sobre el manejo de los fondos recuperados, terminaron votando de acuerdo con su historia e ideología. En ambos casos utilizaron la misma frase: "Los Kirchner pasarán y el Estado queda". A la derecha de su pantalla, el profesor Mariano Grondona también utilizó la misma frase para las dos ocasiones: "Binner me defraudó". Vale recordar que las jubilaciones en Santa Fe están en manos públicas y que en Rosario funciona el único banco municipal que queda en pie el país.

Por qué no aceptar entonces que tanto Solanas como Binner apoyaron la media sanción porque están convencidos de que, si bien esta ley es perfectible, es mejor que la vigente. Y que esta opinión favorable no les impidió señalar el manejo autoritario del debate por parte del oficialismo.

Lo cierto es que ninguno de los dos dirigentes especuló con la decisión. Ambos tienen mucho para perder. El gobernador enfrenta una elección clave el próximo domingo en un territorio donde el kirchnerismo es como la mancha venenosa, y Solanas, por su parte, construye su capital político en un distrito refractario al gobierno nacional.

Las críticas, las chicanas, las sospechas que se lanzaron contra los dirigentes de la centroizquierda son tan maniqueas como las acusaciones de "asalariados de los multimedios" que se deslizan desde el oficialismo sobre cualquier legislador o periodista que se opone o cuestiona el proyecto oficial. Es la política planteada como guerra neutrónica y el periodismo entendido como el inevitable resultado de la obediencia debida.

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